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Ricardo Palma, sus Tradiciones peruanas y una visita olvidada

Leonardo Depestre Catony, 09 de octubre de 2019

El 6 de octubre de 1919, fecha de la cual se conmemora ahora un siglo, murió el escritor peruano Ricardo Palma Soriano, en su país y toda la América de habla española, una de las figuras cumbres del costumbrismo y el romanticismo literario decimonónico, además de autor muy ameno y muy leído.

Conocido a nivel internacional por sus Tradiciones peruanas (1872) es este un libo que ha tenido numerosas ediciones en diversos países del continente americano, e igualmente ha sido muy traducido. En cuanto a su autor, Ricardo Palma, es de esos autores que nunca faltan en las antologías y en los libros de historia de la literatura en Hispanoamérica. Hombre de mucha cultura, viajes y reconocimientos, visitó Cuba, en lo que constituye un hecho casi olvidado.

Don Ricardo llegó a La Habana, procedente de Puerto Rico, por el mes de mayo de 1894 y la presencia de las fortalezas que rodean la bahía de la ciudad motivó su admiración. Por sus comentarios, que publicó en el número de noviembre de 1894 de la revista La Ilustración de Cuba, conocemos que anduvo por la ciudad y sus calles, que las de Obispo y O´Reilly llamaron su atención, al igual que El Templete, el Palacio de los Capitanes Generales, la Catedral, la Plaza de Armas, el Paseo de Isabel II, así como los teatros. También se detuvo en el Centro Asturiano y en el Centro Gallego, ambos con una nutrida representación entre la población residente en La Habana de entonces. Palma escribiría:

Indudablemente que La Habana, a pesar de sus grandes calores, de su cielo no siempre apacible y de la insalubridad de su clima para el extranjero, es una de las ciudades más animadas y bulliciosas de América. Allí se vive en constante fiesta, y los habitantes, aun los que llegan de España en busca de la madre gallega, se hacen gastadores hasta el derroche. La vida en La Habana es casi tan cara como en Nueva York.

Aunque Palma pensó que pasaría inadvertido en Cuba, no fue así. “La prensa me honró” —escribe—, y se relacionó con la intelectualidad nacional. Conoció a la escritora Aurelia Castillo, recibió ejemplares que le enviaron las poetisas Mercedes Matamoros y Nieves Xenes. Leyó a Julián del Casal, entonces recién fallecido, y se detuvo a comentar, siempre elogiosamente, acerca de algunos de los cubanos que más se destacaban en la vida literaria y socio política de la colonia, entre ellos Rafael Montoro, Enrique José Varona y Ricardo Delmonte. Se percibe en otros fragmentos de su texto aparecido en La Ilustración de Cuba, su simpatía abierta por los separatistas y su rechazo al movimiento anexionista, que tilda de pequeño en número pero ciertamente perjudicial al país.

Nacido en la propia Lima el 7 de febrero de 1833, Ricardo Palma desarrolló una carrera literaria en la cual se incluye su labor como periodista. La primera parte de sus Tradiciones peruanas vio la luz en 1872 y le ganó renombre, al punto de ser el creador de un género literario netamente peruano denominado el tradicionismo, con caracteres procedentes de la crónica y del relato. Las tradiciones lo absorbieron, sin embargo, su obra incluye poesía, piezas para teatro y el periodismo ya citado que se acentúa por sus colaboraciones en la prensa satírica peruana. Tampoco le fueron ajenos los trabajos históricos y los lexicográficos, por lo que se trató de un autor multifacético, dotado de gran amor patrio y espíritu progresista.

Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española, de la Real Academia de la Historia y presidente de la Academia Peruana de la Lengua, así como miembro honorífico de la Hispanic Society de Nueva York. Reconstruyó la Biblioteca Nacional del Perú, la cual dirigió.

Dos de sus hijos alcanzaron renombre, uno como escritor de relatos y otra en condición de fundadora del movimiento feminista peruano. Se trató de un intelectual de muy variados intereses culturales y uno de los de mayor trascendencia internacional.

A cien años del fallecimiento de Ricardo Palma rendimos tributo a su memoria y recordamos su bastante olvidado paso por Cuba, que por las notas aquí reproducidas prueban cuánto impresionó su pupila y su verbo.

Foto tomada de Historia de la educación