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El portazo del retorno

Elaine Vilar Madruga, 24 de noviembre de 2017

Ibsen nos contó la historia. Y su historia termina con un portazo, con la esperanza de un retorno, con una reja que se cierra: un acto, sin dudas, que cambió la historia del teatro. Un gesto simbólico. Una Nora desnuda. Una mujer desnuda. Irina Davidenko se apropia de cierto material ibseniano para construir su relato, pero no piense el lector que se encontrará con una adaptación de telenovela, con una copia fiel, mímesis de la mímesis.

Irina Davidenko —actriz, narradora y dramaturga, trinidad de mujeres en un mismo cuerpo— busca recontextualizar a una Cuba contemporánea el grito de la antigua Nora, y explorar el material atómico de su regreso. ¿Qué sucedería si…?, es la pregunta, es la cuestión, es el to be or no to be de este drama breve, de esta pieza dramática y narrativa, de esta crónica de la ciudad y sus múltiples retornos.
 
El ojo de Irina apuesta por el detalle, por el minucioso escarbado de la realidad que no se contenta con mirar a través de la celosía o desde la alta atalaya de la distancia, sino que se sumerge en el fondo de la historia, navega en un bache, divaga en el piropo fácil, en la mueca suelta, en la calle sucia y hermosa. Es un mapeo de la ciudad y de sus habitantes, es la expurgación y la catarsis.

En su rol como dramaturga, la autora explora a conciencia los límites entre cierta columna de lo narrativo y su equivalente dramático. Sin dudas, este es un cuento que podría apreciarse como las notas de una escena, como guion de un corto con aliento a Ibsen, pero muy cubano, muy hecho a la medida del cuerpo de la ciudad. Pero este guion, esta partitura de acciones, va acompañada por los recursos de la memoria, de la emotividad, de la sensorialidad.

Este es, también, un cuento sobre el pasado y el arrepentimiento, una vuelta a la semilla, a los orígenes de esta mujer que retorna en busca de las cenizas de lo que pudo ser, de una familia, de una hija, de lo que dejó detrás. De ahí que la evocación juegue un papel fundamental, no solo a través de las memorias compartidas al lector, sino por medio del develado de los pensamientos superpuestos, del guion mental que construye la protagonista en su cabeza progresivamente (una partitura que no se reconoce si parte de la experiencia o de la posibilidad del ensayo).

Estos planos de pensamiento en ocasiones resultan confusos: a veces orgánicos, a veces caóticos, menos o más comprensibles, menos o más estructurados para la comprensión del lector. Pero en el juego entre ideas que se superponen, entre diálogos mentales, entre el plano de la realidad y la posibilidad, es que se construye el mapeo de este cuento: uno particular, rara avis, fragmento post-Ibsen a la cubana.

La lectura entre líneas, el pensamiento pospuesto o interrumpido asume comúnmente una cierta correlación con la idea gráfica de los puntos suspensivos que la autora emplea como recurso, quizás un eco —o sustitución— de las pausas en la dramaturgia. Para Irina Davidenko, la teatralidad es el centro, el eje del mundo, y construye su universo en torno a esta máxima.

Este es también el discurso desordenado de una Nora madre que retorna, luego de cinco, de diez años de ausencia, mucho después de que el sonido del portazo se haya difuminado en cada puerta y escenario del universo. El nombre de Nora suplanta toda identidad anterior. Desata el caos. Y en caos se construye esta historia, sin asideros de presente, de pasado o futuro, pues todo ocurre en una temporalidad constante; temporalidad que es grito, sueño, rito, pesadilla.

Un nuevo portazo se escucha en esta pieza.

Sí, es el portazo del retorno.


Irina Davidenko
: Graduada de Economía de la Universidad de La Habana. Actriz evaluada de I nivel por el Consejo de las Artes Escénicas, La Habana, Cuba. Graduada del curso de Titulación de Actores de la agencia ACTUAR (nivel medio). Graduada del Curso de Dramaturgia impartido por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y del curso de Dramaturgia impartido por el Royal Court de Londres. Ha publicado en diversas revistas latinoamericanas y cubanas. Sus obras han sido estrenadas por la compañía Rita Montaner. Entre sus premios y menciones destacan: en el año 2008 recibe Mención Adolfo Llauradó, por su interpretación en la obra teatral Makarov; en 2010 recibe Mención de Actuación en el Festival Imagen de Cristal, por la serie Fulgor de Luz; en 2017, en el Concurso Casa de Teatro, de República Dominicana, su cuento “Bola de grasa” obtiene tercer premio.

 


                                                        NORA

La mirada recia, el paso seguro, la falda planchada. Medias, tacones, moño francés. Impecable. Una mujer de mundo, triunfadora. Paga el taxi con la seguridad de los que regresan. La misma Habana, el mismo olor a mar y basura, salado y podrido. El mismo barrio, la misma calle, quizás un poco más sucia, o no. Hace tanto tiempo.
Alguna que otra casa pintada, colores vivos, chillones, al gusto popular. Plantas, verdes muy verdes, copiosas. En cada casa, en cada alero, balcón, cantero. Niños jugando en la calle, sin camisa, tirándose en patineta, flacos, sudados, de enormes dientes. ¿Y niñas? ¿Dónde están las niñas? Diez años, casi once. Las niñas están en la casa, recatadas, muy al sentir popular. ¿Ayudando a mamá?
Tacones  lejanos, cercanos. Cruza, los hombres la miran, como sólo saben mirar los hombres en La Habana. Deshacen el moño con su mirada, desenrollan sus medias, rasgan la falda, desnuda camina otra vez por su barrio, con su pelo suelto. Mami, rica, dura, clávame tu tacón, linda. Se siente extraño, lejano y dulce a la vez.
Es una rara avis que sobrevuela ese ambiente distendido. Tan peinada, gris. Perfume discreto. Una discretísima alondra entre tanto tocororo macho. Pero ahora no es momento para pensar en esa ciudad y sus hombres. No vino de tan lejos a eso. No. Vino a ver sólo a uno.
¿Y si se lo niega? Estaría en todo derecho, pero ella no quería…ella le explicará, le dirá que….
Su perfume la ciñe gentilmente, Cold Water de Davidoff. El preferido de Miguel. Detesta las fragancias fuertes, dice que son de gente baja. ¿Como ella? ¿Como su vida pasada? ¿Como su ciudad, su país, su barrio? Miguel es un hombre de mundo, todo lo sabe. Miguel es su salvador, él le ha enseñado la vida correcta. Pero había otra. Incorrecta, tan natural, espontánea. La vida de Antonio y Antonia, la vida antes de Miguel. Antes de los juegos de chaqueta, del Cold Water, las medias y los aviones. Esa vida donde quedó ella, un pedacito de ella y Antonio y… Antoniada, Antonionada, Antoninada.
Ahora viene al rescate de ese pedazo. Perdóname, Miguel. Muchas cosas se pueden dejar atrás, gracias. Gracias por comprender. Pero créeme, no todo. Entiéndelo. Necesito hacer esto. No es por él, no sientas celos, es por mí y por ti. Entiéndelo. Ella es mía, aunque quizás ya no la merezca, lo es. Antonininaninada. Mía. Antonicotinazada.
La misma puerta, pintada ahora de verde brillante, al gusto popular, a juego con las flores que brotan del cantero. Rojas, malvas, amarillas, chillonas, muy al gusto popular, se nota la mano de una mujer. Otra mujer. Toca, suave, con miedo, un miedo lleno de determinación.
¿Me puedo sentar?... Preferiría hacerlo para… voy a ser breve… Por favor, escúchame y después di y haz lo que quieras… ¿Puedo sentarme? Gracias. Por recibirme y por contestar la llamada...
Está igual, quizás un poco más cano, mas ralo, más lacio, ¿con barriga?, pero pequeña. Las comisuras marcadas, de tanta risa, mucha risa que pasamos juntos y ahora se ha marcado para siempre. Esa boca desbordante que no sabe parar de reír. Miguel tiene marcado el entrecejo, varonil, serio, no sabe dejar de pensar. Miguel es Miguel y Antonio…
Te imaginarás que esto no es fácil para mí. Tenía todo preparado, un bello discurso, y ahora… no sé ni por dónde empezar… La verdad es…
La casa está vacía, no hay mujeres, pero su presencia se siente en los olores a comida, en los tapetes rosados sobre el sofá, en un diminuto vestido de muñeca abandonado sobre un cojín. Alguien estuvo recogiendo deprisa, pero sin atención. El estaría nervioso también. ¿Y sus mujeres? ¿Y mi mujercita, dónde está?
La extraño mucho. No puedo dejar de pensar en ella, la veo en cada niña que se me cruza en la calle, trato de adivinarla, me persigue en sueños el recuerdo de aquella pequeñita que… Perdona las lágrimas, me pongo sentimental y…
Ayúdame Miguel. Dame tu serenidad, tu paz, tu pecho firme. Esto es más difícil de lo que imaginaba. Tenías razón, pero yo tenía que hacerlo. Sola. Gracias por la comprensión. Qué le vamos a hacer. No, no voy a correr ningún riesgo. Nada que amenace lo nuestro. Nuestra pequeña simiente. Miguelina, Miguelala, Miguelulina. Vamos a hacer que conozcas a Antoniona, Antonina. No, no te preocupes, no me voy a arriesgar. Muy tranquila y sedada. Este es el momento.
¡Quiero verla, hablarle! Por favor… Lo necesito. En los términos que tú decidas, respetaré tu propuesta. Por favor… Estoy obsesionada con esa idea. Y más ahora.
Debo unir los cabos sueltos. Miguel Antonio. Miguelina Antonina. Antonia Miguel.
De otra manera no me hubiera atrevido después de todo lo que… No me interrumpas, por favor, esto me cuesta mucho. Yo tuve gran responsabilidad. Una madre no debe abandonar a su criatura. Fui una mala madre… soy… pero ahora yo… No me interrumpas, por favor, no me hagas decir…
Antonia la que ríe y Miguelina la que piensa, o quizás sea al revés. Miguelina la que juega y Antonia la que crea. Y yo, la que debe unir. Afincarme y unir. Ahora es el momento,  Miguel. ¿Qué le diré después a Miguelina? ¿Cómo la miraré a los ojos, a ti? ¿Cómo posaré la cabeza sobre la almohada?
No me vengas con frases preconcebidas. Yo no estoy aquí para pedir perdón, no a ti al menos. No te levantes, Antonio, termina de escuchar. Tú sabías que algún día este momento llegaría, sé que lo sabías. No me siento culpable frente a ti. He hurgado en lo más profundo de mí y…lo siento, pero no lo siento. No te pediré perdón por haber partido a hacer mi vida, a buscar otra vida. No me disculparé porque lo nuestro no funcionó, ambos tuvimos nuestras culpas.
Con Antonio siempre fue más fácil, yo decía y él asentía, yo mandaba y él ejecutaba y reía, siempre reía. Qué cosas puede esconder una sonrisa. Antonio de mis días naranjas con verde. Vuelos coloridos, llenos de sonidos altos, punzantes, como su risa. No me dejaré pisar. No estoy dispuesta a llevar la peor parte. No tengo por qué. Tú sabes que yo sé.
No me arrepiento de haberte abandonado, porque sé que tú pensabas hacerlo. Sí, sí, lo sé, después podrás decir lo que quieras, pero yo encontré tu maleta, hecha, llena de tus ropitas, escondida detrás de las mantas de invierno, las que nunca llegamos a usar. Si no te dejaba yo, lo ibas a hacer tú. También sé que pensabas hacerlo con otra.
¿Será ahora la de los tapetes rosados? ¿Tendrán un tapetico rosado propio?, un hermano de mi Antonia, mi tapete multicolor.
Siempre hay otra, por favor, no intentes negarlo, hace mucho no somos niños. Fue como una iluminación, vi la maleta, la abrí y de repente… supe lo que tenía que hacer, supe que tenía que ser yo la que te dejara. La niña…
¿Por qué mientes tan descaradamente? Mira Miguel, mira lo que hago, como he aprendido a mentir, a esconder mis intenciones, mis sentimientos, mis verdades.  Mentir para lograr mis propósitos, como tú me enseñaste. Estarías orgulloso. La verdad fue, que de la niña, mi Antoniona Antonionada, no me acordé, o sí, pero mucho después, cuando me bajó la fiebre de la venganza, cuando la mitad de las cosas las tenía recogidas, cuando choqué con su chupete bailando en el piso. Tú chupete, Antonia, y de pronto te miré y tú dormías, plácida. Dios bendice a los ángeles y tú eras una de ellos. Nada malo te podría pasar y de yo quedarme…era capaz de rajar esa boca que reía a la mitad. Hacer dos Antonios de uno. Era en la época que usaba perfumes chillones y pantalones ajustados y plataformas de brillos, en que la Habana me quedaba chiquita, y en ella estabas tú, Antoniona mía.
Sí, pensé en ella también y pensé, ¿por qué siempre se tiene que inmolar la madre, por qué? Tú podrías cuidarla igual de bien, eres el padre, eso debe significar algo, hay que hacer que esa palabra se convierta en algo más que un simple sonido. Tú te quedabas con ella y sería yo la que partiría, buscaría otro aire, otro mundo, otros hombres.
Miguel. Pero Miguel llegó mucho después. Me fui puliendo poco a poco hasta que conseguí a mi Miguel y ahora mi Miguelina está en camino. Ahora todo es perfecto, solo faltas tú.
¿No es acaso lo que hacen ustedes siempre? Nosotras permanecemos esperando, eternamente esperando, mientras ustedes se mueven con total libertad. Rotan de hogar en hogar. Nosotras somos la platea, ustedes el escenario giratorio.
Falta el último giro de la rueda. El final del discurso, las palabras clave. Antonio no puede haber cambiado tanto, ni siquiera por un tapete rosado. Lo convenceré. Antoniona, Antonioninita.
Decidí que haría algo de mi vida, algo distinto, te daría una lección, al mundo. Como esa Nora de Ibsen que tanto te seducía. Sí, como Nora. ¿Qué crees que haría Torvaldo si Nora volviera? Porque te aseguro que ella volvió. Ahora yo soy ella. Soy la que ha vuelto y pide audiencia. Pide ver a su hija. ¿Qué piensas hacer, Torvaldo?
Tengo que comprar una cortina y acabar de matar esa luz capaz de destripar el sueño más pesado, más amable. Una con forro doble, tupida. Siete de la mañana en mis párpados, en mi retina. No pedí despertar. La rosa pálida de todos los días. Gracias, Miguel. Miguelina se remueve, da pataditas. Pronto, mi niña, pronto conocerás a tu hermana. Pronto tomaremos el avión de regreso al pasado. Antoniona de mi pesar. Me lavaré bien el pelo. Me pondré el traje chaqueta, las medias, el medio tacón, Cold Water, por supuesto. Un taxi por favor a esta dirección. Hoy tocaré en la puerta del recuerdo, suave, con miedo y determinación. Él abrirá la puerta y estarás tú Antoniona mía. Hoy lo enfrentaré, por fin. Antonia-Miguelina. Miguelantoniamiguelinantonionas de mi perdición.