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Los mitos que explican los por qué

Leonardo Depestre Catony, 20 de enero de 2017

La mitología cubana, que agrupa tanto la de nuestros aborígenes como la de la inmigración negra llegada en condición de esclavos, además de otras leyendas donde el origen se pierde, es reveladora de la imaginación fecundísima de todos cuantos contribuyeron a cimentar las bases de nuestra idiosincrasia.

Quienes habitaron esta Isla que hoy nos cobija, acostumbramos no dar el merecido espacio a las creencias de aquellos que nos antecedieron. Los indocubanos, los negros, los chinos y cuantos llegaron a Cuba antes que nosotros, fueron portadores de una imaginación desbordada, de una espiritualidad rica en matices, y nos han legado una mitología en que la sapiencia intuitiva, la ingenuidad, el humor y los miedos se conjugan deliciosamente para darnos un mosaico donde el hombre, la mujer y su familia representan un universo singularmente atractivo.

Entre nuestros folcloristas mayores figura Samuel Feijóo, investigador paradigmático de lo que se denomina el trabajo de campo, en su caso, a campo traviesa, a cielo abierto, bajo la lluvia o el sol, con la sed a cuestas y la libreta de notas siempre abierta. Feijóo acopió un muestrario valiosísimo de leyendas y entre ellas, con particular destaque, una colección de mitos de los por qué donde el humor aflora, algo de filosofía popular y también un “tin” de picardía aborigen.

He aquí el primero:

¿Por qué el aura tiene la cabeza pelada?
…El aura estaba velando al burro porque se lo quería comer. Y el burro no se moría, pero un día el burro estaba tirado en el suelo, acostado a la larga, y el aura con tantas ganas que tenía de comérselo bajó, porque lo creyó muerto.
Entonces empezó, como hacen las auras, a picarle el agujero de las nalgas al burro y el burro cuando vino a darse cuenta ya el aura tenía metida la cabeza en las nalgas. El burro se asustó y apretó las nalgas  y le cogió la cabeza al aura, y esta jalaba pero no la podía sacar, y ahí luchaba y luchaba, y no podía sacar la cabeza porque el burro con la cosquilla más apretaba y apretaba. Al fin el aura pudo sacar con miles de trabajos la cabeza pero le quedó pelada para toda la vida, a ella y a todas las auras que parió.

No menos graciosa que la anterior resulta esta otra historia que esperamos el lector disfrute:

¿Por qué la codorniz duerme en el suelo?
La codorniz sabe mucho, pero tiene mala memoria, y por eso tuvo su fracaso.
Le ocurrió que fabricó un nido muy bonito y salió a pasear y a cumbanchar, y después se le olvidó dónde estaba el nido tan bonito que había hecho. Y como no lo encontró por eso duerme en el suelo.

Hay un dicho por ahí en boca de la gente que dice: “Tanto que sabes y te va a pasar lo que le pasó a la codorniz, que sabe mucho y duerme en el suelo”. Pero en opinión de quien redacta, el que viene a continuación es uno de los mitos más originales. Aclaremos algo: sobre el tema que trata existen varias “explicaciones” populares, no solo en Cuba. Esta, sin embargo, descuella por su auténtico y elegante humor, mezcla de ingenuidad y picaresca. Está recogida por Samuel Feijóo:

¿Por qué la mujer tiene las nalgas frías?
Cuando no había tierra en el mundo y solo había agua, Adán y Eva iban montados en una canoa. Se pasaban los días y las noches navegando, como no había tierra, pero pasó que se le zafó una tabla al fondo de la canoíta por tanto navegar día y noche, y empezó a entrarle agua a la canoa. Entonces lo que se le ocurrió a Adán fue sentar a Eva como un tapón donde se zafó la tabla y estaba entrando el agua. Y allí pasó los días en el hueco y se le enfriaron las nalgas porque ellos estaban desnudos. Y tanto se le enfriaron que hasta hoy las mujeres tienen las nalgas frías por culpa de Adán que sentó a Eva en el hueco.

Obsérvese cómo algunos de los mitos tienen como protagonistas a personajes bíblicos, lo cual es revelador de que no corresponden al período indocubano, aun cuando el aborigen forme parte de ellos, en lo que constituye así una muy curiosa conjunción de elementos bíblicos (de origen religioso) y profanos. El mito que presentamos a continuación ejemplifica lo antes expuesto y lo hace con una gracia criolla que se agradece. Al igual que los mitos anteriores fue recogido por nuestro Samuel Feijóo.

¿Por qué los negros son negros?
Eva metió mano a tener hijos y tenía veinticuatro. El Señor vino de recorrido, llegó a la casa de Eva y le preguntó que cuántos hijos tenía.
Eva le dijo:
-Tengo doce hijos.
Y era porque Eva se avergonzó de tener tantos hijos delante del Señor.
Entonces el Señor le dijo:
-Vengo a bautizarlos.
Entonces Eva sacó doce hijos del cuarto y dejó los otros doce allí adentro.
Y el Señor bautizó a los doce. Y esos doce son los blancos, pero los que Eva le negó y se quedaron en el cuarto cogiendo sombra cuando los sacó eran negros.

Los mitos de los por qué ilustran cómo el humor ha estado siempre presente en los campos cubanos, en la imaginación más fecunda y auténtica de hacedores anónimos de historias que llegan a nuestros días y nos hacen esbozar, cuando menos, una sonrisa.