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Goethe traducido por Diego Vicente Tejera
 

Olga Sánchez Guevara, 06 de abril de 2017

Fueron muchos los intelectuales cubanos del siglo XIX que cultivaron la traducción desde distintas lenguas, con mayor o menor fortuna, con más o menos intensidad: José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carlos Manuel de Céspedes, José de la Luz y Caballero, Rafael María de Mendive, José Martí, los hermanos Antonio y Francisco Sellén, Juan Clemente Zenea, Mercedes Matamoros, Cirilo Villaverde y otros menos conocidos.
 

Sobre el papel de la traducción en la historia de la cultura cubana, afirma la investigadora Carmen Suárez León:
 

“...como voluntad de distanciamiento de la metrópoli, los criollos desplegarán un profundo intercambio cultural con Francia y con el resto de las literaturas europeas dominantes, como Inglaterra y Alemania. (...) esta experiencia del Otro que subyace en toda traducción, es el complemento necesario para la confirmación de nuestra propia literatura, y entre las culturas extranjeras y el proceso conformador de la nuestra (...) la diferencia es vía de afirmación de lo autóctono, al mismo tiempo que uno de los caminos de concertación entre lo universal y lo particular.”
 

Diego Vicente Tejera (1848-1903) fue poeta, periodista, ensayista y crítico literario, y la agitación de su vida, inmersa en la actividad patriótica y política, no le impidió escribir su propia obra y participar con otros colegas en traducciones como la del Lalla Rookh de Thomas Moore (lamentablemente perdida), realizada junto a José Martí y Juan Antonio Pérez Bonalde. Con este último colaboró también, de forma anónima, en la traducción de El libro de los cantares de Heine. En solitario Tejera tradujo los Diecisiete cantos magiares del húngaro Sandor Petöfi (su obra traduccional más celebrada), así como poesía de diversos autores, entre ellos Goethe, una de las cumbres de la literatura en lengua alemana.
 

Johann Wolfgang von Goethe, poeta, narrador, ensayista y dramaturgo, incursionó también en la filosofía, las ciencias naturales y la pintura. Nació el 28 de agosto de 1749 en Frankfurt del Meno, Alemania, y murió en Weimar el 11 de marzo de 1832. Entre sus obras más conocidas se encuentran las novelas Los sufrimientos del joven Werther y Las afinidades electivas, el drama Fausto, en dos partes, y colecciones de poemas como Diván de Oriente y Occidente y Elegías romanas. Sus creaciones literarias han sido traducidas a numerosas lenguas, llevadas al cine y musicalizadas.
 

La fama y el prestigio de que disfrutó Goethe ya en vida, propiciaron que varios escritores cubanos del XIX tradujeran sus obras, entre ellos Heredia (La novia de Corinto), Francisco Sellén, Enrique José Varona y otros. Presentamos a continuación dos poemas de Goethe traducidos por Diego Vicente Tejera.
***


El don más grato

Tu suerte, Midas, fue impía:
todo, aun el mismo alimento,
si lo tocabas hambriento,
en oro se convertía.

Mejor es la suerte mía,
pues cuanto toco, al momento
truécase en un pensamiento
de luz y de poesía.

¡Musas! Vuestro influjo blando
Solemnizo: el oro es nada
Ante tan precioso don.

Mas no permitáis que cuando
besarla quiera, mi amada
se convierta en ilusión.

Mignon

¿Conoces el país donde florece                     
el naranjo? ¡Cuál brilla el fruto de oro            
entre el follaje oscuro! Allí parece                  
venir del cielo el céfiro sonoro,                       
y allí junto al laurel el mirto crece…               
¿Lo conoces? ¡Allí, mi tierno amigo,              
quiero allí, solo allí, correr contigo!                

¿Conoces el hogar? Descansa el techo         
sobre pilares cien. ¡Cómo fulguran                
los salones allí! De trecho en trecho,            
hay estatuas de mármol, que murmuran       
al verme “¡Pobre niña! ¿Qué te han hecho?” 
¿Lo conoces, oh tú, que dulce abrigo            
me das? ¡Pues quiero allí volar contigo!        

¿Conoces la montaña? A veces falta              
el camino al viajero, entre la niebla.                
Allí las grutas de la cumbre alta                      
la antigua raza de dragones puebla,              
y cae la roca, y el torrente salta…                  
¿La conoces? ¡Allí, padre, te digo                   
que está el reposo! ¡Llévame contigo!

Editado por Heidy Bolaños