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Benigno Souza, cirujano eminente y escritor necesario
Leonardo Depestre Catony , 18 de mayo de 2007
Benigno Souza asumió la historia como una suerte de violín de Ingres, porque su verdadera “profesión” era la medicina, la cual le dio renombre e hizo de él uno de los notables hombres de ciencia de la primera mitad del siglo XIX cubano. Hoy, sin embargo, al doctor Benigno Souza se le recuerda mayormente por su obra escrita, donde la historia se entreteje de manera amena, no exenta de pasión y cargada de verdad (la de haber sido testigo de los hechos), que deviene así documento de inestimable valor para el acercamiento al pasado. Nació el 21 de mayo de 1872, hace 135 años.

Tuvo su cuna en Corral Falso de Macurijes, provincia de Matanzas. Allí, en el ingenio Arratia, transcurrió su niñez hasta la adolescencia, cuando su padre lo envió a estudiar en la ciudad de Matanzas. El joven Souza terminó los estudios de bachillerato y cursó los de Medicina en la Universidad de La Habana, en tanto su familia se trasladaba para las cercanías del pueblo de Quivicán, por donde incursionaban las tropas mambisas. Souza padre colaboraba con los independentistas, por lo que Souza hijo conoció a importantes jefes del movimiento insurreccional. Durante la Invasión a Occidente, en enero de 1896, los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo acamparon con sus fuerzas en el batey del ingenio La Rosa, donde vivían los Souza, y el joven trabó sus vínculos iniciales con el general Gómez. A partir de 1899, fecha en terminó los estudios universitarios, Benigno Souza inició una carrera exitosa en el terreno de la cirugía.

A medida que pasaron los años, se acrecentó cada vez más su afición por la historia y la escritura. “Por distraer mis ocios forzados me aficioné a registrar los Anales, a revolver los Archivos de nuestra guerra de independencia, y por tanto, no vengo a ser más que un dilettante de las cuestiones históricas, y nunca un profesional de estas materias.” Ante su modestia proverbial, vale ofrecer aquí la opinión autorizada del crítico Max Henríquez Ureña, para quien Souza “logró dar una impresión personal y directa del gran estratega Máximo Gómez.

La bibliografía de este autor no se limita al libro suyo más conocido: Máximo Gómez ―El Generalísimo, publicado en 1936. También incluye Máximo Gómez y las invasiones de 1875 y 1895 (1932), Biografía de un regimiento mambí (el regimiento Calixto García) (1939), Ensayo histórico sobre la Invasión (1948), además del ensayo La medicina primitiva (1945). Cultivó asimismo el periodismo, y sus trabajos pueden encontrarse en varias publicaciones periódicas. Souza murió a los 82 años, el 19 de junio de 1954. Disfrutemos de este fragmento de su biografía del Generalísimo:

“La verdad es que Máximo Gómez, como Hernán Cortés, Bolívar, el Mariscal de Sajonia, Maceo y otros grandes hombres de la guerra, tenía muy bien templada la cuerda viril. Sin embargo, durante la última campaña de Cuba fue casto como un monje de la Tebadia, ejemplo practicado exprofeso para sus soldados, entre los cuales, de seguro, no brillaba como virtud la continencia. Grande fue, pues, la sorpresa de los de su Estado Mayor cuando, a su entrada triunfal en La Habana, rodeado como estaba siempre en la Quinta de los Molinos de un coro de admiradoras, le vieron, viejo ya, posar sus ojos, y aun sus manos, en alguna de ellas, acontecimiento sensacional para esos hombres, sus compañeros, los que habían atribuido en la guerra el despego de Gómez a las damas, no a votos, sino a sus años."

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