Apariencias |
  en  
Hoy es sábado, 18 de agosto de 2018; 5:38 PM | Actualizado: 17 de agosto de 2018
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 1630 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Carmen Conde, la primera mujer en la Real Academia Española

Alberto López, 16 de agosto de 2018

La escritura fue la pasión de Carmen Conde desde niña, cuando lo hacía debajo de la cama porque sus padres no apreciaban ni daban valor a sus aspiraciones literarias. Leer y escribir se convirtieron en una especie de obsesión que tuvieron su recompensa con una brillante carrera literaria y una prolífica obra tanto epistolar, como de poesía, prosa, ensayos y cuentos.

Carmen Conde fue pionera en muchos campos y se dedicó siempre al estudio. Conoció a grandes poetas de su tiempo, que incluso prologaron sus obras, y siempre aspiró a luchar como una más, en igualdad de oportunidades, por los derechos que hasta entonces solo disfrutaban los hombres. Cuando le llegó el reconocimiento de ser elegida la primera académica de número de la RAE más de 250 años después de su fundación, no dudó en recriminarlo en su discurso de entrada en 1979: “Vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria", le espetó a los académicos.

Carmen Conde Abellán nació un 15 de agosto, de hace 111 años -en 1907- en Cartagena. Con una infancia a caballo entre esa ciudad y Melilla, donde vivió de 1914 a 1920, y más tarde Madrid, donde se estableció definitivamente, pocos pudieron pensar que se dedicara desde niña a la literatura devorando libros y escribiendo debajo de la cama hasta convertirse en poeta, prosista, dramaturga, ensayista y una destacada maestra española, a la vez que es considerada una de las voces más significativas de la Generación poética del 27.

Su don de palabras en la infancia se hizo evidente cuando Carmen Conde vio publicados sus primeros escritos en la prensa nacional cuando tenía solo 15 años. Las memorias de esa época están recogidas en su obra ‘Empezando la vida’. Con 16 años aprobó unas oposiciones para Auxiliar de la Sala de Delineación de la Sociedad Española de Construcción Naval y empezó a trabajar, compaginándolo con colaboraciones en la prensa local. A los 19 años Carmen Conde empezó a estudiar Magisterio en la Escuela Normal de Maestras de Murcia, siempre con la mirada puesta en la literatura y en sus colaboraciones en prensa, que pronto se extendieron también a otras revistas, y con 22 años ya había escrito su primer libro, La Lectura. En 1925 publicó en los medios escritos un entremés titulado A los acordes de la pavana, con el que había obtenido el primer premio en los Juegos Florales convocados por la Asamblea Local de la Cruz Roja de Albacete.

Durante toda su vida Carmen Conde mantuvo una intensa correspondencia con la poeta Ernestina de Champourcín, en la que ambas siempre reconocieron la influencia en su poesía de Juan Ramón Jiménez, de Gabriel Miró, además de clásicos como Santa Teresa o fray Luis de León. En 1927 Carmen conoció al poeta Antonio Oliver Belmás y se hicieron novios. Terminó sus estudios de Magisterio en la Escuela normal de Albacete en 1930 y un año más tarde, el 5 de diciembre de 1931, la pareja se casó para participar en la puesta en marcha de la primera Universidad Popular de Cartagena.

Ese año, Carmen Conde había publicado su ensayo pedagógico Por la escuela renovada. A pesar de su frenética actividad literaria, Carmen se volcó en todos los proyectos personales que emprendía: por ejemplo, en 1933, ayudados por el Patronato de Misiones Pedagógicas, ella y su marido fundaron la revista Presencia, órgano de la Universidad Popular que contaba con biblioteca de adultos, biblioteca infantil, cine educativo y en donde se celebraban conferencias y exposiciones. Uno de los poetas invitados fue Miguel Hernández, que pasó a ser amigo íntimo del matrimonio. Después los visitaron en la Universidad Popular otros poetas e intelectuales de la época como Ramón Sijé, Margarita Nelken y María de Maeztu, entre otros. Durante esos años Conde trabajó también como maestra en la Escuela Nacional de Párvulos de El Retén.

En 1933 el matrimonio se trasladó a Madrid y sufrió la desgracia de que nació muerta su única hija, lo que se convirtió en un tema que aparecerá intermitentemente en su poesía el resto de su vida. En 1934, publicó Júbilos, prologado por Gabriela Mistral e ilustrado por Norah Borges, una obra escrita durante su embarazo y que explica su tono feliz. Carmen Conde, incansable, también trabajó como inspectora-celadora de Estudios del Orfanato de El Pardo, hasta que dimitió en 1935, mientras seguía colaborando con periódicos nacionales como El Sol.

Al estallar la Guerra Civil, su marido, Antonio Oliver, se unió al ejército republicano al frente de la Emisora Radio Frente Popular número 2. Conde le siguió por varias ciudades de Andalucía, pero regresó a Cartagena para cuidar de su madre. Precisamente el estallido de la guerra impidió que, en julio de 1936, Carmen accediera a la invitación de Gabriela Mistral, entonces cónsul de Chile en Lisboa, para visitarla, antes de viajar a Francia y Bélgica para estudiar las instituciones de cultura popular en aquellos países gracias a una beca que le habían concedido y a la que tuvo que renunciar.

Pero el afán de Carmen Conde por estudiar, aprender y devolver a la sociedad su creatividad continuó en la Facultad de Letras de Valencia, donde realizó cursos y aprobó oposiciones a Bibliotecas, aunque nunca llegó a ejercer. En 1937 Conde trabajó como maestra interina de la Escuela Nacional de niñas n.º 3 de Murcia e impartió clases a adultas analfabetas en la Casa de la Mujer de la Agrupación de Mujeres Antifascistas. La organización Mujeres Libres le publicó en esos años Enseñanza nueva, La composición literaria infantil, Poemas de guerra y Oíd la vida.

Al acabar la guerra, Antonio Oliver vivió recluido en Murcia en casa de su hermana y Carmen Conde vivió escondida en Madrid durante un año, escribiendo el poema en prosa El arcángel, inédito hasta los años 60. En 1940 se instaló en El Escorial con Amanda Junquera, la mujer de un catedrático de Historia Española que había conocido años antes y quien le marcó en su obra a partir de entonces por la estrecha relación que mantuvieron. Para comunicarse con su marido Carmen se valía de un amigo, director del diario La Verdad y además funcionario de Correos.

La década de los 40 fue la más productiva de Carmen Conde, y en ella utilizó como seudónimos Magdalena Noguera y Florentina Del Mar. Con el de Magdalena Noguera publicó obras de tono religioso y como Florentina Del Mar firmó cuentos para niños, ensayos y relatos. También realizó traducciones del francés y del italiano. El matrimonio de Carmen y Antonio volvió a reunirse en Madrid en 1945 y se trasladaron a vivir a la pensión Valls de la calle Goya, hasta que en 1949 pasaron a vivir al que fue el domicilio familiar, en la calle de Ferraz. Siempre con sus participaciones en medios de comunicación, desde 1944 hasta 1951 Carmen colaboró en Radio Nacional de España.

Sin embargo, Carmen fue juzgada por haberse decantado por la República, con fallo de sobreseimiento provisional en 1944 aunque con una nueva denuncia en 1949. A pesar de ello, mantuvo siempre su vertiginosa actividad, encargándose de la asesoría literaria de la Editorial Alhambra, colaborando en la Sección Bibliográfica del CSIC y en la Sección de Publicaciones de la Universidad Central de Madrid.

En esos años publicó algunas de sus obras poéticas más importantes: Ansia de la Gracia, Mujer sin Edén, Mientras los hombres mueren. Con el poemario Ansia de la gracia, Conde entró en el mundo editorial, ya que hasta entonces había hecho ediciones de pocos ejemplares. Es un poemario cuyo tema central es el erotismo y sus imágenes están en relación con la naturaleza, destacando entre ellos el poema "Primer amor".

Carmen Conde empezó a ser reconocida y eso le permitió recorrer España invitada a hacer lecturas poéticas e impartir lecciones mientras seguía manteniendo sus colaboraciones con múltiples revistas literarias. También viajó al extranjero para ofrecer recitales de poesía, conferencias y participar en congresos. En el año 1956 gestionó junto a su marido la cesión al Ministerio de Educación Nacional del archivo de Rubén Darío, que estaba en poder de la última compañera de este, Francisca Sánchez. El matrimonio Oliver Conde, por tanto, viajó a América y desarrolló una amplia actividad, publicando varias antologías: Once grandes poetisas americohispanas; Poesía femenina española (1939-1950) y un estudio Un pueblo que lucha y canta.

El julio de 1968 murió su marido, el poeta Antonio Oliver y, tres años más tarde Conde publicó la edición de sus obras completas. Volvió a vivir con Amanda Junquera, viuda también, y gracias a la directora del Ateneo Madrid hizo un viaje a China que plasmó en uno de sus últimos libros.

En 1978 fue elegida académica de número de la Real Academia Española (RAE), ocupando el sillón ‘K’, y el 28 de enero de 1979 pronunció el discurso de ingreso, titulado Poesía ante el tiempo y la inmortalidad. A partir de 1982 Carmen Conde comenzó a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, aunque no dejó de conceder entrevistas, participar en programas de radio y publicar.

Fue nombrada Hija Predilecta de la provincia de Murcia, Hija Predilecta de la Ciudad de Cartagena e Hija Adoptiva de La Unión. Recibe el Premio Benito Pérez Galdós de Periodismo, el Premio Adelaida Ristori del Centro Culturale Italiano y el Título de almirante del Estado de Nebraska, además de ser nombrada académica correspondiente de la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico.

En 1980 consiguió el Premio Ateneo de Sevilla por Soy la madre y recibió las llaves de la ciudad de Miami. En 1987, año en el que falleció Amanda Junquera, Conde recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Canciones de nana y desvelo.

En los últimos cuatro años de su vida, desde 1992, vivió en una residencia en Majadahonda. En septiembre ese año, Conde redactó su testamento dejando al Ayuntamiento de Cartagena, su ciudad natal, la totalidad de su obra literaria y la de su marido. Carmen Conde murió el 8 de enero de 1996.

Desde 1984, en reconocimiento a su gran aportación a la literatura española, la editorial Torremozas convoca el Premio Carmen Conde de poesía dedicado a mujeres. Tras su fallecimiento, su sillón en la Real Academia Española lo ocupó en 1988 otra mujer, la segunda en la institución cuyo lema es ‘Limpia, fija y da esplendor’, Ana María Matute.

Tomado de El País