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Poesía de… Lina de Feria

Lauros, 07 de octubre de 2011

La poesía de Lina de Feria está alcanzada por la retrospección del sujeto lírico. Su simbolismo, tierno y doloroso, apunta hacia una realidad aceptada pero no comprendida, reconstruida en una nueva dimensión literaria.

Su libro Ante la pérdida del safari en la jungla1 (Premio Nicolás Guillén 2009) es un claro referente de ese «signo de evocación» al que se ciñen sus versos, portadores de nostalgia, sueños, mitos, anécdotas...

Ofrecemos, in extenso, el texto que da título al poemario. La incertidumbre es bordeada aquí por el temor, el peligro y el caos, sin embargo, otros motivos acaso más importantes, participan de la atmósfera existencialista: la luz, el alcatraz, la rosa... y que junto con Beatriz, personaje de Dante Alighieri, dignifican la belleza como refugio y personificación de la fe.
                                                                                                                     Osmán Avilés

***

Ante la pérdida del safari a la jungla

                                     Tiempo es el espacio de las ideas
                                             JOSÉ DE LA LUZ Y CABALLERO
       
                                       Las mariposas emparejadas
                                       ya amarillean en el Agosto
                                       Sobre la hierba del jardín del oeste.
                                       Si has de venir por los vados del río Kang
                                       Por favor, házmelo saber de antemano
                                       Y yo saldré a recibirte
                                        Iré hasta Cho-Fú-Sa.

                                                                          EZRA POUND
                 I
efectivamente
el absurdo es un aire de galerna
buceando por entre los ramajes del cerebro.
los años se han ido acumulando
y en los patos de yeso
las vestiduras caen
como pésimas telas de escenario.
pasa el ángel quebrando
el pasadizo fatal para la muerte
y todo se arma
como en los puzzles de vidriera.
aquí la estatua
aquí el friso de los espasmos
aquí la voladura de los Maines.
toda memoria es desmemoria
vértebra solitaria de un país en mudanza
por donde el mar hace la roca
y la plataforma yace como cuerpo desnudo
paloma sin las alas
                        flecha en la diana
por donde corre un hilillo de sangre.
en el reloj se teje la mismísima vida
y puede el columpiar de una brujita
llevarme a la planicie de los caminos
que conducían a la jungla.
despierta estoy pero dormida
y comienza aquel traspatio
terminado en el jardín sin quebrantar.
la mano de mi madre es toda una fortuna
su huesito central
tiene una vertiente en ciernes
hacia los cielos adheridos.
ahí van los instrumentos con los mapas.
renacen las paredes
y entre el gran farallón de la floresta
me deslizo en silencio
hacia el abrumador trasfondo de la tierra.

                   II
no se trataba de ensayar la vida
entre los árboles del patio:
la irrealidad llegaba como una anciana forma
a cabalgar los troncos de los plátanos
con su leche de aguadas
suspirando por leves oquedades marinas.
simples animalillos
decoraban los tocones de piedra
y el árbol del aguacate
padeciendo su sombra tan inmensa
                           enrejaba los soles
emplomando en los hálitos
                          como cascadas de luciérnagas
brillantes todavía en el arder de la tarde.
ya Milton lo predijo
el paraíso se acaba perdiendo siempre
y en la giba que crece
los ojos torturados de Caravaggio.
la cabeza pendiente
y Goliat en uno mismo
partido el talón de Aquiles
               en un puñado de terrones y sueños.
la circunstancia es grave
la soledad enorme
                   persiguiéndonos.

                   III
renombradas paredes
donde un sesgo de claridad
                            tiene su apoyatura.
igualmente renace el cadáver
                            de la ausencia obligada
y vuelve un Krisna a adormecer los lirios
                            que nacen poderosos
de la redonda planta en el agua de la fuente musgosa.
en el acto creador de poner la semilla
germina un tiempo prometido
sucediendo ante todos el brote de la rama
y tallos enajenados por un aire caliente.
en 1945 fue el primer paso del safari
                 cuando llegué a la vida
y en el primer grito de mi garganta insólita
el resoplar ardido de los miles de muertos
encasillados todos en su hueso y su estambre.
el mar enrojecido
parecía copioso fuego
            de un gigantesco campo de concentración
en el que el horno cribaba
sangre y pupila inquieta y múltiple.
nací sin inocencia
con el crimen montado en mi cadera
y luego crecí con el ojo de Einstein
mirando por los prismáticos:
                                     el hongo
                                     el hongo eterno
arrasador de frutas y ciudades
verdadera Naturaleza en demolición
absurda cuesta para no dormir
                             y eslabón de la muerte.

                   IV
comenzar el camino
era un baño de hierbas y libertad
ranura para la moneda de la vida.
cuántas crisálidas rompieron
     en el tronco de los gigantes vermes coloreados
y en la cabeza de mi abuelo
la tatahua con su número de lotería
vertió polvillo en la frente arrugada
porque él sabía del clima
                         y de las tormentas imposibles.
en los días acuosos me tiraba en el portal
a contemplar la nube ennegrecida
                                con un rayo de luz
atravesando lluvias y caminos.
el poste se incendió
y el ave muerta
parecía una golondrina congelada
con sus patas al borde de las alcantarillas.
es por la noche
cuando se preparan los equipajes
y al día siguiente
el Zambeze estaría crecido para cruzarlo
desde un observatorio tan alto
como la torre óptica de Pintó.
el viaje seguiría
en los ojos de cuarzo de la lagartija
que me miraba astuta.
un acontecimiento sería inútil
si no tuviera su consabida dicha.
planeteaba de sueño
y el ponche junto a la cama inocente
esperaba por la continuación de los safaris.

                   V
un safari
además de ser el riesgo y el peligro
es perderse por horas de la vida
abandonando ropas y fajaciones
                  a la orilla de un río gigantesco.
un safari ante todo es el destino impercatable
la posibilidad de perderse en el sueño
la nonata presencia
y el vuelo fulgente y estelar.
cansarse como nadie entre animales ocultos
y alejados de las ciudades marinas.
es lanzarse en la hierba de Walt Whitman
y arponear la fragilidad de los cuerpos
hasta topar las nubes
sin cinturones ni flagelos
el aire a sotavento
con el correr de una gacela intrépida
y el mínimo hueco de la hormiga
donde no cabe la pelota de golf de un deportista urbano
y el cuchillo de siempre
el cuchillo que cercena víboras.

                   VI
un fragmento de espejo
sale de la tierra como un iceberg
y ahí la gran manera de reflejar la luz
sobre la alta ventanita de Reading.
parábolas
son largas miradas sobre el muro
donde los techos simulan una discontinuidad perpetua.
voy volando amarrada a una sábana de lino
y casi paracaídas alcanzo la nubada agorera
para depositarme
entre el galán de noche y los rosales.
el espejo no dobla la figura
sino que acontece en la sombra
el sueño repetido
la imagen de la imagen de la imagen
pubis desnudo
en el sexo del otro que me ama.
la ojiva planifica
el símbolo de la destrucción terrible
y esqueletea el hombre
entre corolas silenciadas en óleos.
Bagdad padece el caos
y ya vuelve a repetirse
la muerte del asalto al cielo comunero de antes
puntico del espejo en la tierra
desde donde contemplo las contiendas
                     en el desván de la memoria.
si participo de los crímenes
es porque estoy sobre la vida
arropada pensando cómo amar
y de pronto un niño se muere de abstinencia
de falta de un caballo mínimo que lo mantee
de falta de un conejillo
              que le haga correr en hierbazales.
a veces el plato de la harina
puede significar un sueño rosa.
etronizada estoy
en esa equis matemática
                      que no resuelve los problemas
el río se desborda
la noche acomete con tornados
y el hombre en su mínima estirpe
aún señala el submarino
                            el batiscafo
y Carlos Enríquez
sigue transparentando a las mulatas
con el misterio de un safari
y la violencia intrínseca de la existencia
cajón de aire por donde respiramos
mano abierta que recoge
                               mi sudor en la frente
                               en los ojos
en los labios resecos y consumidos.

                   VII
la aldaba muda
enajena la puerta de la felicidad.
si no toco en la puerta
¿en dónde pongo mi desesperación?
la aldaba muda
es el signo fugaz del egoísmo
la efímera manera de alienarnos.
pongo en las azoteas un cantero de sábila
y echo agua renovada en la pecera del desconocido
pero aborta la noche y todos los utensilios
                           —la bolsa del maquillaje
                           el CD con la obra de Pinter—
esperan el amanecer con un sol diferente
                         (más fuego entre los fuegos)
y mientras la piel arde
bajo el viento de hogueras
convierto en pozuelo de agua
               mis manos bien unidas
y bebo con rapidez
lo que me salva en la existencia
                              y en la pútrida forma.

                  VIII
¿qué tal Havana City?
hay molienda de cal en las paredes
rebanadas del sol y de la lluvia.
se metamorfosea
la indumentaria que nos cubre
y en el ombligo hay bolitas de plata
y en la ceja un arito
           pellizca carne y sangre.
cibernéticamente
los tatuajes crecen al por mayor
y en el muro graffitis
           con nombres de los amantes.
los metrobuses aglutinan en su vientre
                                  al pasajero desconocido
y pasa el tiempo
como madera arañada por los gatos
canarreos que acabarán cubriendo de tierra
la soledad de nuestros cuerpos.
¿qué tal Havana City?
si no fuera por lo que te destruye
(el mar
            el insondable)
me acostaría contra todas las banderas
en el puente de La Fuerza
y repetiría infinitamente
               «pero no me diferencio del conjunto»
y desnuda e impaciente
daría vueltas en la Ceiba del Templete
pidiendo el vuelco hacia la belleza
un sin fin de humedades
la flor seca en el poemario de Delmira
y luego regresaría a casa
con «la cabecita baja» de Pilar
conmovida y llameante.

                   IX
quiero calar el hueso de la vida
y olvidarme de almendras
de sustancias alimenticias
                que conducen al trasiego y al soborno.
quiero de nuevo a Gandhi
                tan enflaquecido
como un instrumento de viento
en la gran sinfónica de Londres
y luego
la baliza en la ballena
no parece evitar su destrucción
y aún veo la lengua del helénido
inflada como un globo
con el arpón clavado por su cuerpo.
pues sí Benny Moré
debería tener «el alma como una roca»
recordando desde muy niña
la destrucción de las ballenas.
        y todavía buscamos protegerlas
        y todavía buscamos protegerlas.
el hombre no se cansa
      (o se fatiga mucho)
de su propio discurso
por eso un gesto al aire es preferible siempre
para que evite la crispación o la profunda soledad.
se debe dar mucho más que recibir
           y mientras algunos carnean a las reses
yo cuento los mil pétalos de la margarita
y espero la hora exacta
cuando ya la penumbra sea
(o aunque sea)
el paso de la bestia apocalíptica.

                   X
una ruina
            (aunque no fume haschisch)
es siempre el rostro ciego del esplendor
la otra y última vuelta de tuerca
el tutelaje de la soledad impactante
y un sinnúmero de cosas más.
el ciclo debía ser:
              del todo a la nada al todo
pero ¿quién lo sabe?
Mileto hurgaba en el mar buscando compensación
para la vida y sus explicaciones
                   hermosas como los búcaros repletos
ayudaron a vivir a los griegos.
quiero la fiereza pero no la garra
quiero el manteo pero no la muerte
quiero sobrevivir a mi propio despojo
pero siempre la interrogación estará como un cadalso
guillotinándonos
             cualquier esfuerzo de eternidad.
concluyen los safaris
y vuelve el jardín a su oficio
el patio a la penumbra
la llaga a su pestilencia.
mientras ordeno los avatares próximos
                              inundo mi cuerpo
de dones nostálgicos.
se terminaron las canciones
y los marinos sufren con sus manos amarradas.
el canto de sirena ya pasó y yo sobrevivo como puedo
imaginando cómo hace Beatriz
un diálogo con la muerte
hociqueando
           husmeándonos la oreja
repentina cercanía de los fines.
en el enjambre de la vida
una efímera luz y un parpadeo de sombras.
ya ni dormir ni soñar
               sino la difuminación en los espacios
tierra entre las raíces
pata húmeda del alcatraz.
la flecha gira
y se hunde entre los mares
y me conmueve toda indefensión
                         toda invidencia.
el hombre más desnudo que nunca
se llovizna por dentro
y yo rompo sombrillas y papeles
mientras que entre la inutilidad del ser
y el acontecimiento de la rosa
vivo y escribo
y soy exactamente humana.

***

Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945). Es autora de más de una decena de libros, entre los que figuran: Casa que no existía (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 1968), A mansalva de los años (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 1990), A mansalva de los años (Ed. La Cuadrilla de la Langosta, México DF, 2005), Espiral en tierra (Ediciones Unión, La Habana, 1991), El ojo milenario (Editorial Sed de belleza, Santa Clara, Cuba, 1995), El ojo milenario (Ed. L’Hartmattan, Paris, 2000, edicion bilingüe), Los rituales del inocente (La Rueda Dentada, UNEAC, La Habana, 1996), A la llegada del delfín (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 1998), El mar de las invenciones (Editorial Letras Cubanas, ICL, La Habana, 1999), El libro de los equívocos (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 2001), El rostro equidistante (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001), País sin abedules (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 2003), Omisión de la noche (Ediciones Matanzas, Cuba, 2003), Absolución del amor (Ediciones Unión, UNEAC, La Habana, 2005), entre otros. Sus versos han sido recogidos en antologías de Cuba y el mundo. Entre sus lauros se encuentran el Premio David 1967, por el libro Casa que no existía, compartido con Luis Rogelio Nogueras, Wichy. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica en tres ocasiones.

1Lina de Feria: Ante la pérdida del safari en la jungla. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009. 

 
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