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Loló de la Torriente: una vida dedicada al periodismo y el ensayo

Leonardo Depestre Catony, 22 de agosto de 2017

La manzanillera Loló de la Torriente espera aún por el estudio biográfico y crítico que merece. Entre las mujeres nacidas a comienzos del siglo XX ella es una de las personalidades más abarcadoras y destacadas en el panorama de las letras cubanas, por su condición de periodista, escritora y ensayista, e igualmente por su quehacer intenso en el panorama político y social del país en los decenios del 20, 30 y 40.

Loló nació el 22 de agosto de 1907; fue en La Habana donde hizo estudios de doctorado en Derecho —concluidos en 1929— y ejerció la carrera. Además se dio a conocer por su activismo político, dentro del feminismo y del sector obrero principalmente. Lo confirman su temprana participación como delegada en el Primer Congreso de Mujeres y Primer Congreso Nacional de Estudiantes, en 1923. Y como no fue mujer de quedarse callada, sus opiniones se escucharon y dejaron entrever la presencia de una muy joven oradora y líder.

De cuna acomodada, muy vastas lecturas y tempranera vocación de justicia social, Loló de la Torriente fue coetánea y compañera de personalidades que hoy son casi míticas, a algunas de las cuales estuvo estrechamente vinculada. Cítanse aquí a Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Raúl Roa...

En la muy decisiva década del 20 se la eligió secretaria de Defensa Obrera  Internacional y activista de la Confederación Nacional Obrera de Cuba. Integró el comité de 7 mujeres representativas de los sectores oposicionistas al régimen de Gerardo Machado presentes en el velatorio y entierro del estudiante Rafael Trejo, asesinado por esa dictadura durante una manifiesta estudiantil, el 30 de septiembre de 1930, ocasión en que fue herido aparatosamente su primo Pablo.

Tras el derrocamiento de Machado y hallándose en Estados Unidos invitada por organizaciones obreras de esa nación, se la deportó y confinó en la cárcel de mujeres de Guanabacoa, donde permaneció un año.

En su libro Mi casa en la tierra, narra su ingreso en la prisión de Guanabacoa:

Las sensación de la cárcel fue haciéndose más real a medida que las horas transcurrían. El personal de guardia me tomó las generales, las huellas digitales y me envió a la galera alta, en calidad de detenida política, a disposición del Tribunal de Urgencia.

La prisión era un inmenso y casi destartalado caserón que había sido edificado en 1871 para cárcel de hombres. El patio era triste. Parecía que la vida no existía. Ni una planta ni una flor. Ni siquiera agua. Todo seco, estéril. El sol de diciembre entraba a los corredores pero sin calor ni brillo. Nada parecía moverse. El panorama era de quietud, de resignada espera… Una interrogación inquietó mi espíritu: ¿cómo emplear mis días?, ¿qué hacer, cómo trabajar y vivir, entre tanta gente extraña a mi vida?.

En cuanto a su producción periodística se afirma que la inició, al menos con carácter profesional, en México, en  1937. En esa nación, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas y los subsiguientes, pues permaneció más de un decenio, impartió clases en la Escuela Superior para Maestros del Distrito Federal, estrechó nexos con los representantes del movimiento obrero, además de recorrer la América Latina y Europa.

Su trabajo La Habana de Cecilia Valdés, la revela como ensayista, línea que continúa en su trabajo crítico titulado Estudios de las artes plásticas en Cuba (1954), Premio Nacional de la Secretaría de Educación Pública, y El mundo ensoñado de Eduardo Abela (1956).

Mi casa en la tierra, publicado  en México en 1956, es un ameno recorrido por la vida de la autora, que corre muy aparejada a sucesos importantes del siglo XX cubano. De ahí la importancia de sus comentarios sobre figuras de la historia a las cuales conoció personalmente y de las que ofrece aristas enriquecedoras.

Otro libro, Memoria y razón de Diego Rivera (1959), es el resultado de una larga relación de amistad y trabajo de Loló con el maestro Diego y su esposa, la también pintora Frida Kahlo, quienes la reciben en su casa de Coyoacán y la nutren de información. El libro de Loló de la Torriente permite un mejor y mayor conocimiento de la vida y obra del artista no ya para los cubanos, sino para los propios mexicanos y lectores  de cualquier latitud.

Y no olvidemos su biografía Torriente Brau. Retrato de un hombre, de 1968, compromiso contraído consigo misma de escribir sobre uno de los cubanos de vida más atrayente de la primera mitad del XX, quien fuera además su primo, aunque tal relación no sea en momento alguno asunto que ella mencione en su elegante prosa.

Aunque es muy variada la labor periodística de Loló —puede seguirse en El País, Prensa Libre, El Mundo, Carteles, Alerta, Gaceta del Caribe, Cuadernos Americanos, así como en revistas y diarios mexicanos— en la revista Bohemia su impronta es merecedora de un aparte por su continuada presencia en la sección “Esta es la historia”, donde publica bajo el seudónimo María Luz de Nora.

Ensayista, escritora infatigable, Loló de la Torriente, fallecida el 10 de agosto de 1983, legó una obra —parte muy pequeña de ella recopilada en libros, otra, más numerosa, publicada en trabajos periodísticas— de extraordinaria utilidad para los estudiosos de la historia y las artes en Cuba e Hispanoamérica.

Editado por: Nora Lelyen Fernández