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Las letras habaneras y los 500 de una ciudad

Leonardo Depestre Catony, 16 de noviembre de 2019

Algunas edades, algunas fechas, invitan al recuento. Los 500 años de La Habana devienen cifra para echar un vistazo, siquiera muy somero, a su aportación a las letras cubanas y de habla española en el contexto internacional.

Tardarían unos cuantos años en aparecer en la ciudad los primeros escritores que no fueran meros escribanos de informes a la Corona y actas del Cabildo. Pero ya en el siglo XVIII comenzaron a verse las luces. Llega la imprenta, se funda la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo, abre puertas algún que otro teatro, irrumpe el papel periódico, se crea la Sociedad Económica de Amigos del País… En ese entorno que empieza a favorecer el florecimiento de las letras es que surgen los primeros escritores habaneros conocidos en nuestros días.

Aclaremos que cualquier empeño de registro completo de escritores «nacidos y criados en La Habana», como se decía antaño, no estará exento de omisiones involuntarias y hasta lamentables, porque la memoria y la subjetividad son atributos veleidosos.

Pero empecemos y corramos el riesgo.

El historiador y escritor José Martín Félix de Arrate, nacido abriendo el siglo XVIII y autor de Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales, una obra que aún es fuente obligada para cuantos revisan los anales de la capital cubana, inicia estos apuntes. Súmese a él una dama casi olvidada, la marquesa Beatriz de Jústiz de Santa Ana, quien durante la toma de La Habana por los ingleses en 1762 escribió o al menos se le atribuye un «Memorial» dirigido al rey y la composición poética en décimas titulada «Dolorosa y métrica expresión por el sitio y entrega de La Habana dirigida al Católico Monarca Carlos III»,  en cuyas palabras denunciaba al gobernador y a sus fuerzas por sus errores que  permitieron la ocupación de la ciudad por los invasores ingleses. Uno y otro documento revelan a la marquesa como primera de las escritoras cubanas.

Un infaltable es Francisco Covarrubias, padre del teatro bufo cubano y de cuantiosísimas obras, y una infaltable es la bella y carismática Condesa de Merlín María de las Mercedes Santa-Cruz, quien pasea su elegancia por Europa y de paso escribe con una amenidad que aun hoy día le agradecemos.

El poeta esclavo Juan Francisco Manzano no puede faltar, como tampoco Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, el poeta mulato y peinetero ejecutado de manera arbitraria en Matanzas, quien fue uno de los bardos más populares de su tiempo. Otro capitalino distinguido y que permanece en el recuerdo agradecido  se nombró  Antonio Bachiller y Morales, padre de los estudios bibliográficos en la isla.

En la ciudad del río Almendares nacieron José Martí, Héroe Nacional y Apóstol de la Independencia de Cuba, uno de los mejores poetas y prosistas de la lengua española, así como también el patriota, orador y elegante escritor Manuel Sanguily. A ambos se unen el infortunado pero brillante poeta Julián del Casal, fallecido en plena juventud, y el mambí de la pluma y jamás olvidado Manuel de la Cruz, desaparecido igualmente a temprana edad.

Capitalinos de pura cepa fueron el sabio polígrafo Fernando Ortiz —etnólogo, abogado, antropólogo, sociólogo, historiador, lingüista, escritor—, y Emilio Roig de Leuchsenring, fundador del Museo de la Ciudad, con una vastísima obra periodística e investigativa, siempre en defensa, uno y otro, de la identidad cubana.

Entre los grandes de las letras del siglo XX destacan «la cubanita que nació con el siglo» y tan amena narradora Renée Méndez Capote; la eximia poetisa Dulce María Loynaz y el novelista mayor Alejo Carpentier, ambos premios Cervantes.

Se suman el ilustre vecino de la calle Trocadero, no otro que José Lezama Lima; Eliseo Diego  y también el decimista Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí), así como Roberto Fernández Retamar, cuya huella múltiple se expresa en la poesía y la ensayística, y Fina García Marruz, entre las más notables voces femeninas de las letras cubanas e hispánicas.

De más acá viene a nuestra memoria el escritor y etnólogo Miguel Barnet, el actual Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, la dama de la poesía Nancy Morejón, el laureado narrador Leonardo Padura, la también laureada poetisa Reina María Rodríguez y el talentosísimo Luis Rogelio Nogueras, tan bueno en la poesía como en la narrativa.

Que nos hemos quedado cortos, es cierto. Que otros nombres pueden añadirse merecidamente, también es cierto. Es pues, como para que esta tan femenina ciudad de La Habana, con tantas vocales a, a la altura de sus cinco siglos de juventud se sienta orgullosa de sus hijos e hijas que dan lustre a la literatura, a la cultura y a la nación cubana.

Foto tomada de Canal Caribe