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Una entre(vista) al narrador Argenis Osorio
 

Clara Lecuona Varela, 21 de enero de 2019

 

¿Argenis, cómo te inicias en la Literatura? 

Tal vez mis inicios tengan que ver con la voracidad con que leía los libros que mi abuela me compraba de niño. Aunque pensándolo mejor, mis dos tíos por parte de madre, eran maestros y la cercanía con los libros era total. Me fascinaban las ilustraciones, y con cuatro años, las veces que me colaba en las clases, los turnos de Lectura eran mis favoritos. Ya a los cinco tuvieron que matricularme en primer grado pues leía e interpretaba mejor que muchos niños. Allí, entre casuchas con paredes de yaguas y techos de pencas de palmas, pisos de tierra blanca o blanquillo como también se le decía, perdidas en medio de los marabuzales, en la Doña Juana inolvidable de mis recuerdos, a unos 20 kilómetros de San Ramón, en el municipio Campechuela, ha de haber llegado esa vocación y ese amor por las letras. Con el tiempo, fue sencillo: me hice maestro, en Manzanillo, en 1988, no sin antes subir al Turquino, molestar muchísimo al poeta Yoel Mesa Falcón, con mis “creaciones”, escuchar a Sacha leer un fragmento de una novela donde el personaje era una casa, y enamorarme platónicamente de una preciosa profesora de Literatura (de quien lamentablemente no recuerdo el nombre, mas sí su figura) que escribía cuentos eróticos, los publicaba en el periódico y la censuraban casi al mismo tiempo. Pasaron veinte años, y aunque no escribía nada, por suerte, sí leí desaforadamente.
La vida y sus tumbos, Dios y sus planes divinos, me fueron llevando de un aula a otra, hasta que llegué a la radio, mi segunda pasión. Me reencontré con la escritura. Primero, mensajes cortos, después programas variados, y un día, dramatizados.
El siglo arrancaba y el Chino, en La Habana, seguía en el sueño dorado de echar palante el Centro Onelio, y yo no lo sabía. Una mañana leí una convocatoria en el periódico y guardé el trozo de papel en el bolsillo. “Y este pedazo de periódico?”, dijo mi mujer una mañana de domingo mientras se alistaba a lavar. Volví a leer la convocatoria de ingreso al Onelio. Y me decidí. Envié un par de cuentos muy, muy malos y olvidé el asunto, si te digo que esperé con ansiedad el telegrama, te mentiría. “Te llaman de La Habana”, dijo mi mujer, y entonces sí. Oír la agradable voz de Ivonne Galeano fue una fiesta. La semana siguiente ya rendía matrícula como uno de los 25 elegidos de todo el país, para la tercera formación del Onelio. Date cuenta que yo no había escrito nada. Imagínate llegar a un lugar donde los profesores eran: el propio Chino Heras, Amir Valle y el aludido Sacha, y compartir pupitre con Carlos Esquivel, para esa fecha con casi una veintena de premios en Cuba y el extranjero; Luis Felipe Rojas, Premio de poesía Revolución y Cultura, con un poema preciosísimo, que dice en una de sus partes: “hay un centro infinito al que llaman Dios”. También estaba Yoel Sequeda, después mi gran amigo, y para entonces premio Pinos Nuevos con Tiras de Pellejo. Y Alexis García Somodevilla, de Cienfuegos, premio de cuento El Caimán Barbudo, entre otros. Era una fiesta. Los que hablan bien y los que hablan mal, de las clases del Chino y del propio taller, saben que no hay nada que se le parezca en el mundo. Al año, ya publicaba mi primer libro de cuentos, y dos años después, el segundo. Diez años después, el tercero, y quince años más tarde, el cuarto. No dejé de escribir ni de leer ni un solo día, de hecho, habrá por ahí, en mis archivos, unos siete libros inéditos, ¿en sueño eterno? ¿Quién sabe? El tiempo de Dios es perfecto.
 

¿Por qué escoges la narrativa y no otro género, aunque según muchos es la más comercial?

Chica, pues, tal vez tenga que ver con que era lo más leía. Lo que me sedujo siempre. La rima me era fácil, la verdad, en la época de Cándido Fabré con la Original de Manzanillo, yo podría haberle emulado sin grandes sobresaltos. Las cuartetas, era lo mío, pero a la décima no llegué jamás. En cambio, en la narrativa me sentí como pez en el agua. Eso de contar historias, de armarlas como se levanta una pared de ladrillos, me ha encantado siempre. Clara, a estas alturas, no sé si hay algún género literario comercial. Es difícil, casi imposible ya, que un escritor viva de lo que produce, contrario al resto de las artes. Y posiblemente está bien que así sea, pues quien sabe si no estaríamos llegando de manera peligrosa, a ese sitio que tan bien se está. Pienso que si escritor que se acomoda, pierde por puntos. Increíblemente hay quien escribe para tratar de vivir de eso, y solo para eso. Le interesa sobre todo que le publiquen, le inviten a cuanto evento haya, ganarse tal o más cual premio y ya. ¿La Literatura? Bien, ¿y tú? Yo, venao que tira pal monte, me he refugiado en las montañas desde hace ya un buen tiempo y veo la vida pasar, como en la sala de un cine, como diría Nicolás Guillén. No escribo ni escribiré jamás pensando en llenarme los bolsillos. Sino como una necesidad irredenta de plantar bandera.
 

¿Quiénes son los escritores que te influencian?

Todos, pero García Márquez en primerísimo lugar. Tal vez por haber leído a los 12 años Cien años de soledad, y pasarme varios días como un zombi (para alarma de mi familia) me convertí en narrador. Medio en broma y medio en serio, digo que Convite de Cenizas (mi primer libro) es uno de los tantos hijos bastardos del Gabo. Luego, no, ya fui abriéndome a otros horizontes. Pero al principio sentía que era tan bueno que podía escribir como aquel tipo, ¡imagínate tú! De ahí palante, todo el mundo, cualquiera, y tal vez ninguno al mismo tiempo. Uno va forjándose un camino propio y cuando definitivamente sucumbe al hecho literario es porque sabe que no habrá nada en el mundo más importante que la escritura. Entonces hay un relax, una descarada y nutritiva apropiación que no cesa.
 

Hay quienes piensan en el proceso creativo como fruto de la inspiración, mientras que otros trabajan a diario. ¿En qué grupo estás?

Yo escribo a diario. La inspiración que me encuentre trabajando, diría el viejo Picasso. El problema es arrancar, la imbatible página en blanco, ya después es una fiesta. La imagen idílica de Narciso frente a las aguas, aguardando por la musa esquiva es ya, y para mí siempre lo ha sido, una auténtica invención.
 

¿Consideras que la geografía limita las potencialidades de los escritores?

La geografía no podrá limitar jamás a un escritor. “Tú puedes vivir en el desierto, escribir en el desierto, después mandas el libro”, me dijo un día el poeta Oscar Rojas. Y tiene razón. Eso no influye. Y hoy cada vez menos, querida Clara. Ya desde cualquier parte puedes saber qué está pasando al otro lado de la tierra. A un escritor puede limitarlo, únicamente su propia incapacidad, nada más. Pero si hay cerca una hoja en blanco y un lápiz, gana todas las guerras. De eso no me cabe la menor duda.
 

¿Consideras que existe una estructura adecuada que favorezca la promoción de los escritores y su obra?

Con todo respeto, amiga, yo no sé si existe eso. Tendríamos que pensar y repensar mucho las cosas. Habría incluso que sacar algunas cuentas, destrabar unos cuantos escollos. No puede ser suceder que de los escritores solo se hable de feria en feria y ya. No. Si los escritores y la literatura cubana, tuvieran en la televisión, un tercio del tiempo que se dedica a promocionar la música de este país, seríamos afortunados. Pero, eso no existe, ni hay señal de que tampoco sucederá. Realmente no sé qué pasa, pero tampoco me rompo mucho la cabeza. Yo quisiera, por ejemplo, que Yunier Riquenes dirigiera un canal literario, con frecuencia diaria, de al menos cuatro horas y cobertura nacional completa. Ahí, sí, otro gallo cantaría. Estoy seguro que la promoción estaría garantizada. Claustrofobias, promociones literarias, es un gran paso de avance, pero no es suficiente.
 

¿Qué temas te apasionan o te motivan?

A mí, como a tantos, me obsesiona el tema de la muerte. Ahora, después del viaje final de mi madre, el 22 de noviembre de 2016, me ha embelesado del todo. ¿Qué es la muerte, qué hay en ese minuto, en ese segundo final, se regresa, se hacen en verdad todas las cuentas, es la paz, digo, realmente se descansa en paz? Eso me obsesiona. Casi hasta el punto de enloquecerme. Obviamente, también escribo sobre el amor, el odio, las bajas pasiones humanas. A mí me encanta trabajar la parte más jodida de la historia, el apaleado por la vida, los ningunos, es lo que me interesa abordar.
 

¿Qué planes y proyectos futuros tiene Argenis Osorio?

¿Planes futuros? Yo no tengo planes. Tal vez terminar mi casa, sería un buen plan, meterle páginas a País Temporal, la novela que escribo desde
2015. Tener la voluntad y la salud para cumplir con mi serie radial anual para CMKC. Y tratar de ser feliz. Sí, creo que por ahí estaría la cosa.


 

Argenis Osorio (27 de junio de 1970, Doña Juana de San Ramón, Manzanillo, Cuba). Narrador. En 2013 ganó Mención en el Concurso Iberoamericano de Cuento “Julio Cortázar”. En 2015 ganó el Premio Ciudad del Che, convocado por la UNEAC en Santa Clara. Ha publicado: Convite de Cenizas, (Ediciones Santiago, cuento, Santiago de Cuba, 2002), Tras la piel (Ediciones Santiago, cuento, Santiago de Cuba, 2004), En este lado de la muerte (Editorial Capiro, cuento, Santa Clara, 2014), El orden natural de las cosas (Editorial, Sociedarte, novela, Santo Domingo, República Dominicana, 2015). La Asociación Austriaca de Escritores PODIUM en su antología sobre la Nueva Narrativa Latinoamericana (en español y alemán), y Le.Tra.S., Revista Literaria de la Universidad Metropolitana de Bayamón, de Puerto Rico, incluyeron su texto "La ventana" (2015). Tiene aún inéditos los libros: "Prohibido morir en La Habana" (novela, 2006), "Ante los ojos de Dios" (cuento, 2011), "Al sur de la calle Houston" (cuento, 2013), "Pequeño mundo perfecto" (cuento, 2014), y "El círculo musical del infierno" (novela, 2015).

 

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