Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 15 de septiembre de 2019; 8:52 AM | Actualizado: 13 de septiembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 13 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Los poemas no dejan de venir. Entrevista a Roberto Fernández Retamar

Ernesto Sierra, 15 de junio de 2010

Roberto Fernández Retamar es una de las existencias más lúcidas de la cultura latinoamericana de hoy. Poeta, ensayista, profesor universitario, editor, fundador de revistas literarias, presidente de la Casa de las Américas, amante de la música, la pintura y el béisbol; más que al hombre de letras moderno, encarna al humanista del renacimiento, pasado por la gravedad filosófica agonista de Unamuno y Antonio Machado.

Su poesía aparece en los años cincuenta, junto a la de otras voces que se consagrarían posteriormente. A los aires conversacionales y líricos de sus poemas, suma rápidamente la agudeza de su pensamiento y su temprana erudición para ofrecernos una obra ensayística que desciende, por línea directa, de Bello, Sarmiento, Martí, Rodó, Reyes, Mariátegui. Desde entonces, la obra escrita de Retamar transita por el meridiano de la mejor literatura contemporánea en lengua española. Fiel a su espíritu vanguardista, publicó en los noventa cerca de una docena de libros, que recorren un amplísimo espectro genérico, en ejemplar demostración de la vitalidad de su arte. En honor a su trayectoria literaria le fue dedicada  la Feria del Libro de la Habana 2002. En los días previos a la inauguración de la Feria intercambiamos unas palabras, apenas las suficientes para curiosear en la actualidad de su pensamiento.

Retamar posee, además, el don de la “labia”: dejémoslo hablar.

Terminó el siglo XX y son mayoría los que aceptan que marcó la madurez de la llamada literatura latinoamericana ¿Qué género alcanzó mayor desarrollo, la poesía, el ensayo o la prosa de ficción?

Ángel Rama dijo que los géneros reyes en nuestra literatura (la hispanoamericana, no sé si también la latinoamericana y caribeña, con zonas de la cual no estoy lo familiarizado que querría, como la literatura brasileña, la francocaribeña, la anglocaribeña, etc.) son la poesía y el ensayo. Ambos alcanzaron su madurez entre finales del siglo XIX y principios del XX, con el Modernismo. Pienso, en figuras como Martí (claro), González Prada, Gutiérrez Nájera, Casal, Silva, Darío, Sanín Cano, Rodó, Herrera y Reissig, Lugones, González Martínez (se sabe en cuál de los dos géneros, o en ambos, descollaron esos escritores). En lo tocante al ensayo, añadiría a Varona, evidentemente no modernista, pero notable ensayista. De la faena de criaturas así viene, con los enriquecimientos del caso, lo hecho hasta hoy en las áreas mencionadas. Ejemplos de ello son las obras de Ortiz, Pedro Henríquez Ureña, Reyes, Gabriela, Fernández Moreno, Vallejo, Huidobro, Mariátegui, Martínez Estrada, Borges, Pellicer, Guillén, Neruda, Portuondo, M. Aguirre, Lezama, Paz, Benedetti, Diego, Cintio Viter, Cardenal, García Marruz, Rama, Adoum, Fayad, Gelman, Roque, Galeano, tantas y tantos más...hasta este 2001.

La narrativa correspondiente, aunque tenía antecedentes valiosos (baste el ejemplo de Quiroga), no alcanzó madurez en su conjunto sino décadas después del modernismo, sobre todo a raíz de la vanguardia. Lo ejemplifican las producciones de Asturias, Borges, Marechal, Carpentier, Rulfo, Arguedas, Onetti, Lezama, Cortázar, Roa Bastos, García Márquez y la cohorte bien conocida... también hasta este 2001. Ahora, una cosa es el nivel de una literatura, y otra su difusión o su acogida. Esto último, como sabemos de sobra, ocurrió, en lo que toca a la literatura hispanoamericana, a partir de la década del 60 del siglo XX, cuando la atención mundial, por razones extraliterarias (en primer lugar, la Revolución Cubana), se volvió sobre nuestra América, y encontró allí (aquí) una literatura de calidad en los géneros mentados. La narrativa se benefició en particular de aquella difusión o acogida, porque la narrativa, en particular la novela, es con frecuencia un género de masas, a diferencia de la poesía y el ensayo.

Sin embargo, son muchos los que afirman que la narrativa de ficción, especialmente la novela, se ha desarrollado más en las últimas décadas ¿Qué legado nos dejó el llamado boom de los sesenta? ¿Existe la literatura del posboom?

No me gusta (y creo no haberlo empleado salvo para impugnarlo) el término boom  (Viñas prefiere decir “bum”), término nada literario, referido a un pequeño grupo de buenos novelistas hispanoamericanos que se beneficiaron grandemente de aquella acogida. Con mayor razón me desagrada la expresión epigonal posboom. En consecuencia, no hablaré de ellos.

La poesía en lengua española es pródiga en versos, rimas y figuras estróficas ¿El siglo que acabó trajo la muerte de esta diversidad y la tiranía del verso libre?

No. Creo que la riqueza, la diversidad, no el empobrecimiento, prevalecen y prevalecerán.

Un escritor, cuya obra admiro, ha dicho que el poeta es un imitador de Dios porque al igual que este, crea nombrando ¿Qué opinión le merece esa idea?

No me gusta mezclar la teología en estos asuntos.

¿La poesía..., el poeta..., el escritor...? ¿Se considera un escritor de libros?

Definir es con frecuencia matar o congelar. Seré pues, cauteloso. La poesía es el sitio incandescente de la literatura, y el poeta es el que produce la poesía, o, si se quiere, le sirve de cauce. El escritor (que puede ser o no poeta) se vale de las palabras para incrementar la realidad gracias, entre otras cosas, a la imaginación, y a veces para hacerla inteligible. En cuanto a si me considero un escritor de libros (primera de estas preguntas que se refiere a lo que yo hago), la respuesta es no. He escrito, antes de mis treinta años, dos libros orgánicos, que eran estudios. Por lo demás, pienso que procedo como decía Nietzsche, en observación que complacía a Mariátegui: escribo piezas que luego se reúnen en libros.

Hay quien afirma que la poesía es un género de juventud. Usted ha cumplido algunos años y continúa escribiendo y publicando versos, incluso ha ganado premios importantes ¿Por qué sigue escribiendo poemas?

La poesía aparece, a partir de la adolescencia, en cualquier edad. Martí publicó su primer libro de versos a los veintinueve años; y el segundo (último y espléndido) a los treinta y ocho. El primer libro de poesías de Unamuno apareció a sus cuarenta y tres años. Otros poetas han publicado precozmente, pero no sus libros mejores, como Darío y Juan Ramón. Es citadísimo el caso del Rimbaud juvenil; y también merece serlo el del Goethe muy anciano. En cuanto a mí, sigo escribiendo poemas porque ellos no dejan de venir.

¿Se considera un poeta de la Generación de los 50 o un poeta conversacional?

No importa mucho lo que uno se considere. Pero he objetado llamar a la generación a la que pertenezco “de los 50”. En España se habla de una generación “del 98” porque ese fue un año relevante en lo histórico; y de una “del 27”, porque fue un año en que se conmemoraba el tricentenario de Góngora. Supongo que por similitud con nuestros coetáneos españoles, agrupados en la llamada “generación de los 50”, algunos han querido nombrar así la nuestra. Pero 1950 es un año vacío, y nosotros, en Cuba y en Hispanoamérica, contamos con una fecha resonante: 1959, como dijo hace tiempo José Emilio Pacheco. En todo caso, no es cosa demasiado importante. Por otra parte, poetas conversacionales los ha habido en incontables generaciones.

¿Existe la tan esperada literatura de la Revolución?

Si a más de cuarenta y dos años de 1959 tal literatura es todavía “tan esperada”, ni la pregunta ni la conjetural respuesta podrían tener sentido.

¿Qué cree de la literatura cubana de los noventa, de los nuevos, los novísimos y la pródiga lista de adjetivos similares? ¿Hacia dónde va la literatura cubana entre el curso natural que sigue en la isla y las estrategias promocionales de las editoriales extranjeras?

He leído y leo, en el tiempo de que dispongo, cuantos autores jóvenes puedo. Son tantos y tan variados, que no pueden englobarse en un calificativo común. Y no sé (ni creo que nadie sabe) hacia dónde va la literatura cubana. Quisiera que fuese hacia metas de alto nivel.

Son varios los escritores que como Marinello, Guillén, Carpentier, Roque Dalton, Benedetti, Rama, Cortázar, y otros entre los que se cuenta usted mismo, han ayudado a moldear de obra y palabra, la imagen del escritor comprometido ¿Cómo ve al intelectual cubano y latinoamericano del siglo que comienza en relación con la política?

Habrá siempre los que se interesen en ella abiertamente, y los que lo hagan sin decirlo. Estos últimos suelen considerarse apolíticos. Pero raras veces lo son de veras. Por lo general, son gente de derecha que no osan decir su filiación.

¿Cómo se han llevado en Retamar el homo literarius y el homo politicus?

Soy un escritor que tiene preocupaciones políticas, no un político que escribe literatura.

¿Por qué a los periodistas les gusta tanto preguntarle por Neruda?

Algunos periodistas me hacen la pregunta porque suponen conocer  la respuesta. Se trata de una forma, como cualquier otra, de perder el tiempo. Aristóteles decía que hay preguntas que llevan en sí la categoría de la respuesta. Los periodistas avispados (entre los que se cuenta usted) no pierden en ello su tiempo. Como saben los informados, se trata de un asunto aclarado, incluso por mí mismo. Y también, de forma luminosa, por Volodia Teitelboim, la última vez que estuve en Chile.

Gerald Martin lo ha catalogado recientemente como “puente intelectual indispensable entre el siglo diecinueve latinoamericano y el siglo veintiuno”. ¿Se considera usted un hombre famoso?

Rilke dijo que la fama es el conjunto de equívocos en torno a una persona. No veo razón alguna para contradecirlo.

¿Por qué dejó de usar los tirantes?

No he dejado del todo de hacerlo. Los alterno con los cintos (que en Cuba llamamos fajas). Me gustaría escribir una «Teoría de los tirantes», pero probablemente no es éste el momento de hacerlo.

Un joven llamado Fidel Alejandro
María Luisa García Moreno
La paloma de vuelo popular
Nicolás Guillén
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis