Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 20 de octubre de 2014; 5:15 PM | Actualizado: 20 de octubre de 2014
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 102 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

El impacto del Moncada entre los partidos políticos republicanos (II)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 25 de octubre de 2011

Con el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, comienza la última y definitiva etapa de  la crisis de los partidos tradicionales republicanos que tanto había rehuido Cosme de la Torriente. Desde esta fecha hasta enero de 1959, el proceso se llegó a acelerar progresivamente, en la misma medida que las soluciones que propugnaban los partidos tradicionales fracasaron de modo sucesivo y que la lucha armada se convirtió en alternativa viable de solución a la crisis política nacional.

Alarmado ante el carácter violento de la protesta juvenil, Torriente emprendió gestiones tras bambalinas, cuando apoyó el recurso de inconstitucionalidad presentado por Ramón Zaydín. El objetivo de este recurso legal era apelar ante el único de los tres poderes que Batista había dejado intacto, el poder judicial. En Cosme de la Torriente estaba presente el obstinado propósito, aprovechando que el tirano también sentía la necesidad de vestir de ropaje constitucional su régimen, de conducir fórmulas legalistas para disponer una apertura democrática burguesa. Tras esas poses liberales utilizadas por Batista había todo un avezado propósito oportunista de perpetuarse en el poder.  

El fallo adverso del Tribunal Supremo el 15 de agosto de 1953, echó por el piso las pocas esperanzas de la oposición oficial. El acontecimiento, por esperado, careció de importancia. Los sucesos del Moncada habían dado un vuelco al cuadro nacional. Como bien lo apreciaban los comentaristas de la Bohemia, a partir del 26 de julio se había acuñado una nueva definición cronológica: antes o después del Moncada1.

El año 1954 trajo consigo la concertación de una serie de arreglos pacíficos en torno a la maniobra de Batista de celebrar elecciones, aspirando al poder desde el poder. Los auténticos seguidores de Ramón Grau fueron los únicos que concurrieron a esta mascarada, aunque finalmente se retractaron ante el carácter fraudulento que se le imprimió a esas elecciones. El resto de los partidos conformaron todo un bloque de agrupaciones políticas que se unieron alrededor del abstencionismo y le ofrecieron todo el apoyo a las fórmulas de Cosme de la Torriente.

Donde mejor se expresaron los criterios de estos sectores oposicionistas fue en el mitin radial de la oposición, en Unión Radio el 26 de septiembre de 1954. Entre los líderes políticos allí reunidos se encontraban Pelayo Cuervo y Francisco Carone del PPC( Ortodoxos), Manuel Antonio de Varona y Néstor Carbonell del PRC (Auténtico), de tendencia abstencionista, José Abreu del Partido Demócrata no inscripto; a ellos se sumaron personalidades políticas como Ramón Zaydín y Cosme de la Torriente. Todos los presentes exigieron elecciones generales con garantías, libertad a los presos políticos y facilidades de retorno a los exilados.

Cosme de la Torriente concluyó el acto con esta advertencia: «Batista, usted está en la obligación de dar una salida al grave problema cubano, si es que quiere evitar que se levanten de sus tumbas los miles de cubanos caídos en nuestra gesta redentora»2.

El ex -coronel del Ejército Libertador usaba el fantasma de la revolución para atemorizar a Batista y llevarlo a un arreglo negociado con la oposición oficial. En tanto Pelayo Cuervo, líder del PPC  (Ortodoxos), puso en evidencia su voluntad negociadora cuando señaló:

Jamás nos hemos negado a aceptar una solución nacional y así lo acredita nuestra presencia en las patrióticas gestiones del Bloque Cubano de Prensa, del coronel Cosme de la Torriente, del coronel Carlos Mendieta y de cuantas se han hecho con ese noble objetivo 3.

Notas:

1.Sección En Cuba. En: Bohemia No.52, 27 de diciembre de 1953, p.69

2.Prensa Libre, 28 de septiembre de 1954, p.14, col 4 y 5.

3.Ibidem col 1 y 2.