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Ramón de la Sagra, o el porqué de este homenaje
Leonardo Depestre Catony , 25 de mayo de 2009

Ramón de la Sagra no fue propiamente un escritor, aunque sí dejó una obra escrita vastísima sobre Cuba. Otro detalle curioso: tampoco era cubano, sino gallego. Pero aún así es necesario recordarlo por la utilidad de sus textos y porque fueron varios los años que pasó en Cuba, muy vinculado al ambiente intelectual de la Isla y como testigo activo de la vida sociocultural de la colonia.

La prosa de Ramón de la Sagra dista de ser elegante, adolece de descuidos. Con todo, escribió versos en los cuales se perciben los mismos defectos. Max Henríquez Ureña apunta de él:

“Sin ser La Sagra escritor ni hombre de ciencia (aunque andando el tiempo amplió bastante sus conocimientos), su laboriosidad y constancia corrían parejas con su ambición de alcanzar renombre, y acometió una empresa magna, de positivo mérito y utilidad, como es la obra que dirigió y llegó a publicar venciendo continuas dificultades,”

Hablemos pues ya, de la obra en cuestión. Se tituló Historia física, política y natural de la Isla de Cuba, con un volumen de información muy apreciable para su época, en doce tomos, profusamente ilustrada y cuya publicación le costó gran esfuerzo, tiempo y tenacidad.

En Francia contrató los servicios de varios naturalistas para la redacción de la obra, asumiendo para sí la redacción de la información sobre geografía y temas estadísticos (clima, población, agricultura, comercio, fuerzas armadas, rentas y gastos...). Publicada en idiomas español y francés, es el propio Ramón de la Sagra quien escribió:

“Mi voluminosa obra, impresa con un lujo mal calculado, sufrió durante su publicación singulares extravíos y pérdidas de tal consideración en su texto, que la condenaban a ser poco conocida, aun antes de estar concluida.”

Nacido en La Coruña, España, en abril de 1798, arribó a Cuba a comienzos de 1821. Recorrió varias ciudades del país durante su primera estancia, después regresó a la Península y de nuevo estuvo de vuelta en Cuba en 1823, esta vez en mejor posición económica, con el apoyo necesario para ocupar una cátedra de Historia Natural.

Se hizo miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País y en 1827 se le expidió el nombramiento de director del Jardín Botánico de La Habana. Junto a otros cubanos eminentes, entre ellos el doctor Tomás Romay y el maestro José de la Luz Caballero, se le invitó a constituir la Academia de Ciencias Médicas de La Habana, correspondiéndole el mérito de ser el iniciador de los estudios de geología y mineralogía en Cuba, sistematizando la observación de diversos parámetros meteorológicos.

Hombre de afanes investigativos, con una muy vasta curiosidad por el conocimiento, la obra escrita de Ramón de la Sagra incluye títulos sobre botánica, agricultura, industria rural, temas económicos, población comercio, etcétera, lo cual prueba que estamos en presencia de un polígrafo.

Aunque dentro de las miras de este intelecutal estuvo siempre servir a la Isla por ser esta una posesión de España, abogó en favor del desarrollo de la economía en Cuba. Sin embargo, enjuició la esclavitud con severidad y comprendió que a la larga era perjudicial para la economía insular. Como hombre interesado en las ciencias, estaba imbuido del pensamiento europeo de la época y en modo alguno se apegaba a los tradicionalismos que alejaban a España de las corrientes del desarrollo más adelantado en el continente.

Los textos de Ramón de la Sagra —y ello es lógico— no conservan el valor que más de un siglo y medio atrás se les confirió, pues se redactaron desde la óptica del pensamiento colonialista. Pero tampoco es para olvidarlos del todo: se trató de una de las personalidades intelectuales y científicas más prominentes de la Cuba colonial.

Ramón de la Sagra regresó a Cuba por última vez en 1859, después de lo cual volvió a Europa con nuevos datos que incorporó a un volumen titulado Cuba en 1860.

Murió en París el 25 de mayo de 1871, a los 73 años y su presencia —ya lo habrá observado el lector— bien se justifica en esta columna cuando se cumplen 138 años de su fallecimiento.

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