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Guatemala. José Martí: “(…) abrazo que nació del corazón”

Astrid Barnet, 14 de noviembre de 2018

Del 26 de marzo de 1877 al 27 de julio de 1878 nuestro José Martí residió en Guatemala, tras su estancia en México; este último, país donde se reunió con su familia –tras haber vivido en España como deportado político–, y de donde también se marchó producto de sus continuos trabajos periodísticos a favor del gobierno liberal derrocado. Sobre su decisión de marchar hacia Guatemala le escribe a su amigo mexicano Manuel Mercado el 3 de febrero de 1877:

“Voy a esa tierra humilde con el alma regocijada, clara y entera. No pronto a esperar, sino decidido a obrar. Yo, tengo en mí algo de caballo árabe y de águila; con la inquietud fogosa de uno, volaré con las alas de la otra”.

Y así también expone el prestigioso historiador Pedro Pablo Rodríguez López en su libro Guatemala. José Martí, obra con edición, prólogo y bibliografía de su autoría, y cuya publicación se debe al Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, que parte de la hermandad de ambos pueblos.

Al igual que en México –donde fue con anterioridad notablemente reconocido en los medios intelectuales– en la nación centroamericana realiza una actividad intensa en la esfera literaria:

“A Ciudad de Guatemala llega con cartas de recomendación de Bernardo, el padre de los Valdés Domínguez, quien había sido profesor del presidente Barrios, y de Ramón Uriarte, ministro guatemalteco en México (…). El ministro de Relaciones Exteriores Joaquín Macal, solicita su pluma para un enjuiciamiento sobre el Código Civil, recientemente promulgado por el gobierno de Barrios, y es nombrado en el mes de mayo, profesor de Literatura francesa, inglesa, italiana y alemana, y de Historia de la Filosofía de la Escuela Normal (…) Las instituciones docentes fueron importantes centros difusores de la cultura, e incluso creadoras de un ambiente favorable a la misma, más allá de los propios educandos. Figuras oficiales del gobierno contribuyeron a ello con su presencia en conferencias y debates públicos”.

De esa forma Martí llega a conocer y tratar a lo mejor de la intelectualidad de la hermana nación, y traslada a las aulas lo mejor del pensamiento humanista de aquella época, además de ser presencia continua en las tertulias culturales. En sus clases da a conocer a los filósofos clásicos alemanes, e imparte además un curso de composición para señoritas, al que asisten las hijas de las más connotadas familias, entre ellas, María García Granados.

Durante un discurso pronunciado en la Sociedad El Porvenir –la que se suma a las actividades culturales de la Escuela Normal–, ensalzó la prosperidad de ese país “canté a la Guatemala laboriosa, alba de limpieza, virgen robustísima, pletórica de gérmenes; canté una estrofa del canto americano, que es preciso que se entone como gran canto patriótico, desde el brillante México hasta el activo Chile (…). En un comentario publicado en el periódico El Porvenir se dice: “El Sr. Ldo. don José Martí, aventajado paladín en el arte del bien decir, pronunció un elocuente discurso que agradó muchísimo a la concurrencia”.

En carta escrita a su amigo mexicano Manuel Mercado, el 20 de abril de 1878, le confiesa que había impartido durante al año anterior un curso gratis sobre literatura europea, y que ese mismo año había decidido impartir otro también gratis, pero de Filosofía, en la Escuela Normal.

Según el doctor Pedro Pablo Rodríguez, al hacer mención a los escritos hallados del joven Martí en ese país, su mayor valoración se cimentaba en los problemas de América Latina, en los problemas que las repúblicas latinoamericanas arrastraron tras el logro de la independencia; y esto destaca en carta a Mercado, el 21 de septiembre de 1877, cuando le dice: “(…) dar vida a la América, hacer resucitar la antigua, fortalecer y revelar la nueva”.

Es el joven que va haciendo suya la causa latinoamericana, que va concientizando y profundizando en cada uno de los errores y problemas de los gobiernos surgidos tras la proclamación de la independencia en cada una de las tierras americanas; es el joven al que un pensamiento revolucionario radical, derivado de sus continuas experiencias durante sus viajes y labor profesional, le identificaría hasta el último día de su vida.

“En su primer trabajo guatemalteco, Los Códigos Nuevos, alaba el Código Civil, entonces recientemente promulgado, por constituir una legislación ajustada a su tiempo y a sus circunstancias sociales. Es llamativo en ese momento de juventud que Martí ya exprese un concepto tan acabado acerca del Derecho como una forma de la conciencia social, como diríamos hoy”.

En dicho trabajo, al hacer mención al elemento indígena no lo califica como atrasado, sino como natural. Es así que llega a describir cómo un proceso antagónico asimiló, por una parte, al pueblo conquistado e interrumpido en su desarrollo natural, y por otra, a una civilización devastadora. “Se ha creado un pueblo nuevo, en esencia distinto”.  Por vez primera se conoce de un pensador latinoamericano que tendrá siempre latente en sus escritos la presencia indígena durante el proceso de logro de la independencia.

“En su obra Guatemala, Martí describe también la síntesis de pueblos que constituyen nuestra América, y anuncia su progreso futuro, pues de su estado larval pasará a ser soberbia mariposa. Pero en ese texto expresa una idea todavía más importante: la necesidad de la unidad latinoamericana: ¡Por primera vez me parece buena una cadena para atar, dentro de un cerco mismo, a todos los pueblos de mi América!”.

Guatemala. José Martí, una obra que engrandece, porque “hay obras vivas de alma, en las que se envía al que las crea, abrazo que nació en el corazón” (1).

(1) Revista Universal, 10 de septiembre de 1875. T. 6. P. 325.