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¡Están todos invitados!, de Juan Carlos García Guridi

Ramón Luis Herrera, 09 de noviembre de 2017

La constante aparición de libros de poesía para niños, artísticamente cualificados, es una llamativa peculiaridad cubana que contrasta con la rareza de buenos títulos del género en los catálogos de las casas editoras del ámbito hispánico, por no decir del mundo entero. ¡Están todos invitados!, de Juan Carlos García Guridi (Batabanó, 1968), publicado en 2015 por Ediciones Montecallado, San José de las Lajas, es una muestra feliz de esa tradición creativa y editorial nuestra, derivada en primerísimo lugar del carácter no mercantil de la actividad librera insular.

El conjunto de García Guridi, que abre y cierra con respectivos sonetos de excelente factura, integra cuarenta poemas escritos mayoritariamente en el molde estrófico de la décima, tan caro al autor como poeta y estudioso. Sin proponerse experimentos, sino en diálogo con el acervo decimístico, y con tenaces recurrencias temáticas de la poesía infantil (los animales, los juegos, ciertos iconos del imaginario de la niñez, la exaltación de la amistad), el escritor logra un poemario marcado por la novedad de una mirada sensible y risueña y de un decir de seguro oficio estilístico.

Esa mirada personal —que tanto se echa en falta en mucho intento de poesía infantil encallado en la más gastada retórica— se encarna en textos que aúnan lo lírico y lo humorístico con notable coherencia:

TOMEGUÍN 

Mi tomeguín se ha teñido
la corbata con bijol
y ha echado el oro del sol
en la cesta de su nido.
¡Vaya pájaro atrevido,
émulo de los violines…
que de montes y jardines
para orgullo del batey
se ha convertido en el rey
de todos los tomeguines!

Precisamente la reiteración del pronombre posesivo “mi” y de los verbos en primera persona “quiero”, “tengo”, “construí”, “cabalgaré”, en muchos textos, indican la implicación del sujeto lírico en el mensaje, condición básica de lo lírico, sea como hablante adulto cercano al mundo de la infancia; sea como hablante niño o como una instancia de enunciación en que ambas posibilidades se confunden:

CHIPOJO

Tengo en el patio un chipojo
turista del flamboyán;
me gusta verlo en su afán
de decir que el cielo es rojo.
Yo ni jugando lo cojo…
me gusta verlo en su cama…
Y si en silencio me llama
lo acompaño, y con respeto,
disfruto cuando está quieto
sobre el color de una rama.

Lo lírico, además, se alcanza mediante una expresión de delicado asombro ante la belleza de lo real, realzada por imágenes de rica plasticidad, como las que se suceden en “Colibrí”:

El colibrí es tan pequeño
que parece que no existe
porque la magia reviste
su brevísimo diseño.
Abrió el cascarón de un sueño
con su temblorosa llave
y queriendo ser un ave
empequeñeció la luna
¡tanto!, que dentro de una
caja de fósforos cabe.

Sin incurrir en aleccionamientos, a veces provocando la sonrisa, un humanismo defensor de la naturaleza y de los valores universales atraviesa el cuaderno:

AVISO A LA ENTRADA DEL BOSQUE

Queda terminantemente
prohibido fumar aquí:
¡fumar aquí es algo así
como enfermar el ambiente!
Tosiendo están la serpiente,
la comadreja, el erizo,
el búho, el gallo cenizo,
la cigarra y el canguro,
por andar con tanto apuro
y no leer el aviso.

Lo humorístico, ingeniosamente esbozado o más directo y narrativo, se trenza con momentos de fina sensibilidad o aflora en décimas en que late el sabor de la improvisación popular, como en “Cerdo astuto”:

El cerdo fue al estanquillo,
un almanaque compró
y en el corral lo colgó
de un gigantesco bombillo.
Fue pillo, pero tan pillo
que no engordó su tamaño;
aunque pareciera extraño
el cerdo no era ignorante
pues ya faltaba bastante
poco para el fin de año.

Los poemarios escritos totalmente en un solo tipo de estrofa corren el peligro de la reiteración excesiva y del consiguiente rechazo del lector. En ¡Están todos invitados! se sortea ese riesgo mediante las diferencias temáticas y tonales y, ya en un plano más estrictamente métrico, la inclusión de los aludidos sonetos enmarcadores y de variantes como la décima arromanzada de “Deseo”, el airoso ovillejo de “Piñata”, la décima asonantada de “Azulejo”, la décima en pentasílabos y hexasílabos de “Elefante”, el “Rondel” que glosa con acierto dos versos inolvidables de José Martí o este inusual por qué de siete versos, resuelto, como los demás textos de tan disímil cosecha, con ágil fluidez sintáctica e invariable sentido del ritmo:

¿POR QUÉ?

Quiero que alguien me responda:
¿Por qué perfuman las flores?
¿Por qué enferman los doctores?
¿Por qué está el nido en la fronda?
¿Por qué la gula no es buena?
¿Por qué hay miel en la colmena?
¿Por qué la Tierra es redonda?

El libro comentado, que obtuvo el Premio Félix Pita Rodríguez, de la provincia de Mayabeque, ha sido publicado de forma sencilla y decorosa, aun cuando las ilustraciones, flanco débil de muchos volúmenes de las ediciones territoriales, se hallan bastante lejos, por su carencia de acabado artístico, de la calidad de la escritura.

¡Están todos invitados! demuestra que la buena poesía no conoce barreras de edades si a la hondura de sus contenidos se le une el certero dominio del lenguaje; si es fruto, en suma, del talento de una voz plena de resonancias intertextuales e irreductiblemente propia. ¡Buen comienzo del laborioso y fraterno hijo de Batabanó en el universo en apariencia pequeño, pero creativamente muy retador, de la poesía para la infancia!