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Isabel Cuello: arrojaré por fin mi desaliento

Reyna Esperanza Cruz, 13 de noviembre de 2018

                 

¿Quién duda que la poesía es el único lugar donde podemos ser nosotros mismos, el espacio donde podemos reír, llorar, aullar a nuestro antojo, sin que importe si escuchan o miran oídos y ojos indiscretos? En la poesía somos libres; ella es territorio que nos pertenece con tan sólo dejarla entrar, para que luego salga con nuestro ser a la espalda, cargando el lastre que todo ser humano acumula a lo largo de su tránsito vital: amores, desamores, pérdidas más o menos dolorosas, sueños truncados y alguna alegría muy de tarde en tarde, conforman el equipaje que depositamos en esa amable pero exigente compañera. A cada uno permite usar su propia voz, sin que por ello deje de escucharse la suya, cual repique de campana poderosa, humana más que cualquier otra voz. Con su propia voz escribe Isabel Cuello, mujer audaz que optó por la poesía sin dudarlo. Demasiadas angustias no confesadas y muchas pérdidas irreparables han lastrado sus días. Preciso es que la palabra brote asistida por ella, aunque a veces parece desdeñarla. Pero es sólo un amago de rebeldía. A la poesía vuelve siempre que la voz, apagada por el embate de los días, amenaza con quebrarse. Y lo hace poniendo su arsenal de recuerdos, sus vivencias dolorosas o extrañas, y las personas conocidas o imaginadas que pueblan su mundo interior. Escoge la prosa poética como recipiente donde verter materia tan escurridiza, tal vez por sentirse menos atada a extensión o ritmo. De cualquier modo, la sutil llamarada que sujeta a párrafo le quema las manos, y no extiende el aliento en largos textos. Concreta, aligera, acorta el discurso para provocar la reflexión, el imaginario, o la búsqueda de  lo subyacente. Pero quedan, flotando en el papel, trocitos de su alma, viscerales y agónicas verdades, que de permanecer ocultas, lacerarían demasiado su existir. Y sale esta mujer —les recuerdo que su nombre es Isabel Cuello— a sonreír y andar como salida de las manos de Dios, purificada en alma y luz por el poder de la poesía.

                                                             REYNA ESPERANZA CRUZ

 

 

PAISAJE URBANO O CORTADURA


A través de la botella con sus caracteres, hoy no sé si a relieve, compartíamos el gesto infantil, la bebida dulce, burbujeante y cautivadora dentro del grueso vidrio. De un golpe nos redimíamos de alguna mosca seducida por el aroma. Yo corría al escuchar el timbre liberador de las clases matinales. Corría por la calle estrecha hasta subir la escalera y me parapetaba frente a la ventana para mirar el humo de la chimenea, su ojo negro. La chimenea, como un cíclope, se elevaba por encima de la pared trasera. Pared fuerte, pared hermosa. Miraba aquel maremágnum de rastras y personas. Se agrupaban en la puerta por donde emergían los camiones cargados con la bebida dulce, mientras mi madre reiteraba su llamada al almuerzo.

Ahora contemplo una chimenea que mira con su ojo de cíclope muerto. A su alrededor no pitan los camiones ni acuden los obreros. Residuos pestilentes y  fotos sepias se acumulan contra la pared trasera. La materia descompuesta la corroe. Se desvanece. No cierro la ventana. El aire huele a llovizna, a luto postergado. Un enjambre de moscas se distrae en mi rostro. Si pudiera volver a la antigua botella de refresco, con letras hoy no sé si a relieve. Pero tras el ojo cíclope se esfuma la pared.

 

BAJO UNA BOMBILLA SIN LUZ


Todavía dueles en el vientre,
asido a la redondez
fugad ade mis senos.

 

ANTES Y DESPUÉS


Regreso donde vagaba la mujer que arrastraba los pies. Recorría la arena húmeda, un… dos… un… dos… Es bueno para la arritmia, la obesidad, la desmemoria, mascullaba. Un… dos… hasta que sentía el calor sobre sus hombros.

Retornaba luego, con restos de arena, y cruzaba la calle para arrellanarse en la mecedora de su portal, sobre un cojín de botones en colores. Miraba con deleite su jarrón de porcelana. A veces lo abrazaba, para luego depositarlo con suavidad. Su jarrón colmado de papeles ocres y madejas de hilo.

Este verano sólo he visto a sus nueras: esparcen botones y madejas de hilo para disfrute de los gatos. En el portal se distingue un cartel: Se vende un jarrón de porcelana.

 

SOBRE LA MESA


El pan sin alma llega desde el cilindro de aluminio. Ninguna mano lo extendió para alisarlo,ni lo puso a dorar con gotas de sudor. Lo dejaron solo, solo durante la noche creciendo al frío en la gran paila de metal.

Quisiera tener pedacitos de pan fresco, aunque seapedacitos de pan sin alma, para repartir a todos. El pan sin alma me mira con cinismo.

 

CENA DE NAVIDAD 

 

No tengo nada contra la parentela,
contra mis enemigos, contra mis hermanos
.
                                NICANOR PARRA

 

Bajo la piel escondo el patio, la mesa enorme, un mantel blanco y muchas botellas de champagne. Tal vez por eso mantengo una sobre el estante.

Apenas cabíamos en la mesa enorme, y el olor del asado junto a la verdura fresca se metía entre las cañas y el guayabal. ¿Adónde fue a parar el alborozo que zambullíamos en el río, o en la habitación repleta de plátanos maduros? No hay nada como jugar entre racimos que cuelgan de la pared, aplastarse contra ellos hasta fundirse en un aroma que delata.

Tal vez cada uno conserve su porción de aquellas noches, o quizás estén demasiado entretenidos en preparar su propio asado. Tomo un libro de Hemingway y miro la botella de champagne sobre el estante. Demasiados diciembres ya ha sobrevivido. A ella le es indiferente que no extienda un mantel blanco, que no ostente una descomunal mesa, ni siquiera una diminuta mesa donde colocar mi asado junto a frescas hortalizas. Sabe que hace muchos diciembres no espero comensales.

 

EL AVISO


Con la campanada de las doce escapa el alma de mi padre en una calabaza tirada por caballos. Mientras, del otro lado del bosque, me pregunto a qué se debe este dolor que oprime el pecho y sube a la garganta. ¿Por qué me he despertado con la campanada de las doce?

 

EL HOMBRE EN LA AZOTEA


No sabe que lo presiento. Atisba mi mesa cada día a la hora del festín. Llueve, pero no cierro la ventana y en mi garganta se instala una resequez. Lo presiento bajo su techo improvisado. Tal vez tiritando o inmolado, en extraña sustancia que le conmina a reír, en el instante en que preferiría acabar con todo. ¿Cuándo sería su primera vez?

Si la hubiera palpado, si hubiera tenido a mi alcance la extraña sustancia del hombre en la azotea cuando sobre mí cayó la angustia, el desaliento, cuando mi cuerpo parecía no resistir y mi cerebro diseminarse en burlescas porciones, pudiera ser otra inquilina de azotea, y me estremezco.

 

EL VIAJE


Se marchó mi tía en su ataúd corriente. Con cuidado extendía un burdo forro sobre los muebles de damasco y sus arabescos inmaculados. Sus copas de baccarat en la vitrina esperaban el momento de la grandilocuencia.

Ahora, es placentero recrear los labios en sus bordes, saborear algo en ellas y liberarlas al sur. Una copa por día, las voy soltando en viaje sin retorno, hacia donde pisan mis pies descalzos.

Sobre los muebles, depaupero, rehago el amor. Mancillo los arabescos con semen y agua con azúcar: ¡Que pierdan su color! Un día los donaré para que rellenen con ellos algún ataúd corriente.

 

HAY GENTE QUE AMA LA LLUVIA


A mi madre le habría encantado tener una ventana de cristal. Seguro en los ojos no le cabría la emoción al observar —del otro lado— algún barquito navegando enla corriente callejera. Si no hubiera tenido que multiplicarse aquí y allá para recoger los goterones, si el tin tin dentro de los recipientes acabados de vaciar le hubiera sido ajeno,ella, tal vez, habría amado la lluvia.

 

(DE)LIRIOS


Madre temía a las serpientes. Conocía muy bien a los jubos escondidos en el entramado de su piso de tablas y a las culebras acechadoras del sueño .Asomaban entre las hendijas donde también brotaban lirios. Madre contaba historias. Sentada sobre el piso que nunca podía componer, contaba sobre la ofidio basilisco, capaz de matar al mirarte. Yo le contaba historias donde la gente encontraba una hucha con monedas de oro. Oro suficiente para reparar un piso de tablas, o colocar uno nuevo de granito.

 

MATANDO EL TIEMPO


Una mujer no quiere preguntarse. Sólo aplasta las horas. Era pequeño el ataúd blanco. La muchedumbre llevaba flores. Ahora sopla velas de cumpleaños. Marcha a lavar los platosmientras canta un estribillo. Las horas se multiplican. Las horas pequeñas, grandes, oscuras, le suben por las piernas hasta la cabeza. Mientras gira,las horas se meten en las oquedades. Su ojo se nubla. Sus ojos en otro tiempo. La mujer baila, taconea, se sacude las horas.

 

CAPARAZONES


Tal vez con una incisión en el músculo del pecho sangrarías aquel gesto con que te despreciaron. Después de la cortadura unirías ambos lados de la membrana con un hilo. Mientras la aguja penetre, muerde tus labios, y no olvides tragar en seco. Conviene, entonces, soplar muy fuerte. Pero si un día colocaras el dedo sobre aquel sitio sentirías el grueso relieve que dejó la desmemoria.

 

EN EL FONDO

…los horrores del mundo moral
                 JOSÉ MARÍA HEREDIA

 

Aplastaré la arena mojada para entrar al remolino. Sumergiré el cabello en las aguas y arrojaré por fin mi desaliento. Hundir el rostro, domesticar el espíritu de la ostra donde se enquistaron los hijos y la memoria, los amigos. ¿Acaso la ostra podrá ser derrotada, o acabaremos dentro de ella por siempre? Oh, nunca digas siempre.

 

ISABEL CUELLO CROMBET (Santiago de Cuba, 1958). Poeta, narradora, investigadora, traductora e intérprete de inglés. Ha publicado libros en Cuba y otros países. Algunos de sus títulos son: Tribulaciones, poesía, Editorial Dhiyo, Chile; Dueña del tiempo, poesía, Casa de Cultura Latinoamericana y Caribeña, República Dominicana; Mujeres SOS, narrativa, Editorial Dhiyo, Chile; Impacto social del Proyecto Amor, investigación, Premio X Simposio de Cultura, Plaza, La Habana. Obras suyas aparecen en diversas antologías poéticas y compilaciones de literatura para niños. Colabora con diferentes publicaciones en Latinoamérica. Enlace de su blog personal:http://isa58.cubava.cu.