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La que nació a caballo: Natalia Bolívar Aróstegui

Yohamna Depestre Corcho, 20 de septiembre de 2019

Natalia Bolívar  nació en el 1934, y la actividad El elogio oportuno que dirige el periodista Fernando Rodríguez Sosa le celebró, en el lobby del Instituto Cubano del Libro, su cumpleaños, ante una de las cosas que más ama: el público cubano.

Esta mujer de fuerte carácter, que parece, como bien dijo ella, que nació a caballo, pues su vida ha sido a trote veloz y al símbolo de este animal, fuerte, bello, enérgico y muchas veces indomable, se encuentra en casi todas las religiones que esta etnóloga, estudiosa de las culturas religiosas, no solo afrocubanas, sino también asiáticas, domina.

Al trote de este animal trataré de contar lo que a las 4 de la tarde sucedió en la entrevista, que por segunda vez, le hace Sosa y no por eso menos  atractiva.

Alumna de Lidia Cabrera, Bolívar fue, no su corcel, sino su perro guardián para conocer, como lo hace un discípulo oriental, todo el saber de su maestro. Escogió, por eso, lo que ninguna traductora, niña adinerada, quiso hacer en el palacio de Bellas Artes, ser la conferencista de la parte afrocubana.

Porque Natalia no miraba desde encima del hombro esta cultura que vino de África con  alguien querido: su nana negra Isabel Canteros, quien le amoldó su carácter y le enseñó el amor a la tierra, que no es más que el amor a la historia; quizás, porque también venía, como su maestra, de una familia pudiente, burguesa, que la hizo católica apostólica romana, pudo entenderla.

Aprendió mucho mientras estuvo allí, porque es una mujer que sabe escuchar las experiencias de otras personas y estas fueron de Rita Longa, Wifredo Lam y sobre todo del barroco Lezama Lima; de este no entendía todo lo que le decía, pero lo apuntaba para después buscar las palabras en el diccionario, que algunas veces no encontró.

Pero no era ella sola la nacida sobre la montura de un caballo, su familia era briosa: un primo, Arturo Bolívar, muere a los 18 años al lado de Antonio Maceo y otro va en contra de Machado, y el que le enseña a disparar a los 10 años se venga del presidente corrupto Ramón Grau San Martín sustrayendo el brillante del Capitolio para ponérselo después en la gaveta del buró e inculparlo del robo.

¿Quién puede domar a un caballo de pura cepa sino es el amor? Por él se une al Directorio Revolucionario al quedar prendada de José Luis Gómez Wangüemert. Y Natalia Bolívar entonces es una luchadora opositora al régimen de Batista y ayuda, por su condición de clase pudiente, con dinero para comprar armas y a exiliar a compañeros en embajadas. Crea el grupo Mujeres Oposicionistas Unidas y es conocida por diferentes nombres, entre ellos por Rosa o por La Brujera.

Natalia Bolívar vive una de las historias que la convertirá de a lleno a hacia la religión afrocubana y la narrará como una leyenda: Prisionera por Orlando Piedra en el Buró de Investigación y torturada por Laurent, el asesino número uno de la dictadura, escapa de la muerte gracias a un resguardo de Obatalá con Changó atravesados por la flecha de Ochos y que le da un santero matancero. Este le describió cómo iba a estar vestido su presunto asesino y cuántos resguardo portaba en su cuerpo. Todo fue cierto. Nada le abrió la puerta de la cárcel, solo las diferentes palabras yoruba que intercambió con su opresor por un poco de tiempo. Y ese tiempo le salvó la vida para tenerla aquí, en el presente, ante un público de diferentes credos, ansioso de recoger las enseñanzas y que no pocas veces la ovacionó.

Se enorgullece de sus tres hijas y no se arrepiente de nada, lo volvería hacer de nuevo. No sabe si es ya un mito, solo conoce que el pueblo cubano la ama porque se siente cubana. La cubanía es pues: «ser capaces de todo, porque nos sentimos como tronco de árbol de ceiba, eso somos los cubanos» dijo. Y eso es ser Natalia Bolívar. Respondida la pregunta con la cual Fernando Rodríguez Sosa concluye su interrogatorio de ¿Quién cree que es? Juan Carlos Santana, a nombre del Instituto Cubano del libro le entregó un ramo de flores, el grupo vocal Daysi Brau y Owa-Areanle le regala una canción, se vende al público su nueva obra titulada La sabiduría de los oráculos: ifá, los caracoles y el coco y más tarde se pica un pastel en conmemoración de sus 85 cumpleaños.

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