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Estatuas de sal
Leonardo Depestre Catony , 04 de enero de 2010

Quienes no alcanzaron la primera edición del libro Estatuas de sal, ahora están de plácemes. La primera, de 1996, voló de las librerías, y esta segunda, con sello de Ediciones Unión, 2008, si no se apura, tal vez tampoco la encuentre. Si eso le ocurre, entonces lléguese a alguna biblioteca pública y pídala en préstamo, porque vale la pena.

Es un texto voluminoso, de casi 400 páginas, con diseño de cubierta atrayente, de Reina Segrera, y porta el siguiente subtítulo: Cuentistas cubanas contemporáneas. La compilación estuvo  a cargo de Mirta Yáñez y de Marilyn Bobes, quienes además figuran entre las narradoras incluidas, un total de 43. Pero ojo, que bien lo explica Yáñez en su nota a la segunda edición: no es una antología, pues su carácter no es precisamente excluyente, sino un panorama, “con la mayor inclusividad posible, que permita seguir el discurso en su desarrollo histórico”. 1

También se advierte que aparecen aquí las mismas narradoras que en la primera edición, pues “cualquier cambio implicaría transformar hasta el título, porque lo cierto es que las estatuas de sal se han movido y se han colocado a la vanguardia del movimiento literario cubano”. 2

Expuestas las dos principales aclaraciones de Mirta Yáñez —también ensayista y poetisa—, demos paso a estos libérrimos comentarios.

Aparte de los sólidos argumentos de Yáñez en su ensayo introductorio (“Y entonces la mujer de Lot miró…”), el libro queda integrado por dos secciones que bien pudieran llamarse “antes” y “ahora” y que las compiladoras titularon “Antepasadas… y todavía vivas”, y “Cuentistas cubanas contemporáneas”.

La primera es un merecidísimo homenaje a las fundadoras. Satisface al lector volver sobre las páginas de una siempre habanera Condesa de Merlín y una siempre cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, así como verificar la perpetuidad de la obra narrativa de figuras como Lydia Cabrera, Renée Méndez Capote, Loló de la Torriente, Dulce María Loynaz y Mary Cruz, por citar solo a algunas de las cuentistas incluidas del ayer.

Recomendamos leer con ávido cuidado estas narraciones iniciales que nos descubren las preocupaciones, temas, conflictos y afanes de una época en que las mujeres escritoras de cuentos (no así las poetisas) devenían casi una novedad, o suerte de “admiración” entre el corrillo eminentemente masculino de las letras insulares y hasta hispanoamericanas.

La segunda sección, “Cuentistas cubanas contemporáneas”, constituye el grueso del volumen, o un libro en sí misma, según prefiera. Las autoras, nacidas a partir de la tercera década del siglo XX y como quien dice, “hasta nuestros días”, ilustran, por sus diversas maneras de afrontar la narrativa, el empleo del lenguaje y los tópicos, verdadero arco iris para complacer o no el variado criterio de los lectores, quienes no tienen por qué disfrutar de todos por igual (ni tampoco que dar su visto bueno a todos pues “para los gustos se han hecho los colores”), aunque sí sugerimos la lectura completa por ser el mejor modo de comprobar que “la búsqueda de la identidad ha sido una inquietud y un desafío para todos, y dentro de esos desvelos, las narradoras cubanas como la bíblica Mujer de Lot, aún corriendo el riego de convertirse en estatuas de sal, han abierto los ojos y miran… y cuentan”. 3

A pesar del riesgo de hacer extensa la enumeración, quiero registrar los nombres de las autoras que conforman esta sección: Marta Rojas, Esther Díaz Llanillo, María Elena Llana, Sonia Rivera-Valdés, Lourdes Casal, Omega Agüero, Évora Tamayo, Josefina Toledo, Olga Fernández, Ana María Simo, Uva de Aragón, Nora Maciá, Exilia Saldaña, Rosa Ileana Boudet, Mirta Yáñez, Enid Vian, Nancy Alonso, Josefina de Diego, Mayra Montero, Marilyn Bobes, Achy Obejas, Ruth Behar, Gina Picart, Chelo Lima, Aida Bahr, Zoe Valdés, Adelaida Fernández de Juan, Mylene Fernández Pintado, Verónica Pérez Konina y Ena Lucía Portela.

Casi todas residentes en la Isla, otras en el exterior, el libro permite conocer y valorar la obra de quienes, aquí o allá, configuran el discurso narrativo femenino y le ofrecen diversidad de matices, con una libertad temática donde tienen cabida el humor, el sexo, el amor, la fantasía, el absurdo, la marginalidad, el misterio, tal como debe ser un panorama de la cuentística femenina contemporánea.

Por último, y no menos importante que el ensayo introductorio, lo son otros dos que cierran: uno a cargo de Luisa Campuzano, «La mujer en la narrativa de la Revolución»; y el otro, suscrito por Nara Araújo, que lleva por título «La escritura femenina y la crítica feminista en el Caribe: otro espacio de la identidad».

Aunque no es el único texto que aborda el tema de las cuentistas cubanas, Estatuas de sal, es, tal vez, el más completo y variopinto en su propósito, el que mejor nos da la nota, la medida exacta del peso de estas voces femeninas dentro del contexto de la literatura cubana actual.

1 Mirta Yañez: Estatuas de sal, Ediciones Unión, La Habana, 2008, p. 6.

2 Ídem, p. 7.

3 Idem, p. 42.

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