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Literatura y mercado en los sesenta (III). Lezama, el oscuro objeto del deseo.

Ernesto Sierra, 26 de agosto de 2010

Aunque el talento literario de Cabrera Infante y Severo Sarduy fuera incuestionable, no eran comparables las dimensiones literarias de estos con la de Lezama. Por lo demás, ambos se habían exiliado, mientras el animador de Orígenes vivía en la Isla. Por otra parte, los dos primeros fueron sujetos activos en el discurso de Mundo Nuevo,  mientras Lezama sería objeto, puesto que nunca colaboró con ella. En consecuencia, la estrategia trazada por Rodríguez Monegal en torno a este último sería otra, más compleja pero, a la vez, más reveladora de su propia ideología y el discurso de su revista. Algo así como una atrevida sinécdoque de “la parte por el todo”, en la cual se hace nítida la ecuación Lezama=Cuba.

En primer lugar llama la atención cómo intenta disfrazar el argumento político detrás del literario. En “Estructuras de la narración”, entrevista de Monegal a Severo Sarduy ya comentada en una entrega anterior1, se presenta a Lezama de manera abrupta y poco usual, no por sí mismo, sino por oposición a Carpentier. Allí afirma Sarduy:

Yo creo que su personalidad podría ser situada por antítesis: Lezama no es tal cosa o no es tal otra. Lezama no es Carpentier, por ejemplo. La obra de Carpentier ha disfrutado de un privilegio excepcional en Europa y quizás inmerecido. Su obra —y creo que es lo peor que se puede decir de un escritor— merece un Premio Nobel  […] el barroco de verdad en Cuba es Lezama. Carpentier es un neogótico…” [MN, 2, 23].

Como se puede apreciar en la sui generis definición trazada por Sarduy, se eclipsan los argumentos estéticos y literarios. Habría que recordar que en esas fechas Carpentier trabajaba como consejero cultural en la embajada cubana en París, y los juicios son emitidos desde una revista de temas latinoamericanos radicada en París, por un escritor cubano exiliado en esa ciudad. Y no hay que obviar -como señala Mudrovcic-  que Lezama había sido presentado en la autoconfesión de Padilla y en persona non grata, de Jorge Edwards, como una “figura políticamente dudosa a los ojos de la dirigencia revolucionaria” [Mudrovcic, op. cit., pág. 105]. Por otra parte, en lo que respecta a la figura y la obra de Alejo Carpentier, creo haber abundado  ya lo suficiente como para destacar que Monegal era adicto a cierta manía anticarpenteriana que manejaba según sus propósitos2.   

El “descubrimiento” de Lezama.

Otro elemento esencial en el tratamiento de la figura de Lezama desde las páginas de Mundo Nuevo será el esfuerzo por hacer ver que desde allí se le descubre y rescata. En ese sentido ya se ha anotado en el trabajo sobre Severo Sarduy, de qué manera este se postula como su “editor salvador” cuando Monegal le pregunta a qué se debe que Lezama sea tan poco conocido fuera de Cuba, y él responde: justamente en mi breve aventura como asesor de obras en español para la editorial francesa « du Seuil», he querido cambiar esto y espero lograrlo. [MN, 2, 24]. Actitud que se refuerza con el aparatoso lanzamiento del autor de Paradiso en los sucesivos números de la revista, rayano en el fanatismo, y que llevaría a Sarduy a afirmar años más tarde:

Creo que lo mismo que Bernardino Luini quedó en la historia del arte simplemente porque fue el primero en reconocer la grandeza de Leonardo Da Vinci…yo quedaré porque quizás soy uno de los primeros en haber publicado a Lezama en el exterior de Cuba y en haber reconocido su grandeza. Creo que soy un sacerdote de una religión nueva, occidental, que sería la religión Lezama3.

De la misma manera que se intentó disfrazar el tema político en torno a Cuba bajo la comparación Carpentier-Lezama, el darle a Sarduy todo el protagonismo en torno al “descubrimiento y presentación” de Lezama, intentaba ensombrecer la figura de Julio Cortázar, escritor identificado con la Revolución cubana y que se negó a colaborar con Mundo Nuevo.

En el artículo “Del Tablón al puente”, del escritor cubano Manuel Pereira4, queda bien documentada —mediante el estudio de la correspondencia de ambos— la relación literaria y de amistad que cultivaban Cortázar y Lezama desde enero de 1957. Como es sabido, Cortázar ayudó a promover la publicación y traducción de la obra de Lezama en Latinoamérica y Europa, además de dedicarle textos notables como el ensayo sobre Paradiso que luego publicaría en  La vuelta al día en ochenta mundos, pero que cedió a la revista cubana Unión y no a Mundo Nuevo.

Por eso, a pesar de que era identificado como el indiscutido y pionero conocedor de la obra de Lezama fuera de Cuba, resulta llamativa su ausencia casi absoluta en el discurso de Mundo Nuevo en relación con el autor de Enemigo Rumor. Cuando aparezca, será blanco de los controvertidos comentarios de Monegal, como se verá más adelante. Maria Eugenia Mudrovcic, opina  que la animosidad contra Cortázar nace de su negativa a publicar el ensayo sobre Lezama en Mundo Nuevo —y en general a colaborar en esta revista— y, sobre todo, de  su progresiva radicalización política.

Sobre la negativa del argentino a colaborar en Mundo Nuevo, la correspondencia comentada por Pereira en su artículo permite apreciar  la única vez en que Lezama actuó como sujeto en el tema que nos ocupa. Pereira se lamenta de que al trabajar con la correspondencia entre Cortázar y Lezama —a la cual accede gracias a Cintio Vitier— no cuente con las cartas del segundo, quien las escribía a mano y no conservaba copias. Pero felizmente se pueden seguir algunos de sus comentarios a partir de las respuestas de Cortázar. Pereira cita una carta de Cortázar  fechada en París el veintidós de octubre de 1966, y comenta:

Por ella sabemos que Lezama está dichoso con el ensayo de Julio, pero que se muestra inquieto por la posibilidad de que el escritor argentino lo publique en la revista Mundo Nuevo. Cortázar le dice: Quédese tranquilo con respecto a Mundo Nuevo, pues sé lo que sucede con esa revista y no pienso colaborar con ella por el momento ... comprendo de sobra las razones que inducen a no colaborar en esa publicación...
Ya en la carta anterior Julio aludía a este detalle con esta frase: ... de ninguna manera quisiera colaborar (y sobre todo con un artículo referente a usted) en una publicación que resultara dañosa para la causa de Cuba.

La carta de Cortázar revela un Lezama bien al tanto de su contexto literario, político y activo dentro de él. No creo necesario abundar en comentarios al respecto, salvo que cambia la perspectiva de algunos trabajos sobre el tema que responsabilizan a Cortázar y Fernández Retamar de la negativa a publicar “Para llegar a Lezama Lima” en la revista de Monegal, y acerca de un Lezama dudoso, torremarfilista, manipulado o ajeno a su entorno sociocultural.

Paradiso, ¿novela total o tratado erótico?

Llama la atención que cuando Monegal y su revista salgan al rescate de Lezama, lo hagan apoyándose en una lectura reduccionista de su obra, pues Monegal lo enarbola en esencia, como el autor de Paradiso, sin poner de relieve su obra ensayística y poética, así como su extraordinaria labor al frente de la revista y el grupo Orígenes. Sin embargo, tal lectura no es de extrañar, partiendo de Mundo Nuevo, pues responde a la “línea boom” que la revista intentó legitimar a través de sus páginas.

A esos ingredientes de un Lezama “políticamente dudoso” (en oposición a Carpentier), autor de una novela “total” (modelo boom), y casi desconocido (descubierto por su revista), Monegal agrega otro, que levantaría nuevos aires de polémica: la lectura sexista de Paradiso.

De manera sorpresiva, en la sección “revistas”, del número 12 de Mundo Nuevo, Monegal, al reseñar una nueva entrega de Amaru, provoca a Vargas Llosa, sin desaprovechar la posibilidad de enfrentarlo a Cortázar, cuando dice:

 …y una larga reseña de Mario Vargas Llosa sobre Paradiso del poeta y narrador cubano José Lezama Lima. Esta última tiene gran interés no sólo por la calidad del elogio, merecidísimo, sino también por la inexplicable omisión de toda referencia al aspecto francamente homosexual de la novela (…) Es lástima porque sin tener en cuenta este aspecto central es imposible situar Paradiso, como lo ha comprendido bien Julio Cortázar en un brillante estudio de la novela…  [MN, 12, pág. 91]

En respuesta, Vargas Llosa le envía una carta abierta que es publicada en el número 16, acompañada de una extensísima réplica de Monegal. En su texto, Vargas Llosa, refiriéndose al tema de la sexualidad, aclara:

Es una rama de ese árbol tan frondoso y no su tronco ni su raíz, y que junto con él hay cuando menos una veintena de temas (que van desde la poesía hasta la naturaleza, pasando por el asma, la amistad, la hechicería, la historia y la cocina)… [MN, 16, p. 89]

En cuanto a la mención a Cortázar, le dice:

Solo he encontrado estas dos únicas frases alusivas al tema homosexual en el magnífico ensayo de Cortázar (que tiene veintiséis páginas), y pienso que ninguna de ellas da a entender (…) que la defensa militante del homosexualismo constituya la materia primordial de Paradiso. [p. 89] 

Y, más adelante le escribe con una lucidez que resultaría profética:

Pienso que lo peor que podría ocurrirle al gran libro cubano es que se consolidara o propagara en torno a él, en nuestras tierras, tan ávidas de pintoresquismo sexual y de escándalo barato, el rumor disparatado, injustificado, de que Paradiso tiene algo que ver con la pornografía… [pp. 89-90]

En su larga réplica, Monegal abunda en citas sexuales de la novela y termina respondiendo a la preocupación de Vargas Llosa con una subida de tono y anunciando la publicación de un largo ensayo sobre Paradiso:

El mayor peligro que amenaza a una obra como ésta no proviene, solo de las exageraciones de lectores más o menos masturbatorios, sino sobre todo de las camarillas de beatos o de comisarios que lean sus páginas para detectar impurezas. La caza de brujas en nuestro continente no se reduce, como tú sabes mejor que yo, a la persecución política. Muchas veces se dobla de persecución moral o religiosa para justificar el atropello. [p. 95]

El anunciado ensayo de Monegal se convirtió en un número-homenaje a Lezama. El número 24, de junio del 68, abrió con una nota editorial de la revista en la cual se echa por tierra a la “cultura de diálogo”, tan defendida por Monegal cuando, al referirse a Paradiso, se ataca abiertamente a Cortázar y Vargas Llosa:  

Lo que dicen esos primeros lectores no es siempre justo ni acertado. Pronto una cierta aureola de escándalo secreto se forma en torno de la obra. Es inútil que desde muy distintos ángulos, escritores como Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa se esmeren en conjurarla. [p.4]

Junto a otros textos de y sobre Lezama, Monegal publica su prometido ensayo con el título Paradiso en su contexto, mucho más breve que la larga carta a Vargas Llosa. Allí aprovecha para dar otra vuelta de tuerca sobre su discusión, ya unilateral, con los autores de Rayuela y La ciudad y los perros,  a la vez que se reserva un epíteto para ambos menos elegante que el enunciado en la nota de presentación:

De ahí que se conociera más la novela por lo que sobre ella habían opinado con entusiasmo que a veces raya en el delirio gentes como Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa, y hasta por alguna polémica que habían suscitado sus numerosos y brillantes episodios homosexuales. [MN, 24, p.40]

El último comentario va dirigido, como se aprecia, a publicitar los conatos de polémica promovidos por él mismo en las páginas de Mundo Nuevo.

No obstante, su texto, como los demás que conforman el homenaje, ofrece al lector una imagen mucho más completa e integral de la obra y la personalidad de Lezama. Al fin y al cabo, Monegal había tenido dos años para olvidar y superar el comentario que le hace a Severo Sarduy en la mencionada entrevista del número 2, de agosto del 66, cuando reconoce:

Ahora, es cierto que estoy en inferioridad de condiciones  para opinar sobre Carpentier en relación con Lezama Lima. Conozco muy poco de la obra de este último. En parte por lo que ya le decía antes; ha trascendido escasamente fuera de Cuba. [p. 24]

Monegal sin la hoja de parra

El tratamiento de Mundo Nuevo a los tres escritores cubanos presentados debe rehuir una lectura literal. Como se ha visto, y sobre todo en el caso Lezama el discurso, por lo general, se torna camaleónico al pretender disfrazar de literatura los argumentos políticos y la perspectiva adversa a la Revolución cubana, de Emir Rodríguez Monegal.

El énfasis en la lectura sexista (homosexual) de Paradiso no era gratuito. María Eugenia Mudrovcic cita en su libro una carta de Monegal dirigida al escritor húngaro Francoise Fejtö en la cual le comenta sin disimulos:

..il y a à Cuba une lutte souterraine entre les différents groupes qui représentent la littérature officielle révolutionnaire avec les deux tendances –Moscou et Pekin– et les autres groupes qui veulent donner une expression plus authentiquement révolutionnaire au sens esthétique du mot, ou qui veulent, je crois, se dedier seulement à la littérature. Je pense qu'en consultant les écrivains que je vous indique, vous verrez très clairement les différentes tendances d’aujourd’hui dans ce pays [op. cit., 112].  

La carta, desconocida hasta entonces, data del veintiuno de diciembre de 1965, o sea, meses antes de la aparición de la revista, y la escribe a propósito de un viaje que Fejtö prepara y finalmente realizaría  a la Isla. Ya de regreso, el diecisiete de marzo de 1966 Monegal le envía otra carta a propósito de su manuscrito, y en ella le propone algunos cambios, finalmente aceptados por el húngaro, como puede comprobarse en la versión publicada de su texto: «En bas de la page 27 de votre travail vous faites quelques considérations sur les problèmes des intellectuels cubains; je crois qu’il serait intéressant de parler de la persécution actuelle des homosexuels» (idem)6.

Monegal dictaba cátedra antes de nacer su revista porque tenía bien clara su plataforma ideológica y la volcaría, en consecuencia, en las páginas de aquella.

Sarduy y Cabrera Infante, por su parte, participaron de la estrategia publicitaria trazada por Monegal para ambos. Lezama en cambio, fue objeto de sus insidias y creo que no fue favorecido por la lectura que de su obra y su persona promovió Mundo Nuevo. De paso, Monegal, con su habilidad para la intriga extraliteraria, intentaría comprometer o dividir al grupo de prestigiosos intelectuales latinoamericanos que simpatizaba con Cuba. No por gusto al abandonar la dirección de la revista le escribió amargado y desprovisto de toda diplomacia y “pudor léxico”7a Cabrera Infante:

El nuevo proyecto Mundo Nuevo es una pifia que no leerán ni los lectores de pruebas.Qué triunfo para los Ramas, Fernández Retamar, Lisandro Oteros, Díaz Lastra y Julio (Gardel) Cortázar: que le saquen una revista incómoda de las manos sus propios enemigos y que le pongan ese supositorio tranquilizante a la conciencia siempre alerta y revolucionaria de la alerta y revolucionaria izquierda intelectual de América Latina. Lo que hice o traté de hacer en Mundo Nuevo era demasiado lúcido para este continente de beatas, maricas y revolucionarios [MEM, op. cit., p. 110].

 
Notas:

1. Sierra, Ernesto. Literatura y Mercado en los 60 (I). Mundo Nuevo y la momificación de los procedimientos, La Jiribilla, Año VI, La Habana, veintiocho de julio al tres de agosto, de 2007
2. Aparte del citado comentario de Sarduy, ver las alusiones a Carpentier en los dos trabajos anteriores.
3. Conversación con Severo Sarduy: Maitreya o la entrada de Buda en La Habana. Entrevista de Julián Ríos. Quimera, no. 20, 1982.
4. Pereira, Manuel. Del tablón al puente, El Caimán Barbudo, La Habana, número de julio-agosto, 2006.
5. Existe en Cuba una lucha soterrada entre los diferentes grupos que representan la literatura oficial revolucionaria con dos tendencias –Moscú y Pekín– y los otros grupos, que quieren darle una expresión más auténticamente revolucionaria al sentido estético de la palabra, o que desean, creo, dedicarse sólo a la literatura. Pienso que consultando los escritores que le indico, usted podrá apreciar, muy claramente, las diferentes tendencias actuales de ese país.»
6. Debajo de la página 27 de su trabajo, usted hace algunas consideraciones acerca de los problemas de los intelectuales cubanos; creo que sería interesante hablar de la persecución actual a los homosexuales.»
7. El sintagma entrecomillado es de Mudrovcic.

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