Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 31 de julio de 2014; 11:33 AM | Actualizado: 31 de julio de 2014
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 110 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Una carta deudora

Laidi Fernández de Juan, 12 de febrero de 2012

René Vázquez DíazCuando hace pocos meses llegó la noticia de que un escritor cubano radicado en Suecia había sido galardonado con el Premio de los libreros de Escania 2011,  a nadie le quedó duda de que se trataba de René Vázquez Díaz. No solo por el hecho de que ese novelista nuestro vive allá desde hace más de tres décadas, sino por las amplias muestras de talento  que lo sitúan como uno de los más significativos escritores cubanos actuales, es merecedor del premio de marras y de cuantos otros se proponga cualquier jurado consecuente.

La novela de su autoría La Isla del cundeamor sorprendió en el momento de su aparición. Han pasado más de veinte años y aún los ecos que produjo su lectura se sienten, no solo por el tema escogido ni por la ubicación de la trama (un cubano en Miami), sino por su mirada fresca, desprejuiciada.

Dicha novela, debido a su visión crítica a la vez que entrañable, nos permitió recorrer objetivamente la geografía física y  moral de ese entorno, tantas veces adorado y vilipendiado. Vázquez Díaz  (Caibarién, 1952), ofreció en esa primera obra suya leída en Cuba –que circuló de mano en mano— un renovado  acercamiento al ambiente miamense. Varios años más tarde (y luego de muchos otros libros publicados, algunos de los cuales concibió en lengua sueca), recibió el Premio Juan Rulfo de Novela Corta por De pronto el doctor Leal, cuya versión cubana se debe a la Editorial Letras Cubanas en su colección La novela, de 2008.

Ignoro si llegó a producirse el lanzamiento correspondiente en la fecha en que fue editada, ni las reseñas que haya suscitado, pero lo cierto es que se trata de una novela que revoluciona el estilo literario policíaco en más de un sentido, y merece mucho más que este comentario.

Estructurada en catorce capítulos, De pronto el doctor Leal sigue los pasos del estilo tan admirado de Raymond Chandler: un buen hombre se ve envuelto en situaciones riesgosísimas sin tener clara consciencia de cuál debe ser su papel en ellas, ni qué se espera de su actuación. Amores filiales y carnales, traiciones, aventuras, y como es natural, un final de derrota, parecen ser eslabones de la fórmula de una novela que oscila entre el suspense, el carácter policíaco y la literatura negra. Sí, es cierto, todos estos elementos aparecen en De pronto el doctor Leal , pero si su autor se hubiera limitado a valerse de dichos resortes, su novela estuviera ocupando ahora el gris número de una lista más, simplemente fuera más de lo mismo, y sucede justamente lo contrario.

Ahorrándole al lector elucubraciones desgastantes, desde el inicio de la novela se muestran las cartas fundamentales: “El doctor Leal, ciudadano estadounidense de origen cubano y miembro de la Neurodivisión Pediátrica del Hospital Académico de Uppsala, volvía a Miami para asistir al entierro de su hermano”.

Al utilizar  el vocablo volvía, ya se deduce que el protagonista ha pasado parte de su vida en la ciudad a la que llega en los momentos en que comienza la trama, y en la cual, al menos, vivió hasta la  muerte uno de sus más allegados familiares. Muy pronto (casi de repente), completamos el cuadro filial; la madre y otro hermano se encuentran viviendo en Miami, mientras que su esposa y sus tres descendientes llamados Amanda, Alma y Hugo, han quedado en Suecia, inmersos en el tortuoso camino de una separación recién anunciada. 

Con gran eficacia narrativa, Vázquez Díaz nos adentra en lo más sórdido y  corrupto del ambiente mafioso de Miami, a través de la perplejidad del doctor Leal, quien a pesar de los años que pasó en contacto con el lugar, se halla en una posición desventajosa. Paulatinamente  aflora el aspecto que más se destaca en esta narración apasionante: el carácter denunciatorio de cuanto allí sucede.

El doctor Leal es detenido, interrogado y sometido a múltiples vigilancias por el hecho de ser cubano de origen, y por haber visitado a Cuba en repetidas ocasiones. Pudiera resultar un tanto paradójico que un escritor que no permanece en nuestro país, haga suya la necesidad de  descorrer el velo de pseudodemocracia y de falsa libertad que tantas veces ha sido herméticamente corrido. Y al parecer  paradójico –ya que no sufre las restricciones materiales y migratorias del resto—, es perfectamente legítimo que sea Vázquez Díaz quien  enuncie  sin tapujos el carácter manipulador, discriminatorio y abusivo de la política norteamericana hacia Cuba. Cuando su protagonista intenta defenderse :“yo también he ido repetidas veces a las Islas de Rhodas, Fuerteventura, Sicilia, Gotland, Ibiza, Madeira, Menorca, Córcega, Zanzíbar y muchas más”, recibe la siguiente respuesta, dictada al estilo de un manual del terror: “Eso es turismo; a ninguna de esas islas se le aplica la Ley de Comercio con el enemigo, según la cual el departamento del tesoro de los Estados Unidos prohíbe a los nacionales, o a las entidades bajo la jurisdicción norteamericana realizar todo tipo de transacciones financieras con el Gobierno cubano o con personas jurídicas o individuos de esa nacionalidad.”

Una vez puestas en evidencia las cuerdas que enmarcan el ring del boxeo mental  al cual es sometido el doctor Leal sin dejarle respiro para el duelo que debe cumplir ante la muerte —misteriosa— de su hermano menor, el ambiente cubano, extrapolado y recreado en Miami, ocupa las páginas de la novela.

La fonda donde una mujer nombrada Zoila sirve bebidas, postres y platos típicamente nuestros, actúa como refugio no sólo para quien no encuentra otro sitio más acogedor y seguro, sino también para los lectores, un poco extenuados de andar a cuestas con la tensión que generan las tribulaciones peligrosas que se suceden a manera de cataratas.

El recorrido por las calles de Miami descrito por el autor, es orgánico, justificado, y no ridículo como  otras descripciones que hemos leído, cuando otros (as) autores(as) pretenden impresionar al público lector con sus conocimientos de la zona. Aquí, resulta importante saber por dónde andamos , cómo nos movemos y  por cuáles sitios será posible emboscar  al doctor Leal, de modo que al familiarizarnos con las avenidas, restoranes y hoteles, nos parece vivir la misma suerte-mala- del protagonista. 

Es admirable la coherencia con la cual Vázquez Díaz inserta datos, cifras, elementos irrefutables de los efectos del bloqueo económico impuesto a Cuba, asi como argumentos de la inocencia de los cinco jóvenes cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas, con lo cual enriquece la trama policial de su novela. Creo que si un escritor o una escritora de los que vivimos aquí se atreviera a abordar los temas ideológicos bajo el prisma de simpatía y complicidad con el cual expone su tesis argumental  Vázquez Díaz, seríamos tildados de oficialistas, por decir lo menos. De ahí que me parezca admirable la valentía de este escritor, que no teme que su oficio de narrador sea colocado al servicio de una justicia largamente postergada.

Por último, me gustaría comentar el enfrentamiento crucial  que se establece entre el doctor Leal y su hermano Jorge. Con gran fuerza dramática, ambos contendientes defienden los puntos de vista que explican sus conductas antagónicas, sus odios visceralmente irreconciliables, a resultas de lo cual brota el siguiente parlamento que marca la postura de toda la novela: “¿Sabes qué es lo que no nos deja ser hermanos? Por ejemplo, que las siete personas más ricas del mundo podrían eliminar la pobreza de una cuarta parte de la humanidad. Esas son las cosas que a mí me importan, y a ti no.”  

Celebro la publicación de este magnífico libro en nuestros predios,  recomiendo su lectura —con particular énfasis entre el  público más joven—, y extiendo mi saludo cálido y sobre todo deudor,  al cubanísimo escritor René Vázquez Díaz.

Laidi Fernández de Juan, Febrero 2012

Foto del autor tomada de http://renevazquezdiaz.com/