Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 11 de diciembre de 2017; 3:44 PM | Actualizado: 11 de diciembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 438 | ver otros artículos en esta sección »
Página

El extraño caso de los autores extranjeros nacidos en Cuba

Leonardo Depestre Catony, 06 de diciembre de 2017

Hemos buscado, deliberadamente, un título del más puro género policial para llamar la atención del lector sobre una circunstancia singular: aquella que sitúa en Cuba el nacimiento de algunas celebridades foráneas.

Vayamos por partes. Son bastante conocidos los ejemplos de escritores nacidos en el exterior que arribaron a la Isla, se integraron a la sociedad cubana y desarrollaron dentro de ella la totalidad, o al menos una parte considerable de su hacer intelectual. Manuel Curros Enríquez, Camila Henríquez Ureña, Herminio Almendros, Juan Bosch, Rómulo Gallegos, Manuel Galich, Mario Benedetti y hasta el propio Ernest Hemingway, sin agotar la relación, deben a su experiencia cubana algunos capítulos de sus obras y de sus biografías.

Pero existe también el caso contrario, y menos frecuente, de aquellos que nacieron en Cuba y sin embargo son extranjeros dentro de su literatura. A la memoria de quien escribe vienen, cuando menos, tres ejemplos: los de Eduardo Zamacois, Pablo Lafarque e Ítalo Calvino, tan extranjeros dos de ellos que ni siquiera escribieron su obra en idioma español.

El santiaguero Lafargue

Pablo Lafargue nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1845, aunque con respecto al año algunos textos difieren. Su padre, Francisco, era de origen francés, y en la ciudad del oriente cubano se casó. Pablo asistió a buenos colegios en su niñez, tuvo entre sus maestros al patriota Pedro Santacilia, quien con los años sería yerno del benemérito de las Américas Don Benito Juárez. De Santacilia y de alguno otro de sus maestros es muy probable que escuchara entonces expresiones del sentimiento anticolonialista subyacente en la Isla.

Vivió en Cuba hasta la edad de nueve años, nunca más regresó, y de dicha etapa escribió en 1891: "He pasado mis primeros años en medio de las maderas y virutas. Mi padre era tonelero en Cuba. Amasó tras largos años de trabajo una pequeña fortuna que le permitió facilitarme mis estudios en el Liceo de Burdeos".

En 1865 participó en Londres en la fundación de la Primera Internacional Socialista y conoció a Karl Marx, de quien se convertiría en discípulo, colaborador y yerno al casarse con su hija Laura. Lafargue se convirtió en uno de los pensadores marxistas de mayor renombre por su activa participación en la vida política europea, intervino en congresos, fundó periódicos y tomó parte en la creación del Partido Obrero Francés. También sufrió persecución y encarcelamiento y hasta tuvo necesidad de emigrar a España tras la caída del movimiento comunero en 1871.

Fue autor de varios libros, uno de ellos traducido y muy conocido, El derecho a la pereza, de 1880. Otro de sus libros es El socialismo y la conquista de los poderes públicos, de 1899. Un pacto suicida, junto a su esposa, puso fin a la vida de ambos el 26 de noviembre de 1911.

Zamacois, de Pinar del Río al mundo

Eduardo Zamacois nació en 1873 (algunas fuentes citan el año de 1876), en Pinar del Río, la más occidental de las regiones de Cuba, hacia donde su padre había emigrado y donde casó. No existen precisiones acerca de la fecha exacta en que su familia lo llevó consigo a España, pero se sabe que fue en edades tempranas, cuando contaba alrededor de cuatro años, por lo que toda su formación transcurrió en la Península y nunca dejó de ser español, pues al nacer Cuba vivía aún en su período colonial.

Su expediente cubano termina ahí, pero al mismo tiempo abre el de una personalidad interesante, con una obra literaria que no siempre ha conseguido sobreponerse al juicio del tiempo, ni a la crítica que, más sosegada, puede ahora valorar lo que queda o no de la memoria de un autor.

La relación de sus obras es copiosa y se le tiene como uno de los más conspicuos autores dentro de la corriente de la narrativa erótica en España, que alcanza auge desde finales del siglo XIX hasta los dos primeros decenios del siglo XX. Por cierto, se le llamó “novela galante”, era de índole amorosa y también algo superficial, una suerte de desprendimiento de las corrientes realista y naturalista que tuvieron grandes momentos e ilustres representantes en la novelística europea finisecular. Obras como Incesto, El seductor, Memorias de una cortesana, Sobre el abismo y Las confesiones de un niño decente, revelan por sus mismos títulos el cuadro temático de Zamacois al que aludíamos.

Popular y muy leído en los comienzos del siglo XX, este pinareño es hoy un personaje acerca del cual se cuentan aún muchas historias. Exiliado con la asunción al poder del franquismo, su vida devino un peregrinaje por México, Estados Unidos y Argentina, donde murió en 1971, cuando algunos se preguntaban si el longevo y prolífico autor alcanzaría el siglo de vida.
 
Calvino, un italiano de Cuba

Ítalo Calvino nació en Santiago de las Vegas, Cuba, el 15 de octubre de 1923. El suceso tuvo lugar en la Estación Agronómica de ese municipio de La Habana. Su padre era el director de la Estación y su madre trabajaba allí también, como botánica. Pero la familia, que era italiana, regresó a su país en 1925 y el que más tarde sería famoso escritor no regresó a Cuba hasta el 25 de enero de 1964, o sea, casi cuarenta años después.

En su juventud, Calvino participó en el movimiento de resistencia antifascista italiano, etapa de la cual extrajo experiencias vitales que nutrieron su formación. Al año de finalizada la guerra en Europa apareció la primera de sus novelas: El sendero de los nidos de araña, a la cual sucedió una recopilación de cuentos bajo el título Último viene el cuervo, de 1949.

En 1952 publicó un libro que fijó en él las miradas de Europa: Las dos mitades del vizconde, traducido a varias lenguas, y cinco años después se anotó otro éxito con El barón rampante, por lo que siendo joven se convirtió en uno de los autores más conocidos del Viejo Continente.

La frustración, el aislamiento, la deshumanización, unas veces mediante el tratamiento de la alegoría y la fantasía, otras a través del humor, identificaron el estilo narrativo de Calvino.

A Cuba regresó invitado a participar en el jurado del Premio Casa de las Américas, y pese al trabajo que esperaba a los jurados, encontró espacio y tiempo para moverse a sus anchas por la ciudad y acopiar vivencias que por aquellos días le hicieron sentir un cubano más.

¿Que el caso no está concluido y quedan otros ejemplos? Cierto. Pero el expediente está abierto y lo tiene en sus manos… Prosiga usted.

Leonardo Depestre Catony, 2017-11-16
Alberto Garrandés, 2017-11-10
Jorge Luis Rodríguez Reyes, 2017-10-18