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Escritoras y traductoras de Portugal: hitos en cinco siglos (I)

Olga Sánchez Guevara, 11 de diciembre de 2017

“Es el olvido y no la muerte lo que nos hace quedar fuera de la vida.”
Mia Couto1

“No puede haber igualdad cuando más de la mitad del género humano carece de historia”.
                                                                                           Bonnie S. Anderson, Judith P. Zinsser,                
                                                                                           Historia de las mujeres: Una historia propia2


Mucho se ha avanzado en el camino hacia la igualdad de género, pero aún es escasa la proporción de nombres de mujeres en libros que relatan la historia de la literatura, el arte o la ciencia, o en textos de historia general; a pesar del importante papel que ellas puedan haber desempeñado en esos y otros contextos, se ha soslayado, y aún se soslaya en muchos casos, la indiscutible contribución femenina en todos los ámbitos de la sociedad. Intentando quebrar una vez más ese silencio, hemos querido indagar sobre la vida y obra de un grupo de escritoras y traductoras de Portugal, país cuya literatura no es tan conocida en Cuba, salvo excepciones como Eça de Queiroz, Fernando Pessoa y José Saramago.

Entre las muchas escritoras portuguesas dignas de mención, nos hemos enfocado solamente en varias cuyo aporte literario incluye la traducción, de manera directa o indirecta.3  Pues también es preciso romper el velo de silencio extendido sobre la traducción, a la que algunos han considerado labor ancilar: opinión que cuando menos puede catalogarse de festinada o superficial, tal vez atribuible al desconocimiento de otras lenguas y culturas. La traducción es parte inseparable y vital de los procesos literarios. Una piedra lanzada al agua origina incontables círculos concéntricos; del mismo modo, un texto traducido va suscitando infinidad de respuestas o reflejos, en un juego de ecos donde lo dicho en una lengua es repetido en otras lenguas por otras voces. Y cada voz enriquece a las demás, les añade sonoridades diferentes y hace posible que sean escuchadas en nuevos ámbitos.

A estas alturas no podemos valorar casuísticamente cómo influyó en la literatura portuguesa de su época la labor traductora de las escritoras aquí incluidas. Pero sin duda es imposible que pasara sin dejar huellas el acercamiento, mediado por las traducciones de estas mujeres, a autores como Eurípides, Horacio, Shakespeare, Dante, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen,4 Thomas Mann o Bertolt Brecht. 

Al no haber tenido acceso a todas las fuentes deseables y necesarias para una investigación más exhaustiva, la que aquí presentamos es solo una primera aproximación, con la que esperamos despertar el interés por la obra de estas escritoras y traductoras.

1. Siglo XV
La primera mención que hemos encontrado de una mujer traductora en Portugal, corresponde a Doña Filipa de Lencastre (1435-1476). Conocida también como Filipa de Coimbra, era la hija menor del infante Don Pedro, duque de Coimbra y cuarto hijo del matrimonio formado por Juan I de Avís y Filipa de Lencastre, la reina inglesa de Portugal –en inglés: Philippa of Lancaster (1359-1415)–, cuyo nombre heredó su nieta. 

Ciertos conventos femeninos de entonces eran refugio para mujeres de la nobleza que deseaban apartarse de la vida mundana. Aunque sin profesar, Doña Filipa se retiró a vivir al Monasterio de Odivelas, al que donó gran parte de sus bienes; allí se dedicó a la oración y el estudio durante casi dos décadas. Dominaba varias lenguas, incluido el latín, del que tradujo al portugués textos de San Lorenzo Justiniano, aunque se discute si esas traducciones fueron hechas por ella o por su prima la infanta Catarina.

Doña Filipa escribió textos políticos que testimonian el prestigio y autoridad de que gozaba su autora, en una época en que las mujeres apenas participaban en política. Además, es autora de varios tratados espirituales, entre ellos Nove estações ou meditações da Paixão (Nueve estaciones o meditaciones de la Pasión).

Del francés, Doña Filipa tradujo una obra titulada en portugués Evangelhos e homilias para todo o ano (Evangelios y homilías para todo el año), en la que aparece al final un poema de su inspiración. Es la primera mujer a quien se atribuye el título de poetisa en la literatura portuguesa.5

Otras mujeres escribieron e hicieron traducciones en esa misma época, entre ellas la ya mencionada infanta Catarina, hija del rey Eduardo I de Portugal, así como Leonor de Noronha, dama de noble ascendencia que tradujo del latín al portugués una importante obra historiográfica.

2. Siglo XVIII

No hemos tenido acceso a fuentes que puedan revelarnos fechas y datos de más escritoras y traductoras lusas en los casi tres siglos que transcurrieron desde la muerte de Doña Filipa de Lencastre hasta el nacimiento de Leonor de Almeida Portugal de Lorena y Lencastre, marquesa de Alorna (1750-1839).6 

Recluida durante dieciocho años, junto con su madre y su hermana,7  en el convento de San Félix de Chelas, Leonor estudió filosofía y lenguas, comenzó a escribir poemas y tuvo por preceptor al sacerdote Francisco Manuel do Nascimento, quien llegaría a ser un destacado poeta de la llamada Nueva Arcadia portuguesa8  bajo el seudónimo de Filinto Elísio. Fue él quien la bautizó con el nombre de una de las hijas de Marte, dios romano de la guerra: “Alcipe”, seudónimo con el que la futura marquesa de Alorna firmaría gran parte de su obra. Ya desde sus años en el convento la joven Leonor animaba tertulias literarias.
 
Liberada por la reina María I, Leonor contrajo matrimonio con el conde de Oyenhausen, oficial austríaco al servicio de la corona portuguesa. En los salones de su casa se realizaban convites a los que asistían algunos de los más importantes autores portugueses del momento, entre ellos Bocage, Almeida Garrett y Alexandre Herculano. La marquesa fue considerada la mujer más intelectual de Portugal en su tiempo, y se convirtió en musa de muchos escritores y poetas. Honrando su seudónimo de “Alcipe”, mujer guerrera, fundó la “Sociedad de la Rosa”, una organización secreta dedicada a combatir la amenaza napoleónica en Portugal y en toda Europa.

La marquesa de Alorna fue autora de varios tomos de poesía, en su mayor parte publicados después de su muerte. Muchos de sus poemas están impregnados de una melancolía tal vez atribuible a las trágicas circunstancias que rodearon su infancia y juventud.

Leonor se hizo notar también como pintora, y residió temporalmente en Londres y Viena, lo que contribuyó a que profundizara sus conocimientos de inglés y alemán. Su quehacer como traductora incluyó no solo esos idiomas, sino además el latín y el francés. Se dice que era capaz de escribir en las lenguas de las que traducía. 

Entre sus muchas versiones desde el alemán, el francés, el latín y el inglés, se cuentan los primeros seis cantos del Oberón de Christoph Martin Wieland; la “Oda” de Alphonse de Lamartine a Filinto Elísio; la Poética de Horacio; el Ensayo sobre la crítica de Alexander Pope; El rapto de Proserpina, poema de Claudiano en cuatro libros, y las imitaciones de “El cementerio de aldea”, de Thomas Gray; “El eremita”, de Oliver Goldsmith, y la “Oda” de Fulvio Testi. También realizó una paráfrasis de los ciento cincuenta salmos del Salterio bíblico. Las traducciones de Alcipe, junto a sus escritos y poemas, ocupan un lugar importante en la literatura portuguesa de su época.

Notas

1. Véase silenciosememorias.blogspot.com/2015/04/0738-beatriz-pinheiro-ii.html

2. Bonnie S. Anderson, Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: Una historia propia. Grupo Planeta, 2009, 1274 páginas. Citado por Joao Esteves, “Dos salões literários ao associativismo pacifista, feminista, maçónico, republicano e socialista”, en  http://lagosdarepublica.wikidot.com/associativismopacifista.

3. Tal es el caso de Beatriz Pinheiro de Lemos, editora de la revista Ave Azul.

4. Respecto a la repercusión de las traducciones de Andersen al portugués, véase Leonor Riscado, “Andersen em Portugal: das Traduções às Recriações”, en: http://magnetesrvk.no-ip.org/casadaleitura/portalbeta/bo/documentos/ot_andersen_portugal_a.pdf  

5. Véase Frade, Mafalda: “Contributo para a história da tradução em Portugal: as primeiras tradutoras conhecidas”, en: www.redalyc.org/html/3210/321046070007/.

6. Sobre la vida y obra de la Marquesa de Alorna escribió Maria Teresa Horta, descendiente suya, la obra As Luzes de Leonor (D. Quixote, 2011)

7. Acusados de participar en un atentado contra el rey José I, todos los miembros de la familia materna de Leonor, los Távora, fueron condenados a muerte por el primer ministro marqués de Pombal, a pesar de declararse inocentes. Leonor, su hermana y la madre de ambas fueron salvadas por la reina y la princesa heredera María. Llegada al trono la princesa bajo el nombre de María I, una nueva investigación imparcial rehabilitó la memoria de la familia, aunque nunca se hizo público el decreto real al respecto.

8. Los miembros de este grupo intentaban combatir los excesos literatura barroca, y orientar la poesía hacia una estética neoclásica, poniendo en primer plano la razón y el culto a lo natural.

 

 

Olga Sánchez Guevara, 2017-11-09
Olga Sánchez Guevara, 2017-09-25
 Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 2017-09-07