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Necesitamos un profesor hechicero de la palabra

Madeleine Sautié, 07 de mayo de 2018

Todo el que sabe del revestimiento cultural que significa la lectura para el ser humano se ha preguntado alguna vez, temiendo por la salud de tan ventajosa práctica, si en los tiempos que corren su suerte peligra.

De tal modo la incógnita gravita con especial énfasis sobre los profesionales del libro, los cuales no escapan de ofrecer sus valoraciones si son invitados –en calidad de protagonistas– a algún espacio cultural; aunque también es frecuente que el tema gane terreno en claustros docentes y hasta en charlas hogareñas.

Pendiente del asunto, Granma conversó con el doctor Juan Ramón Montaño, asesor de la Dirección de Formación de Profesionales del Ministerio de Educación Superior, quien aseguró que en todo caso "lo que está en peligro es la lectura literaria, la del cuento, la novela, la poesía, porque hay un cambio de época, porque hay un cambio de gustos en los estudiantes".

¿Se lee cada vez menos o es apenas una apreciación?

Yo creo que hoy se lee más que nunca, en la medida en que se han ido desarrollando procesos de alfabetización y se ha ido tomando conciencia de que la lectura es importante para la formación del ciudadano, para que tengamos un pensamiento crítico y propio. La gente lee más ahora. La pregunta adecuada sería: ¿qué es lo que se lee?

¿Y qué es lo que se lee?

En Cuba los periódicos se acaban inmediatamente en cuanto llegan al estanquillo. Se leen muchos textos informativos y profesionales que generalmente no entran en ese concepto de lectura que tenemos, en el que creemos que leer es solo leer un libro. Hoy se lee muchísimo por Internet, la persona llega a su trabajo y lo primero que hace es abrir la computadora y leer sus correos, leer documentos. El problema es analizar a qué concepto de lectura nos referimos cuando creemos que está en peligro.

¿La tecnología digital podría menoscabarla?

La lectura ha sufrido muchos avatares y los sigue sufriendo en la actualidad. Los tuvo cuando surgió la radio, la televisión, el cine… sin embargo, creo que nunca morirá.

¿Sería conveniente especificar antes de absolutizar, antes de emitir criterios al respecto?

Habría que separarlas y definir de qué lectura estamos hablando. Se lee cuando revisamos un prospecto médico, cuando nos estamos informando, se lee en las redes sociales. Por lo que no se puede ser tan ligero al decir que está en peligro, lo que sí habría que analizar es la supervivencia de la lectura como disfrute, la del texto literario. Esa sí creo que ha estado en riesgo por disímiles razones, en primer lugar, por el propio objeto en sí mismo, por la propia naturaleza exquisita de la literatura, pero también, en el caso de nuestra sociedad, por las fusiones que ha habido en la enseñanza entre lengua y literatura. Lo lingüístico ha colonizado la enseñanza de la literatura.

¿Se emplean estrategias para rescatar el gusto por la literatura?

Hay un trabajo que nace de la propia preocupación de promotores y profesores y, creo que en Cuba hay una estrategia que tiene mucho que ver con una atmósfera favorable de lectura y lo vemos en los spots publicitarios, en la misma Feria del Libro, en el discurso en el que se le otorga un valor a la lectura del texto literario, pero sí creo que en educación los programas necesitan transformaciones.

¿Cuáles considera deben ser las acciones destinadas a esa transformación?

Creo que los programas deben ser más atractivos, atrapar mucho más al estudiante. Necesitamos un profesor que no solo enseñe a leer –en el sentido de decodificar lo que lee–, sino necesitamos un hechicero de la palabra que logre enamorar y atrapar a los alumnos por medio de la lectura. Hay que desacralizar la selección de textos que se orientan. No podemos seguir anclados en determinados textos. Creo que a la par de impartir e inculcar el amor por los clásicos también hay que agregar en los programas escolares aquello que se está publicando en el momento. Y aquello que ya se ha publicado, incluso algunos que son libros transgresores, que tienen que ver con sociedades inclusivas, con el otro diferente y cómo lo miramos; que tienen que ver con los conflictos existenciales que se nos presentan todos los días desde que abrimos los ojos cada mañana y despertamos al mundo.

Tomado de Granma