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Invierno, Roma

Rainer María Rilke, 03 de octubre de 2017

Preciado Alberto Marrero:

He pensado en volver a Praga, pero el invierno me ha atrapado tal como su poemario La cercanía infinita, que por estos días acompaña mis noches. Tengo que agradecerle su dedicatoria y esa hermosa pasión que confiesa tiene por mi obra.

La búsqueda de la imagen ha sido algo necesario que traspasa las palabras y en ese constante bregar que advierto también tiene usted, nos delata una gran preocupación por el signo. ¿Será cierto que esa realidad es una desgarradura que no podemos asumir en las fronteras de la poesía? Caro poeta, quizás tenga la respuesta sin yo decirle. La dimensión de tanta soledad que tiende al infinito nos encumbra las palabras. En ocasiones me deleito viendo caer la nieve, y ese infinito está en cada mínimo detalle, que tanto asusta a otros, que se nos hace cercano en lo aparente, visto incluso en cada verso. Allí la realidad se convierte en poesía. Esto, quizás, puede ser la clave para entender su poemario. La cercanía… es toda una pieza de teatro, de buen teatro. Asusta el vicio de la imagen como la soledad que rodea o la nieve que tanto a mí me asusta por estos parajes. El acto de edificar es una opción necesaria ante la escena: "Fundar un templo./Hacer figuras de tinta que me acompañen/en el atardecer sin voces".

La magia de la obra está en una imagen que se corta, que pugna con lo inacabado, incluso, lo inexistente. ¿Acaso alguna obra humana concluye totalmente? Amigo, tiene usted el arte de responderme: "Entro en el pozo./Siento que la palabra es musgo,/fechas donde el ardor no alcanza".

Esa soberanía donde hace suyo un pozo (léase realidad misma) y se convierte en musgo, en una simple partícula (léase la palabra), nos delata el ardor que no alcanza (léase la poesía) a tal punto que nos edifica la gran cosmogonía de las cosas en su obra, esa desgarradura o apuesta está merodeando La cercanía… Por todo lo cual tengo que aplaudir lo que bien nos advierte el crítico Enrique Saínz cuando expone en el prólogo de esta edición que “nos habla usted desde muy adentro, desde la mirada que quiere ver las revelaciones para la posibilidad de la sobrevida”. Desde esa cercanía también le creo yo, como un discípulo que escapa entre la nieve intensa y el fragor de sus poemas.

Suyo,

Rainer María Rilke

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