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Dolor ajeno
 

Jesús Dueñas Becerra  , 08 de junio de 2017

Dolor ajeno es el título del estreno que la compañía teatral Aries llevara a las tablas de la capitalina sala El Sótano; obra escrita y dirigida por Raúl Enríquez, quien jerarquiza dicha agrupación, que está celebrando el vigésimo sexto aniversario de su fundación.
 

Raúl Enríquez, miembro de la Asociación de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es actor, escritor y dramaturgo. Desde hace más de dos décadas, jerarquiza ese colectivo artístico, y es autor —entre otras— de las obras Gangrena negra y Los ángeles se caen… En 2013, fue nominado al Premio Caricato de Actuación, que confiere la UNEAC.
 

La trama de esa divertida comedia gira alrededor de cinco pacientes con trastornos mentales, recluidos en un servicio de psiquiatría, y como parte de su rehabilitación psicosocial, realizan ejercicios terapéuticos que consisten en emitir quejidos en voz alta y señalar la zona corporal que les duele. Ese es, precisamente, el punto de partida que desencadena los conflictos que muestran —en sus relaciones interpersonales— un grupo de chiflados (incluido el enfermero que los atiende).
 

El elenco actoral está integrado por Argelio Sosa, María del Carmen Muiña, Miladys Hernández, Honorato Gutiérrez, Denis Colina y Estela Cristina (invitada).
 

Los enredos que signan la vida institucional de esos pacientes giran en torno al poder, al liderazgo, que según la mayoría debe estar en manos de quien tenga más recursos económicos, mientras una minoría — ¿más cuerda acaso?— estima que el jefe debe ser electo de forma democrática.
 

Por supuesto, vence la mayoría, pero —al final— esa mayoría se rebela, le quita la jefatura y el dinero al autoproclamado jefe, y se suceden las jefaturas hasta que se cierra el telón.
 

Los actores que participan en esa puesta se desenvuelven muy bien en el escenario, ya que dominan los códigos e indicadores en que se estructura el género humorístico, que —por cierto— no es nada fácil.
 

Por otra parte, son artistas caracterizados —básicamente— por la integralidad, porque no solo les confieren credibilidad a los orates que representan en el proscenio, sino también bailan al compás de la rumba, declarada patrimonio intangible de la humanidad, y rescatada en disímiles espacios musicales de la radio y la televisión insulares.
 

Entre otras cuestiones puntuales, habría que destacar el hecho de que los personajes no abusan de las palabras malsonantes, tan frecuentes hoy en el vocabulario dramatúrgico cubano, y que su empleo estaría justificado en ellos por el nivel psicótico de funcionamiento psicológico que presentan.
 

Si bien Dolor ajeno formula veladas críticas sociales, es una obra cuyo objetivo no es otro que divertir al público. En mi opinión, lo logra con creces.

Foto: Raúl Olivera Hernández

Editado por Heidy Bolaños

 

 

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