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José María Arguedas: 50 años después

Leonardo Depestre Catony, 02 de diciembre de 2019

José María Arguedas es uno de los autores peruanos cuyo quehacer más contribuyó a incorporar la cultura indígena de su patria a la literatura peruana, en un país donde coexisten dos culturas, la andina de origen quechua y la urbana de raíces europeas, necesitadas de integrarse para afianzar los valores de una cultura, en consecuencia, mestiza.

Arguedas nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, zona andina olvidada y de gran penuria, pero no quiere esto decir que él fuera pobre: su padre, el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas, realizaba funciones de juez en diversos pueblos de la región y desde pequeño se nutrió José María de los ambientes, costumbres, creencias, lenguas y valores autóctonos que después incorporaría en su obra.

Llegó a vivir dos años con los indios, no obstante, hizo estudios y matriculó en la Universidad Nacional de San Marcos, Lima, experiencia que para él significó un reto por la necesidad de adaptarse a las costumbres y ritmo citadinos, sin renunciar a la cultura andina. Es el suyo un interesante proceso de asimilación e interpretación de unos y otros valores, fenómeno que se aprecia en su esfuerzo por ofrecer, desde sus primeras obras (relatos y novelas), una visión lo más fidedigna posible de la vida que ha dejado atrás, pero no ha olvidado, de la cultura andina.

Desarrolló una vida activa como profesor en diversos colegios, colaboró en la reforma de los planes de los estudios secundarios y finalmente, en 1949, quedó cesante por considerársele comunista.

No obstante, pocos años después se le nombró Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y dio inicio a la publicación de la revista Folklore Americano −órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario− al frente de la cual permaneció por un decenio.

Numerosos fueron los cargos relevantes que Arguedas ocupó dentro del panorama cultural peruano: director del Museo Nacional de Historia, catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos, profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina…

Entretanto, escribía. La novela Yawar Fiesta (1941), es una de sus obras más conocidas; súmanse, entre cuentos y  novelas, Diamantes y pedernales (1954), Los ríos profundos (1958); El sexto, (1961); Todas las sangres (1964)…, además, ensayos y poesía.

Como narrador nos legó una prosa expresiva, vigorosa, nada contemplativa, estremecedora por la identificación que establece con los intereses del indio; si en ocasiones su narrativa es áspera se debe al afán de desvelar los valores morales con la sobriedad de alguien que bien conoció el tema.

En cuanto a su vida personal, Arguedas se debate entre dos mundos culturales, aunque cada vez más se enmarca como defensor del universo cultural andino, con sus dolores, frustraciones, esperanzas. El propio dilema de su existencia es el de sus textos.

El concurso literario que anualmente convoca la Casa de las Américas lo trajo por La Habana, en condicion de jurado, en enero de 1968. Era ya conocido de los lectores, dos años antes, en 1966, la propia editorial de Casa de las Américas le habia publicado Los ríos profundos, que cuenta la historia de un niño mestizo, criado entre indios y después educado en un colegio de provincias. El libro describe con intenso lirismo el panorama de pobreza e injusticia social en la antigua tierra de los incas. También conocida en Cuba lo era Yawar Fiesta, en la que narra las prácticas ceremoniales del pueblo indígena, su carácter y costumbres.

El profesor Salvador Bueno lo conoció y ofrece este esbozo de José María Arguedas:

Lo vi desde el primer día serio, reconcentrado, siempre acompañado por su esposa. Entre jornada y jornada de trabajo, los jurados realizaban breves excursiones a lugares cercanos a la capital. Entre ellos iba Arguedas. Hablaba quedamente, sin ningún acento peculiar, con los escritores amigos. Hacía alguna referencia, inquiría, deseaba conocer aspectos destacados del trabajo cultural.

Durante su estancia en la Isla, Arguedas visitó la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, recorrió la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, habló de las letras peruanas en conferencia dictada en la Casa de las Américas.

Sencillo y natural, en Arguedas tuvo el pueblo peruano a uno de sus grandes novelistas y cuentistas, a uno de quienes mejor conoció y describió el mundo interior del indio. En aquella ocasión narró acerca de su vida:

A mí no me permitían ir a la escuela. Me hacían levantar a las cinco de la mañana para traer leña, para hacer todos los trabajos que hace un indio. Pero como no era indio, como era hijo de un abogado —mi padre era Juez de Primera Instancia en un pueblo que estaba un poco lejos de la aldea— entonces la población indígena me tomó prácticamente bajo su protección. Viví íntimamente con esa gente (...) me identifiqué enteramente con ellos.

De personalidad compleja, cierto retraimiento y dotado de sensibilidad extraordinaria para captar los matices más sutiles de la vida peruana, de Arguedas se afirma que sufrió un desgaste síquico intenso que, unido a la situación nacional de crisis en su país, lo condujo al suicidio el 2 de diciembre de 1969, con lo cual se convirtió en figura mítica, emblemática, de la intelectualidad y de los movimientos defensores de los derechos indígenas. Lo sigue siendo hoy día, a medio siglo de su desaparición física, y por tal razón CubaLiteraria lo recuerda y honra su memoria.

Foto tomada de UACh