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Un insólito experimento en el límite de las transgresiones

Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 18 de enero de 2017

Pocas veces he visto una conjunción tan insólita de acercamientos a un pensamiento expresado originalmente como lengua y cultura de partida francesas, -para colmo oralmente- por uno de los más notables traductores hispanohablantes de nacimiento de la  era contemporánea: Jorge Luis Borges, de origen argentino, políglota por inmersión en varias lenguas y culturas, y traductor por oficio y deleite, expuesto oralmente en el Collège de France en 1983, recogido por grabación y transcrito y retraducido a español como lengua y cultura de llegada por otro traductor llamado Juan Moreno Blanco. Cuesta trabajo mantener el hilo de este laberinto que no obstante “suena” bien

La conferencia de Borges fue filmada en vivo in situ por Alain Jaubert y François Luxereauy la grabación integral se conserva en la Videoteca de la ciudad de Paris y es de consulta pública. No pierdo la esperanza de verla alguna vez para enterarme de cuán cercano estuvo Moreno del mensaje de Borges, pues no tengo el dato si fue oyente presencial del conferencista, ni de qué forma o cuándo tuvo acceso a la grabación que le permitió realizar la transcripción que le sirvió de base para su traducción al español. Tampoco me he enterado si ese trabajo se hizo con autorización del argentino ni si éste tuvo alguna vez la oportunidad de revisarlo o de siquiera conocerlo. El único dato que tengo sin referencia bibliográfica es que esa traducción de Moreno se publicó en la revista colombiana Número. Por lo tanto, privada de hacer una comparación real entre una autotraducción y una retraducción que en definitiva vendría a ser la propuesta de Moreno, prefiero ir comentando aspectos del resultado final que me parecen relevantes en el “original” en el entendido de que se trata a fin de cuentas de un  acercamiento a Borges y a sabiendas de que la traducción perfecta es imposible, que únicamente puede alcanzar una aproximación al original y que su calidad entonces sólo puede juzgarse con arreglo al nivel de cercanía que logre con éste, que es justamente lo que no me ha permitido calibrar la forma en que he recibido la información.

…” Me piden que hable de la creación poética. (...) La creación poética (...) parte de la memoria y la memoria está hecha sobre todo de olvido; ya que la memoria, como dijo Bergson, escoge lo que quiere o debe olvidar. Yo escribí un cuento sobre un hombre abrumado por una memoria infinita, ese cuento se llama Funes el memorioso. Felizmente nuestra memoria no es infinita, uno puede olvidar, uno puede inventar. Y todavía hay otro hecho: que cada lengua es una tradición, una tradición literaria y poética. Yo no estoy seguro de que la palabra lune, por ejemplo, en latín, en español, en italiano, en portugués o en rumano sea la misma palabra que la palabra lune en francés. La palabra lune es más fina y además es una sílaba, como esa palabra inglesa, muy larga, moon.

Todas esas palabras no significan lo mismo, todas esas palabras corresponden a una literatura anterior, es decir, si digo lune hay que pensar que esa palabra ha pasado por Verlaine, que la palabra moon ha pasado por Shakespeare y que la palabra "luna" ha pasado por Virgilio; entonces, cada lengua es una tradición…”

Lo primero que resalto en Borges es su reconocimiento de que la traducción igual que la creación poética es un proceso cognitivo, mental, pero no propia ni exclusivamente un acto intelectual. El acto de la comunicación viene expresado en el lenguaje percibido en primera instancia como una secuencia de palabras que reflejan un contexto histórico y cultural, vale decir “una tradición literaria y poétca(…) que ha pasado por Shakespeare, por Verlaine y por Virgilio”

Borges explica cómo, según él un creador como Poe concibió su conocido poema El cuervo cuya traducción, también tentó a José Martí sin alcanzar por cierto, los resultados de Perez Bonalde, de Mallarmé y de Baudelaire. Dice el Argentino:

“Según él (Poe), comenzó por la idea del refrán; la importancia, la fuerza estética del refrán. Entonces pensó: los dos sonidos más sonoros de la lengua inglesa son [eer] y [oor], entonces llegó, inmediatamente, según él, a la palabra nevermore y después pensó: es bastante extraño que un ser dotado de razón repita continuamente la misma palabra, entonces pensó en un animal, pensó en un loro, pero en fin... la dignidad poética le hacía falta. El leía en ese tiempo Barnaby Rudge de Dickens y ahí encontró un cuervo, entonces el cuervo le sugirió el busto de Palas, el busto le sugirió una biblioteca y siguió así, por un sólido razonamiento, hasta la escritura de su bastante mediocre poema El cuervo. Según él, comenzó por el último verso, Shall be lifted nevermore!, y después escribió el resto para llegar a ese fin, un poco melancólico, diría yo. Y bien, esta teoría de la composición poética como un acto intelectual, como una serie de razonamientos y de silogismos es, me parece, del todo inexultable…”

Borges se adscribe a las más modernas teorías sobre la creación literaria y la traducción que, basadas en la neurofisiología propugnan que la mente, y lo que llamamos la inteligencia y el pensamiento lógico lo mismo que las respuestas emocionales no son más que funciones especializadas del sistema nervioso, del cuerpo, de la corteza cerebral. Sin embargo, la cultura occidental y mentalista propugna que la razón, la mente y el espíritu ocupan un nivel jerárquico superior en el proceso creativo en detrimento de la emoción que es visceral, y que por consiguiente han insistido en hacer creer que la creación literaria y la traducción deben regirse sistemáticamente por reglas abstractas o normativas y no intuitivamente. La somática y mejor decir, la ideosomática de la creación literaria y la traducción nos permite explorar el feedback que existe entre intelecto y emoción, entre respuestas cerebrales y viscerales.

El traductor también recurre no a un sistema cognitivo abstracto sino a lo que percibe y siente como concreto. El poeta ha cultivado esa habilidad. Los buenos traductores como Borges escogen palabras y frases para transmitir el sentido, no por referencia a un sistema abstracto de reglas “intelectualizadas” sino a mensajes o impulsos que le vienen del cuerpo. Una cierta palabra o frase se siente, suena como correcta. Interiormente, no sólo para los traductores, sino para todos los usuarios del lenguaje el sentido no es sólo cognición, sino también sensación. La intuición pues, también pesa sobre el lenguaje y organiza nuestro sentido lingüístico intelectualmente. Es lo que Ortega y Gasset llamó “Razón vital”.

"Y tenemos la otra idea. –concluye Borges- Es la antigua idea de la inspiración. (…) Y bien, la idea de la inspiración es la idea del poeta como secretario, digamos: como alguien que recibe el dictado de una fuerza desconocida. Entonces, los griegos pensaban en las musas, los hebreos pensaban en los reyes, en el espíritu... Esa idea es más posible. Se puede pensar también en lo que el gran poeta irlandés William Butler Yeats llamaba great memory, la idea de que en cada uno de nosotros yace la memoria de nuestros ancestros. Somos infinitos. Entonces el poeta no se puede reducir a su realidad personal y recibe cuando escribe esa gran memoria. Se podría pensar también en los arquetipos platónicos, eso sería lo mismo; es decir, uno tiene todo y uno lo expresa…”

Pocas palabras sobre la autotraducción. Mejor remitirnos al excelente trabajo publicado recientemente en esta misma sección por nuestra colega Olga Sánchez Guevara. Pienso que ahí se aborda lo esencial sobre el tema.

Editado por Heidy Bolaños

Lourdes Beatríz Arencibia Rodríguez, 2016-10-20
Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 2016-09-22