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Jorge Tomás Teijeiro, un poco de mar y de humor

Leonardo Depestre Catony, 25 de marzo de 2017

Hace unos cuantos años conocí a Jorge Tomás Teijeiro (1939), luego lo perdí de vista (él, allá, en Marianao, yo, más allá, en Guanabacoa) y más adelante nos reencontramos, en La Habana Vieja. Como siempre, nos abrazamos e indagamos uno sobre el otro. Del amigo Teijeiro me ha cosquilleado siempre que haya trabajado tantos años para el sistema bancario y conservado ese buen humor que lo distingue. Cosas veredes, amigo Sancho…

Teijeiro es autor de dos libros (desconozco si ha publicado más) que lo colocan en el Parnaso de los humoristas. Se titulan El lápiz tiene su punta, de 1982, y Con el cuento y la jarana, de 1986. También varias antologías de cuentos de buen humor le han dado cabida a sus relatos. Sin embargo, para ilustrar su vena humorística apelaremos en esta ocasión a trabajos periodísticos suyos más recientes, como este:

Pescar es un placer…genial… sensual… y mental. Porque se puede pescar sin pescar. Cuando vemos a alguien sentado en el muro del Malecón habanero —el banco más largo de Cuba, el banco de la paciencia para esperar la picada—, pensando en las musarañas y con una varita en la mano, decimos que está pescando, aunque no haya capturado nada en toda la tarde. Es que los peces son como los tamales: a veces pican y a veces no pican. (En “Anzuelos desde la orilla”)

Hijo Ilustre de Marianao, Teijeiro posee una cultura de hombre de letras que le permite transitar por los más diversos temas, desde las artes hasta la geografía, la literatura y un sinfín de datos singulares que su memoria acumula y luego vierte en los artículos que configuran sus libros y hacen sonreír.

DDT, Palante, la bien recordada revista Opina, la sempiterna Bohemia, Tribuna de La Habana, la revista Mar y Pesca y la página web de Cubaliteraria, entre otras, han acogido y acogen sus colaboraciones, que remontan la cifra de varios cientos.

Sumamente originales son estos “Proverbios en escabeche”, de los cuales hemos hecho una selección para que el lector disfrute de un humor con olor a mar:
 

Puerto chiquito, infierno grande.
Entre marino y mujer nadie se debe meter.
Dios le da vara a quien no tiene cordel.
El que a buen ronco se arrima buena pesca lo cobija.
Del agua mansa me libre Dios, que del agua mala me libro yo.
El pescado bueno viene en latas chiquitas.
El que no come cangrejos no llega a viejo.
A pescado regalado no se le mira la espina.
Agua salada no mueve molino.
Al que mucho quiere saber, dale cordel.
No por mucho navegar amanece más temprano.
El sedal siempre se rompe por lo más delgado.
 

Teijeiro ha expresado que “el humorismo es polivitamínico. Sirve para ayudar a los enfermos del hígado, para combatir al enemigo, para mejorar las costumbres, para entretener, para exponer, para proponer, para contraponer, para fumigar con Dedeté a los bichos, para echar Palante a la revolución, para endulzar con Melaíto, para promover Riflexiones, para ver lo que hay Detrás de la fachada y para procurar Alegrías de sobremesa”.
También, pudiera agregar Teijeiro, sirve para “pescar”. Véase si no:

El estorbo del pescador es el “sapo”. Por lo mismo que el pescador es el estorbo del joven que se sienta con la novia en el muro. Desde que se le para al lado ya no lo deja concentrar. El sapo ingenuo es el que le pregunta al pescador: “¿Qué… está pescando?” Es como para decirle: “No, bobo, estoy esperando el P5”. El sapo técnico es el que se las sabe todas. Le dice al pescador que el anzuelo ese es muy chiquito, que la plomada es muy grande, que el nailon es muy corto, que con calamares no pican… Y que él no sabe cómo hay gente que pierde su tiempo. (En “Anzuelos desde la orilla”).

Graduado en 1960 de la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, Teijeiro trabajó durante más de 50 años en ese perfil, de ahí esta curiosa dualidad: la de ser miembro de la Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y de la Anec (Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba). Entusiasta, promotor cultural espontáneo e interesado en la continua actualización de conocimientos, algo que mucho se corresponde con su carácter, el amigo Teijeiro escucha y olfatea el acontecer diario para después afilar la apunta del lápiz y llevarlo al papel. La distinción Gitana tropical que le otorgó la Dirección Provincial de Cultura de Ciudad de La Habana, la tiene más que merecida.

Y para terminar, lo dejamos con una muy original “reflexión” puramente “teijeiriana”:
 

El almanaque de hojas cedió su lugar a la agenda. La agenda es fruto del matrimonio del almanaque con la libreta. Por eso cuando la agenda es muy fea la utilizamos para escribir en la escuela. Y cuando es muy bonita nos da tanta lástima usarla que casi siempre la dejamos en blanco.
 

¿Acaso no le ha sucedido también a usted, amigo lector?


Editado por Maytee García