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Y mi horizonte es la poesía

Roberto Manzano, 20 de julio de 2017

¡Cómo se extraña la transparencia original de la poesía pegada al terrón, el peciolo y el pájaro! La poesía que sabe menear asuntos de cepa con palabras abiertas, con la sangre fluyendo naturalmente por las venas, sin las congestiones verdes y moradas de los poetas contemporáneos, que se ven obligados a desnaturalizadas acrobacias, para poder llamar la atención de los centros simbólicos del poder.

De inmediato disfrutará el lector la lectura de unos poemas llenos de naturalidad y transparencia, donde las esencias de la realidad y de los destinos, vistas a través de un sujeto amoroso y atento, logran comunicar lo profundo sin enturbiar adrede las superficies. El poeta panameño Bladimir Víquez ofrece una poesía para todos, desde todos, pero con los ojos puestos en los depósitos de la realidad y de los destinos, mirando con la claridad de la aurora, moviendo el pulso de los versos hacia la justicia y el milagro de vivir.

Donde hay profundidad legítima, hay también legítima transparencia. Donde hay poesía de lo que ven directamente los ojos, o la memoria recuerda tal como fue, también puede haber un vapor transcendente, un halo de infinito sobrepujando hacia todos los horizontes, y mucho más cuando se tiene a la poesía como horizonte, que es el viento espiritual que siempre sopla más allá, sobre las tierras donde se recoge lo vivido y lo que está por vivir. Así que dejamos al lector, que irá paladeando con sencillez cada verso, con un poeta que maneja esencias con la misma dialéctica del agua y del aire sobre el haz doloroso y esplendente del planeta que nos ha tocado en suerte.

                                                         ROBERTO MANZANO

BLADIMIR VÍQUEZ es un joven poeta panameño, profesor de la Universidad de David, en la provincia de Chiriquí. Es un activo promotor, junto al poeta, profesor e historiador Mario Molina, del movimiento de poetas, escritores en sentido general, plásticos y conservadores de la hermosa música y literatura oral de la región de Chiriquí, una de las más bellas del territorio istmeño. En David, y sus alrededores, la poesía tiene un puesto de honor en la mesa de la cultura, básicamente de raíz campesina, pero con un indudable aire cosmopolita, en una fusión ejemplar para los tiempos unilaterales que corren por el mundo.

 

DETENERSE EN LOS RECUERDOS

Detenerse en los recuerdos
es como sentarse en la estación
a esperar un tren que ya pasó
dejando ráfagas de humo,
sonidos de piedras y clavos
y miradas ajenas
que llevan signos de despedidas.
Aunque es una espera
con olor a túneles húmedos
y a rocas esparcidas
de lugares sin carácter,
con llantos de piedras y cielos,
sin imágenes de retornos,
sin ilusión de repartidas,
tienen el desgarro de un adiós…

Detenerse en los recuerdos
es como las ideas
de amores que se saborean
infinitamente,
una y otra vez
en la mente y en la piel.
Escuchar el sonido de los rieles,
de las veredas que se diluyen en los poros del horizonte
y que fueron eco y huella,
testigo y guía
de un paso escrutador,
nos despierta la memoria

Detenerse en los recuerdos
es como hacer rodar piedras y troncos
en un precipicio al término de un camino
para que retumben y nos conmuevan
cuando caen y se revientan
en partículas que jamás se unirán,
porque los recuerdos no están sujetos a verificación:
no son teorías,
sino que se arman como vengan
sin cielo, sin sol
con agua o con metales,
con astillas y sin frenos.

Y se recorren cuando asaltan
sin planes y como a ellos les da la gana.
Al fin y al cabo
son los caminos que ha andado la memoria.
 

NUNCA ANTES HABÍA MUERTO

Nunca antes había muerto.
Empecé a morir esa tarde llena de humedades
y caballos resoplando en la sabaneta de los guayabales
mientras yo perdía unos de mis incisivos superiores.

Te juro que el sueño
de que los ratones me trajeran una moneda
más llena de símbolos y recuerdos que de valor,
se arruinó.

El día que me enteré
que la muerte vendrá a buscarnos sin anunciarse
no con guadaña ni máscara,
sino descarada y orgullosa,
me desplomé,
señal de que había perdido media batalla.

Un vuelo de pájaro negro revistió
mis córneas también agujereadas por la novedad
y me llenó el pecho de espinas y puñales.

Qué putada, era solo un niño.
Enterarme de que había algo que se llama muerte
que nos quita la vida sin consultarnos
me pareció una infamia descomunal.
Me parecía la pelea más cobarde:
un niño contra la vieja muerte
carcomida y llena de escamas.

Y entonces las preguntas nacieron
como escombros que hacen estallar un rostro,
se escucharon como pieles rasgadas
por dentelladas de bestias lupinas.

Esa tarde sentí que ya los gusanos
me habitaban los ojos y los huesos
y desde entonces entablé la lucha para no morir.
Pero me doy cuenta
de que cada paso que doy está lleno de fango
y que me vuelve lento para la huida,
de que cada respiro es un azoque de la muerte
sentada en nuestro cuello.

De que las botas se convierten
en plomos engrilletados en nuestros tobillos
como si fuéramos elefantes atados desde siempre
y que mueren amarrados con cintas de celofán.

La muerte no hace nada,
no mueve un dedo,
sólo nos enteramos
(y no es ella la que lleva la noticia),
y ya nos tiene dentro de su barca,
donde graba sobre silencios y sombras
la fecha de nuestra muerte.

 

AL ÁRBOL

Si el mundo conociera tu historia,
si ellos conocieran lo que tú conoces,
si supieran lo que has sido…

Inspiración de Mondrian
en la locura del cubismo.

Que así callado
eres sombra que cobija al campesino
agobiado por el sol.

Y por siempre
cuna de hormigas
que trabajan sin descanso.

Con tu muerte
eres anfitrión de la poesía que vuela
y que empuña el poeta.

Depósito de la historia,
de todos los pueblos,
cimiento de la casa de los abuelos.

En tu verdor
casa de los pájaros en celos,
pulmón de la vida
que se intenta derrotar a cada instante,
barrera de la tormenta
que con violencia nos acosa.

En tus misterios
eres cómplice de cópulas
de las hojas con el viento.

En tu piel
guardián del secreto
de los enamorados.

Siempre descanso de la lluvia,
lugar donde anida el rocío en las noches,
bondad de los frutos.

Sin ti
el campesino iría penando,
la historia vagaría en conjeturas,
la poesía sería errante eternamente,
los insectos vivirían huérfanos de hogar.
El poeta,
ya no sé…

Pero callado
sigues brindando para el mundo
lo que sabes,
lo que tienes.

Y no esperas nada,
absolutamente nada.

 

LA PARTIDA

La vi partir.

Por los campos amarillos
de trigos y de hierbas
la vi partir.

Partió con la brisa,
con el sol.

Partió por la misma puerta
donde pasa el viento,
por donde viene la esperanza.

La vi partir
como una nube más,
como una mariposa de minutos de vida,
como un río que busca su cauce,
como un punto que desaparece a lo lejos.

Se fue,
se fue buscando horizontes que no veía,
y luego el horizonte del horizonte
y otros y otros
y otros más.

Por los campos amarillentos
de trigos y de hierbas
la vi partir
con la esperanza en la maleta
buscando y buscando
lo que aquí encontraría…

 

EL DÍA DEFINITIVO

El día que la muerte me haga ronda
por ti lucharé.

Iré con tanta furia contra ella
por ti,
que eres mi todo,
y ese día
seguramente ella me mirará con respeto.

Yo no sé cuándo vendrá,
pero sé que es traicionera,
y aunque controla
nunca ataca de frente.

Pero por ti lucharé
con esa fuerza que me da la vida,
que me da la angustia
y el desconocer el día de la hora final.

Voy a luchar
como lucharía si la muerte quisiera adelantarse,
como si quisiera venir más temprano
y si llega comprobaré
que es puntual.

Voy a luchar por ti
como si la muerte quisiera llevarme
en víspera del día definitivo…

 

EL ARTE POÉTICA

Por qué me dan un poema
errático,
oscuro,
poco plástico,
y esquivo
y enredado en una vorágine de palabras
llenas de nada.

Eso no es lo que quiero.
Quiero un poema limpio.
Quiero la arquitectura de la poesía
y la concreción en el poema.
Quiero ver lágrimas.

Quiero la poesía.
Esa que vuela como libélula,
que esculpe su muerte
como mariposa.
Que sangra bajo la lluvia,
que se mueve como hipocampos
de la noche.

Quiero la poesía que hace llorar.
Esa que destapa la malicia,
esa que entra en el pecho
como daga.

Busco mi lugar en el mundo,
busco el horizonte,
rompo las fronteras.

Pero mi casa está en la palabra.
Y mi horizonte es la poesía.

He venido a escuchar las palabras.
Las pensé frescas como las flores
y jugosas como las frutas.
Pero están podridas y llenas de dolor.

Quiero ver
el viaje de la imagen.
Busco la danza festiva de la palabra
como vuelo de golondrina.
Quisiera ir hacia ella
y encontrar allí detrás
el sustento de la palabra.

Quiero ver el poema limpio desde aquí.
Quiero llegar a la poesía plena desde allá.
Quiero ver la palabra
recostada en su silla.
Quiero verla exhausta y fresca.
Quiero verla vivaz y moribunda.

Quiero verla exprimida
y llena de su licor…