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Cuba y Francia en la epoca que marcó la Primera Guerra Mundial. El desempeño de Cosme de la Torriente (I)

Jorge R Ibarra Guitart, 20 de mayo de 2016

Durante la Primera Guerra Mundial, Cosme de la Torriente, presidente de la comisión de relaciones exteriores del Senado cubano, impulsó en el Congreso nacional una moción dirigida a aprobar el servicio militar obligatorio tras la declaración de hostilidades a Alemania y al Imperio austro-húngaro. Una vez que se aprobó aquella polémica propuesta, los Estados Unidos decidieron no darle participación a los cubanos en la gran contienda.
 
Un año antes Torriente había sido electo Presidente de la “Comisión Nacional Cubana de Propaganda por la Guerra y de Auxilio a sus víctimas” la cual recaudó en Cuba y distribuyó entre distintos países europeos sumas significativas de dinero, la cifra mayor se destinó a Francia.

La ley de 15 de mayo de 1918  aprobada por el Congreso dispondría que mientras durará aquella contienda  mundial el Poder Ejecutivo de la República podía disponer de un crédito de hasta $ 2 400,000.00 anuales para el auxilio de las víctimas de la guerra. Se trataba de un presupuesto elevado y aunque la guerra concluyó en noviembre de ese propio año, los trabajos de la Comisión Nacional de Propaganda por la Guerra culminaron a mediados de 1920. En esos momentos la cifra invertida por dicha comisión ascendió a $ 1 100, 000.00; de ese total Cuba le concedió a Francia 360,000.00.1 Los fondos se hicieron llegar directamente a los gobiernos agredidos por Alemania, o indirectamente a través de la Cruz Roja internacional.

En la región francesa de la Reole-la Gironde, por aquellos años se fundó la Casa Clara “Cuba”. Dicha institución tenía el propósito de auxiliar a las víctimas de  guerra con los recursos aportados por la comisión que al efecto creara el  órgano legislativo cubano. Otro asilo de socorro que se creó con financiamiento proveniente de la mayor de las Antillas fue el orfelinato “José Martí”, destinado a atender niños franceses afectados por aquella contienda.2

Francia y Cuba tuvieron una aproximación bien cercana durante los años de la Primera Guerra Mundial. Estos puntos de encuentro entre Francia y Cuba, posibilitaron que unieran su destino para sobrevivir en un momento crítico de las relaciones internacionales cuando más se pone a prueba la solidaridad humana entre los pueblos. En el momento en que más llegaba el dolor y las laceraciones de la guerra para los franceses, surgió el brazo fraterno de Cuba.

El tratado de Versalles, sus consecuencias

Concluida la primera guerra mundial con la firma del Tratado de Versalles, el Congreso cubano ratificó este importante documento aún cuando el senado estadounidense no lo hizo. Según Torriente, aprobar el Tratado de Versalles fue una muestra de independencia y le permitió a Cuba ingresar como miembro fundador de la Liga de las Naciones.3 En la discusión que tuvo lugar en el Senado cubano sobre el Tratado de Versalles, hubo de enfrentar las reservas de algunos senadores como Juan J. de la Maza y Artola, que solicitaron no proceder a su aprobación por temor a contradecir a los Estados Unidos. 

Al percibir la dificultad surgida, Cosme vio en ello una oportunidad para consolidar la posición internacional de Cuba y distanciarse, siquiera formalmente, de los vecinos del Norte. En su discurso ante el senado de 17 de diciembre de 1919 señalaba:



Es indudable que si yo explico cuáles son los distintos puntos de vista de los Estados Unidos y de Cuba en cuanto al Tratado y cómo no existe inconveniente en que el Senado de los Estados Unidos quiera hacer ciertas reservas sobre aquél, en asuntos que en su mayoría no nos afectan.

                                                                                                                (….)

Son sólo los países libres e independientes los que pueden negociar tratados con las grandes y las pequeñas potencias y aprobarlos por medio de los representantes de su pueblo. No estamos aquí ahora para proceder conforme a lo que haga el Senado americano en defensa de lo que estima sus derechos, como nosotros defendemos los nuestros y nuestro prestigio. Aquél, como el congreso cubano, sólo está en estos momentos viendo lo que más conviene a los intereses del pueblo que representa.4



Según Torriente, las diferencias de Cuba con los Estados Unidos no implicaban que la isla necesariamente tuviera que enfrentar la presión norteamericana, pues los dos países partían de realidades distintas. Aunque el presidente Wilson había integrado el selecto grupo de redactores del Tratado de Versalles, lo cierto fue que en los propios Estados Unidos hubo de enfrentar una situación compleja. Por un lado, el ejecutivo estadounidense y los congresistas del Partido Demócrata se manifestaron a favor de la firma del tratado mientras que otros poderosos sectores del Partido Republicano se oponían. En virtud de ello no fue posible arribar a consenso sobre este tema en un país como los Estados Unidos.

Con relación a esta materia, miembros del Partido Republicano temían que se conformara un nuevo orden mundial donde los Estados Unidos podían ceder posiciones ante las metrópolis europeas. En ese sentido dudaban del futuro que podía tener la doctrina Monroe -“América para los americanos”- si se adquirían ciertos compromisos con el Viejo Continente. Desde la perspectiva cubana Torriente consideraba que eran las grandes potencias las que debían arreglar esos problemas y que ello, a la larga, no podía afectar a Cuba.

Otra reserva importante de los Estados Unidos a la paz de Versalles era la relativa al destino de las antiguas zonas de influencia de Alemania en China. Desde que ese país había aprobado la política de puertas abiertas, los Estados Unidos apetecían esas posesiones alemanas que ahora iban a pasar a Japón. Al imperialismo estadounidense no le satisfacía que los europeos le consintieran al Japón el dominio de esas regiones de Asia.

Un cuestionamiento sustancial de los norteamericanos a lo pactado en París tenía que ver con la relación ambivalente que sostenían con Gran Bretaña, de nuevo los recelos imperialistas estaban presentes. Como resultado del armisticio, se convocó a los firmantes a que formaran parte de la Liga de las Naciones, donde las colonias del  Reino Unido serían miembros efectivos.  Bajo esa premisa, era posible que en las resoluciones que emitiera la Liga de las Naciones Londres se asegurase una clara hegemonía. Otras regulaciones del Tratado de Versalles que no causaron agrado en Washington se referían a los límites en cuanto a los dispositivos bélicos que debían poseer los países firmantes de la Liga de las Naciones, algo que podía comprometer su propósito de hegemonía mundial.

Por último, había también una controvertida disposición del Tratado de Versalles que podía poner coto a las ansias imperialistas de los Estados Unidos. Se trataba del artículo 10, el cual establecía que todas las naciones signatarias debían responder de conjunto a una posible agresión sobre cualquiera de los Estados miembros. En este aspecto, Washington no admitió subordinarse al conjunto de viejas potencias europeas. En tanto, Cosme de la Torriente estimaba que este artículo podía ser útil a Cuba porque reforzaba su independencia ante posibles proyectos coloniales de las metrópolis europeas. Precisamente en aquel discurso suyo en el Senado, donde el ex coronel profundizaba en consideraciones de orden geopolítico, se puede encontrar algunas palabras donde muestra cierta complacencia con la enmienda Platt, algo muy poco común en sus razonamientos políticos.5

En este caso es posible que apelara a este argumento por el deseo de ganar la votación. No obstante, una postura radicalmente opuesta al apéndice constitucional no se aprecia hasta 1922. Al final Torriente, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, logró su propósito de que Cuba firmara la paz de Versalles y con ello adquiriera el derecho de integrar la Liga de las Naciones, con lo que tomaba una relativa distancia de los Estados Unidos.


Citas y notas

1-“Qué es el Fondo Cubano-Americano de socorro a los aliados”. En: Por la amistad internacional. Escritos y discursos por el Coronel Doctor Cosme de la Torriente. Ed. Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1951. p. 20-21.

2-Ruy Lugo de Viña: Un internacionalista representativo: Cosme de la Torriente. Ediciones hispano-francesas. Librería Cervantes, París, MCMXXIV p.61.

3-¡Dios nos hizo vecinos, que la justicia nos conserve amigos!. Relaciones de Cuba y los Estados Unidos. (folleto). Imprenta Rambla y Bouza ,La Habana, 1928. p. 22-23.

4-”El tratado de paz de Versalles”, discurso en el Senado de la República, 17 de diciembre de 1919. En: Cosme de la Torriente: Cuba en la vida internacional. Discursos, volumen II. Ed Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Cia., La Habana, 1922, p.104-125.

5-Sus palabras al respecto fueron: “Garantizados estamos, digo, por nuestro propio deseo de ser libres y por la garantía generosa que nos dieron los Estados Unidos en su tratado permanente con nosotros; y ahora lo estaremos aún más por el artículo 10 si algún día llega a regir”. Ibidem p.117-119.

 

Editado por: Dino Allende