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Premio de la Crítica Literaria, una oportunidad para autores y editoriales

Arleen Alentado Echagarrua/ Foto tomada de Cubarte, 02 de diciembre de 2019

Una vez más el Centro Cultural Dulce María Loynaz fue sede para el homenaje de escritores merecedores de un importante lauro, el Premio Anual de la Crítica Literaria 2018.

Presidieron la entrega del reconocimiento Ileana Flores Izquierdo, viceministra de Cultura,;Miguel Barnet, presidente de la fundación Fernando Ortiz y presidente de honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; Rafael González Muñoz, presidente de la Asociación Hermanos Saíz; Juan Rodríguez Cabrera y Nancy Hernández, presidente y  vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro, respectivamente; y Josué Pérez Rodríguez, director del CCDML.

Este galardón se le entrega a los títulos literarios o artísticos más importantes publicados por las casas editoriales cubanas en el transcurso de un año. Es convocado desde el Centro Cultural Dulce María Loynaz por el ICL y a través del Círculo de la Crítica. Su objetivo fundamental es estimular la creación de los autores conjuntamente con el trabajo de las editoriales.

Un jurado presidido por Jesús David Curbelo e integrado por Rogelio Rodríguez Coronel, Basilia Papastamatíu, Rafael Grillo, Laura Ruiz, María Antonia Borroto y Yunier Riquenes, en su calidad de miembros del Círculo de la Crítica Literaria, analizaron y seleccionaron por su valía las obras de los autores premiados.

Luego de leer los libros en concurso e intercambiar criterios durante más de dos meses de trabajo, el jurado acordó premiar por unanimidad varios textos. Entre ellos la novela de Arturo Arango No me preguntes cuándo, publicada por Ediciones Matanzas, «una obra de indudable mérito que trae consigo valiosísimas reflexiones sobre lo trasnacional a través de subjetividades e historias privadas y sociales del personaje muy bien trazadas», coincidieron los miembros del tribunal.

El ensayo Para amanecer mañana, de Lazara Menéndez, publicado por la editorial UH, mereció este premio por ofrecer un acercamiento a las religiones cubanas de antecedente africano, desde la perspectiva de los estudios de género. Resaltó el jurado «lo meritorio de sus apuntes etnológicos y socioculturales a través de un lenguaje que aúna mitos, proverbios y cultura oral, asentados en una valiosa riqueza de pensamiento».

La Habana nuestra de cada día, crónicas de Laidi Fernández de Juan, que ven la luz gracias a Ediciones Boloña, constituyó otro de los títulos premiados por «sumarse con virtud a lo más representativo de nuestra tradición de cronistas, plasmando sagazmente tipos y costumbres del complejo país que hemos llegado a ser», acordaron.

Decidieron además premiar por mayoría los títulos: Dice el musgo que brota, antología de poesía para niños preparada por Eldys Baratute; el poemario de José Luis Serrano Los perros de Amudsen; Todas las patas en el aire, colección de cuentos de Rafael de Águila; la novela El cuaderno de los disparates, de Julio Travieso; la colección de poemas de Sergio García Zamora El frío de vivir; La Correspondencia de Fernando Ortiz, compilada por Trinidad Pérez Valdés y el Epistolario de Julián del Casal, compilado por Leonardo Sarría.

Asimismo, el jurado defendió la calidad de otros libros presentados al Premio, aunque no lo obtuvieron, y resaltó la diversidad de propuestas, que avizoran un esperanzador panorama para la comunidad autoral y las casas editoriales que la respaldan.

José Luis Serrano, en sus palabras de elogio, resaltó la importancia de este premio como una señal que legitima y promueve el trabajo de autores y editoriales:

Los afortunados de esta tarde aceptamos el galardón con humilde vanidad. Estos diez libros que han sido aplaudidos con entusiasmo y sinceridad no son el resultado de un empeño individual, esos aplausos deben ser entendidos y aceptados de una manera simbólica. Al lado de los autores están editores, correctores, diseñadores, impresores, gestores de la cultura, toda una maquinaria con miles de pequeños resortes y engranajes sin cuyo funcionamiento más o menos concertado no habría libro ni lectores. 

Josué Pérez Rodríguez ofreció también sus consideraciones hacia el final del acto. Felicitó al grupo de trabajo que organizó el Premio y al jurado, además de resaltar la necesidad de seguir creando espacios que fomenten el debate sobre la crítica literaria, donde, resaltó, «aún nos queda mucho camino por andar».