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La poesía de Elvira Castillo

Roberto Manzano, 18 de abril de 2017

Alzada sobre las visiones de su mundo interior, de incandescente temperatura, la poesía de Elvira Castillo se expresa con laconismo alucinante. Es el furor de mirar el extravío del destino, y de plasmarlo con honradez; la dolorosa sensación del vértigo cotidiano, que la poesía supera y equilibra, con sus metáforas veloces salidas del fondo oscuro de la psiquis. No es poesía para entrar en la academia, sino para salir del dolor. A veces tropiezan las imágenes, o discurren por ásperos declives; pero cuando el eje de la lucidez artística gira las esferas, el salto onírico adquiere encantamiento y levedad.

                                                                                                            ROBERTO MANZANO

ELVIRA CASTILLO REYES (Sagua de Tánamo, Holguín, 1963). Poeta. Miembro de la UNEAC. Licenciada en Derecho. Su libro Tránsito se publicó por Letras Cubanas en el 2004. Colabora en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. Versos suyos han sido seleccionados para diferentes antologías dentro y fuera del país. Las composiciones escogidas pertenecen a dos cuadernos inéditos.

 

CARTA A MARINA TSVIETAIEVA


Soy viuda y sin hijos.
Hice un pacto
sin calcular
qué río de aires
correría por las letras.

Nunca he salido
de mi pequeño país,
isla caliente como el sol
y lejos del mundo.

No conozco París
ni la nieve,
pero deambulo por la ciudad
con curiosidad de niño.

¿Detrás del horizonte imposible
está la vida?
Tú cruzaste
y volviste para desgarrarte,
nada te salvó.

Tengo alas, Marina,
mis dedos tienen fuerza.
He leído tus versos con fervor
y me han provocado hambre.

 

TEMPLE


Caigo en letargo,
y quedo ciega.
Vencen otros,
yo estoy indefinida
para el temple que se requiere.
Pero me empeño en alcanzar
el frío que no da la tierra.

Voy recordando:
mi marido muerto,
sus ojos azules
nadando en el mar del cielo.
La infancia de penuria,
la otra infancia
de princesa filósofa.

Las lecturas constantes,
el insomnio, las pasiones,
los antidepresivos,
el amor por la poesía,
esa,que parece inalcanzable
y normalmente lo es.

La sed insaciable de belleza,
tal vez deseo de notoriedad,
el cigarro, orgullo,
caminar como si lo hiciera
por el mundo
y no por una calle,
mi padre,
al que prefiero no mencionar,
Dios cuando asciendo
escaleras abajo.

Mi madre y la niña duermen
mirando la película de Noé.
La destrucción
por ira divina.
Duermen mientras ven
cómo se construye el arca
asistidos por gigantes de piedra
en los que quedan vestigiosde luz.

 

ASÍ NACIÓ MI CANTO


Así nació mi canto:
estudiado, paciente.
Dispuesto a recibir lo cotidiano,
esperando desde
la oscuridad profunda
de una Isla el furor
como piel para cubrir.

Cada día persiguiendo
en las ranuras del techo
las colgantes
y nocturnas visitadoras.
Aunque no cejo
no sé cómo decir
lo que no facilita
la humedado la brisa
o lo que el pájaro negro
calló cuando retuve
en mis manos su tiempo.

¿A quién dirigir el clamor,
en qué dirección navegar,
sobre qué dioses o mitos
construir la tienda?

Quisiera sonar el gong tres veces
para reverenciar al silencio.

Miro el mar, lo respiro,
veo los peces
hasta donde los dedos alcanzan.

Es arduo,el movimiento
no es detectado
con celeridad,
es preciso alcanzar la superficie
sin encantamientos.

La inmersión te aleja
para elevarte
como raíz sedienta
o árbol florecido.

Permíteme saludar
la luna llena como preámbulo.

Deberás dar el salto
en el mar.
Duerme despaciosamente
tu sueño salobre.

Escucha
levísima oración:
tiene dolor el mar
suficiente
como para contener el tuyo.

 

SOY UNA MEMBRANA


Soy una membrana enquistada
en el filtro de la vida,
me apagan los bomberos
cuando grito y ardo como zarza,
me recogen los enterradores
cuando me doy por muerta.

No hay sitio del que no pueda escapar,
con un pedazo de luna
y un bultico de hierbas.
Mi padre partió
y se hizo marqués de caídas,
tiene un viñedo con que costea su demencia,
mi madre cocina para los enfermos
y mantiene el equilibrio de la sal.

 

QUÉDATE QUIETA


Quédate quieta,
son las once de la noche.
Ningún ruido,
salvo el cosquilleo
de la lámpara averiada.

Debo encontrar un hombre
que me acompañe.
Eso es toda una cruzada.

¿A quién quiero a mi lado
ahora que estoy
más despierta que nunca,
más libre y voladora?

El cuerpo no quiere
lo que quería hace veinte años,
ni siquiera diez,
el cuerpo quiere paz
y tal vez cierta perversión,
como una piel
de la que alimentarse,
una piel que contenga una boca
con una lengua fresca.

El cuerpo quiere
ser poseído de raíz
como los primeros elementos.

Quedaron atrás las tonterías
con que engañaba la mente.