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Ernest Hemingway: un escritor feliz en La Habana

Leonardo Depestre Catony, 04 de noviembre de 2019

Mucho se ha hablado acerca de Ernest Hemingway en Cuba, y se seguirá hablando, porque el gran escritor fue amigo sincero de los cubanos y en la Isla desarrolló parte significativa de su obra. Nos referiremos solo a la que resultó su última visita, que comenzó el 4 de noviembre de 1959.

Hemingway llegó acompañado de otro famoso, el torero español Antonio Ordóñez, algo que no debe extrañar si se recuerda la preferencia del Papa por los peligros físicos y su gusto por las corridas de toros, acerca de las cuales escribió unas cuantas crónicas.

En el aeropuerto fueron recibidos por numerosos amigos del poblado de San Francisco de Paula, donde tenía (y tiene) su Finca Vigía. Los vecinos le obsequiaron una bandera cubana y preguntado por un periodista declaró:

«Me siento muy feliz de estar nuevamente aquí, porque me considero un cubano más. No he creído ninguna de las informaciones que se publican contra Cuba en el exterior. Simpatizo con el gobierno cubano y con todas nuestras dificultades», poniendo énfasis en la palabra nuestras.

Por encargo de la revista Life redactó Hemingway el reportaje convertido en libro y titulado Un verano peligroso -revelador del notable conocimiento que Hemingway tenía de los toros y los toreros-, además, concluyó París era una fiesta.

Papa compartió en aquella ocasión con quienes mejor lo comprendieron: los pescadores de Cojímar, los residentes de San Francisco de Paula y los habituales del restaurante Floridita. Participó en las jornadas del Torneo de Pesca de la Aguja, en el mes de mayo, donde departió efusivamente con el muy joven primer ministro cubano, el comandante Fidel Castro, y se tomaron las fotos de ambos juntos, en efusivo diálogo y estrecha confraternidad entre el escritor y el estadista. Los días habaneros de Hemingway fueron hermosos y felices para él. Tal vez sus últimos días verdaderamente felices, porque ya se encontraba enfermo y deprimido.

Su estancia en Cuba se prolongó hasta julio de 1960, cuando partió para España, aunque de allí regresó a Estados Unidos para ingresar en la Clínica Mayo.

Conocida es la manera en que Ernest Hemingway puso fin a su vida, en Ketchum, Idaho, el 2 de julio de 1961, hallándose en aquellos momentos en una profunda crisis depresiva. En agosto de aquel mismo año viajó a La Habana su viuda Mary para donar Finca Vigía, con su mobiliario, al Gobierno Revolucionario, estableciéndose en ese bello paraje el Museo Hemingway.

Aunque autor de una obra diversa e intensa, se le recuerda particularmente por la noveleta El viejo y el mar, que se desarrolla en escenarios cubanos, en especial en Cojímar, con personajes (pescadores) muy veraces. Esta obra alcanzó un éxito inmediato. En 1954 se le confirió a Hemingway el Premio Nobel de Literatura. En Cuba se le confirió la Orden Nacional de Carlos Manuel de Céspedes y la Orden de San Cristóbal de La Habana. Como expresión, una entre tantas, de su amor por Cuba, Hemingway entregó la medalla de oro del Premio Nobel para que fuera conservada en el país.

El tema hemingwayano es inagotable entre los cubanos. Siempre es grato recordarlo cuando se camina por la calle Obispo, desde el Floridita hasta el hotel Ambos Mundos y se conoce que, decenios atrás, transitó él por allí como un cubano más.

Sesenta años atrás llegó por última vez a Cuba, un país que estuvo constantemente en sus itinerarios de ida y vuelta entre Europa y América, solo explicable porque Papa Hemingway se sentía en esta tierra como un cubano más.