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Hay que creer en el milagro

Reyna Esperanza Cruz, 03 de abril de 2018

La poesía es una zona del espíritu donde se juntan, sin estorbarse, disímiles elementos de nuestra realidad —interior y exterior, real o imaginaria— para conformar otra realidad, más coherente y  veraz, personal y auténticamente nuestra. Carmen Amelia del Cristo es una mujer que mira dentro de sí, y mira hacia el pasado, para encontrarse entera, en su exacta dimensión humana.
En su poesía cobran vida, desde la muerte, los seres amados de su infancia, el recuerdo más hondo y raigal; cristalizada en versos, la tristeza de las pérdidas ineludibles se torna sinfonía para acariciar los oídos del lector, a la vez que una lágrima, escondida y pequeña, asoma tras cada palabra. Hay un país en su mirada, que observa con agudeza; mas no da noticias del país; solo nos muestra imágenes superpuestas sobre las imágenes de sí misma, y la vemos pasajera segura en esa nave que a ratos pierde el rumbo. Es evidente en su poesía una velada tristeza, una soledad no manifiesta; porque no hay autoconmiseración en la poetisa: una fina ironía recorre su escritura y eso la hace sortear los escollos que encuentra para salir íntegra, sobreviviente de todas las guerras, reparadora de utopías personales y colectivas, optimista confesa, amante de la vida. Porque si algo es palpable en sus composiciones es la certeza de que es necesario amar. Aun cuando está convencida de que "morir de amor no está de moda", también afirma que "urge morir de amor". Y ella muere de amor en cada verso, y en cada verso resucita, porque cree en el milagro de estar viva. Hay en estas páginas el testimonio de quien cree en los seres humanos, en la utilidad de la poesía como sanadora de almas, y en que el amor es el único antídoto contra la muerte.
 

Reyna Esperanza Cruz

 

ABUELA LÍRICA

Hace falta creer en el milagro
de una corriente virgen
en la yerba mojada
donde un rinoceronte se renueva.
Es casi imprescindible
llevar los versos de Gabriela,
sumarse al descontrol de los pequeños,
y verse con mi abuela cara a cara
duplicada en sus ojos de oruga irrepetible.
Como si comprendiera que la vida
es la proeza que en su muerte pongo.

 
CACHITA

También tuve abuela pobre:
nadie me habló de su dolencia,
pero la imaginé con las guayabas,
sin hacer el milagro de los peces,
contando los minutos
que separan la tierra de los astros
con su habitual resignación.

 
INFANCIA

                   A mi madre

Tu pelo negro a veces era abril,
una emboscada para mi sortija.
Te sorprendió mi corazón
crecido en rebeldía,
las muñecas desnudas,
aquel gato ensamblado a mi tristeza.
Sin embargo, aquí estás,
copiándome tureceta última
en un libro doméstico cualquiera,
sin pretender rozar este misterio
con el que espero perpetuarte.

 
LAS RANAS

Los animales realmente peligrosos
están entre los plátanos:
no muerden, no lastiman,
pero tienen los ojos del tamaño del miedo,
la corteza más fría y temeraria.
Cuándo vendrán las hadas madrinas
que Andersen prometió para encantarles.
Cuándo se cansarán de los fantasmas,
y cambiarán su voz por algún piano.

 
ESTADO DEL TIEMPO

El último parte indica
llevar sombrillas de colores
y cubrirse la espalda
con algún argumento melancólico.

 
SHAKESPEARE Y YO

William Shakespeare insiste
en su historia de amor desesperada.
Morir de amor no está a la moda:
Pero urge morir de amor
como si todo esto fuera un cuento.

 
ÚLTIMO INTENTO

Tocar la flauta puede ser ingenioso
siempre que desde ella te inventes las historias.
Aunque cada ratón
haya muerto de rabia en su escondite
y la música llegue quizás un poco tarde,
tocar la flauta puede ser un intento,
un recurso estratégico.
Quién sabe si al tocarla derribe las mentiras,
todas las frustraciones de mi generación.
Tocar la flauta puede ser una simple payasada,
pero déjame usarla en esta hora
en que hasta los ratones quisieran hacer algo.

 
DE LA MUJER COMÚN Y SU PARTE ESPECÍFICO DEL TIEMPO

Llueve, siempre llueve
hastaque un día al sol se le desborde
el animal que lleva en los zapatos.
Llueve.Pudieran ser mis ojos
llorando a mil cincuenta kilociclos.
Algo le ha sucedido a los periódicos
y Cuba pasa en caravana simple.
Pudieran ser mis ojos:
me trago otra sombrillapor si acaso.

 
POEMA TARDÍSIMO

Sólo el hombre y su estrella
desconciertan al miedo,
tan sólo ese andariego inhabitable,
esta calma en zozobra desmedida,
y el tiempo sobre todo.
Otro sedante para dormir
después de ser los mismos.
Este rato de olvido
con que miento la tierna palabrota,
esta mano mordiéndome la pluma
con el trago en la sed de otra botella,
esta buenhumorada taciturna,
controvertida máscara que alcanzo
por no darle la espalda a los amigos.
Cantos de desamor: y a mala hora
tu corazón me buscará en el cuarto.

 
POEMA DESDE EL YO

                             A Eliseo Subiela

Lo amo
con mis ridiculeces tremebundas,
con todos mis tatuajes y mi puente,
con los corderos del dolor,
con tantas serpentinas y alborotos
que el carnaval se inclina y me abre paso.
Lo amo
con neurosis azul,
con los vuelos que lego al imposible
desde tantas cuartillas desgarbadas.
Lo amo desde mí con la locura
de una cuerda que ensaya para otras
una mañana libre y menos árida.
Lo amo:
y en esto sí que soy irreductible.

 

CARMEN AMELIA DEL CRISTO VÁZQUEZ (La Habana, 1950). Psicodramatista, poeta y narradora. Miembro de las asociaciones internacionales Poetas del Mundo y Poetas por la Paz. Coordinadora del Proyecto Picualas, dedicado a la orientación a la mujer. Ha publicado artículos científicos sobre psicodrama en Cuba y México. Es autora de los poemarios Concierto para amantes con flauta y Burlar a los tecnócratas, y del libro para niños y niñas Cuentos de roles para jugar a la vida (en proceso de publicación). Su poesía ha sido publicada en  antologías en Argentina, Chile y Canadá.