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Ángel Gaztelu: vida eterna para el sacerdote poeta

Leonardo Depestre Catony, 29 de octubre de 2018

Sucede con el poeta Ángel Gaztelu lo que con otros integrantes, colaboradores o asiduos concurrentes del Grupo Orígenes: empieza a nimbarlo la leyenda.

Y si no fuera porque viven muchas personas que lo conocieron y lo recuerdan y porque su fotografía está ahí, frente a nosotros, al igual que su obra, pudiera tomarse al sacerdote poeta como un personaje casi mítico de la literatura cubana, una de esas personalidades que quienes no conocimos hubiéramos querido conocer, un poeta para leer y recordar.

Siempre habrá cosas nuevas por decir de este autor navarro. Y creo que todos cuantos atesoran testimonios acerca de él no deben callárselos. Vida y obra son atrayentes en él, y por ello nunca resulta ocioso un acercamiento a su personalidad.

Ángel Gaztelu Gorriti nació en Navarra, España, el 19 de abril de 1914 y a Cuba llegó en 1927, después de cursar los estudios básicos en su tierra natal. En el Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana hizo la carrera sacerdotal y allí se graduó en 1938. Veinticuatro años tenía entonces. Todavía en el Seminario publicó sus primeros poemas y allí mismo ejerció la docencia; pero además, en varias parroquias habaneras se escuchó su prédica cristiana, entre ellas la del Espíritu Santo, en La Habana, a partir de 1957.

El joven clérigo también lleva en sí otros grandes amores; uno de ellos el de la poesía, y halló seguramente un espacio idóneo cuando ingresó al consejo de redacción de la revista Espuela de Plata, entre los años 1939 y 1941.

“He de señalar como nota esencial de mi línea poética, que, cuando la poesía en mí más que una claridad era un fervor, conocí en 1932 a José Lezama, con quien desde entonces me une constante y entrañable amistad. A él debo mi iniciación y conocimiento en sumador y mejor parte de la poesía llamada nueva, la publicación de todos o casi todos mis poemas y que aquel fervor inicial más penetrado de claridad haya informado o tratado de informar mi exigua labor de poesía”, expresó Gaztelu.1

En 1940 publicó un primer libro, Poemas, y en 1955 un segundo, Gradual de laudes, por Ediciones Orígenes.

Como un ancho regazo me acoge tu silencio,
noche de corolas húmedas y goteantes ramas;
como una flor ingrávida abierta por el cielo,
goteas sobre el patio luceros o luciérnagas.
Nada se escucha. Oh soledad se siempre.
Oh seguro regazo del patio y de la casa.
Un tañido del aire recorre lo verde
y vibra en la penumbra como una campana.

(Nocturnos, fragmento)

Gaztelu trabajó diversos tipos de rimas y de métricas. Fue uno de los fundadores y asiduos del Grupo Orígenes nucleado en torno a José Lezama Lima y codirigió junto a él la revista Nadie parecía, de 1942 a 1944.

Tuvo ángel para aglutinar, hacer amistades eternas, sembrar recuerdos. Así, unos —no pocos— lo recuerdan, en las diversas locaciones donde se le destinó, como el párroco amigo; otros —que tampoco fueron, o son, pocos— lo recuerdan como el poeta de quien podían confiar una opinión honesta. Su dual condición de poeta y de sacerdote tendió puentes que aún perduran.

Cintio Vitier, su amigo, compañero generacional y crítico, ha señalado que en la poesía de Gaztelu “hay una fina captación de lo cubano como interior y como paisaje […] que no constituye nunca una obsesión ni un objeto de búsqueda, sino como un leal instrumento, en humilde sitio mantenida, de gloria diáfana y venturoso cántico”.

A partir de 1988 Gaztelu residió en Estados Unidos, manteniendo vínculos con sus amigos cubanos, y en 2002 visitó por última vez nuestro país, ocasión en que sostuvo un emotivo encuentro con Cintio Vitier, Fina García Marruz y Roberto Fernández Retamar.

Murió a los 89 años en Estados Unidos, el 29 de octubre de 2003. Han transcurrido pues, tres lustros de vida eterna para quien irradió confraternidad y sin ser nacido en Cuba ganó un espacio dentro de la poética insular del siglo XX.

1 Citado por Max Henríquez Ureña en Panorama histórico de la literatura cubana, tomo 2, página 436, Edición 1967.

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