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El rastro chino en la literatura cubana

Marta Rojas, 18 de septiembre de 2019

Lector, acaba de salir a la luz un libro que resultará imprescindible. Su título: El rastro chino en la literatura cubana. Su autor, Rogelio Rodríguez Coronel. La Editorial Universidad de La Habana nos los entrega dentro de la colección 10 Aniversario.

No es la primera vez que se aborda el tema de la cultura china en Cuba, y el autor lo hace ahora desde la obra de novelistas tan importantes como Ramón Meza, en el siglo XIX, y José Lezama Lima en el siglo XX, aunque no son los únicos cuyas obras abordan al chino como un ente firme que integra la cultura cubana.

En la obra del presidente de la Academia de la Lengua Española en nuestro país se dice que Meza «resalta la extrañeza y magnificencia de una cultura diferente hasta cierto punto inescrutable. Nada más sugestivo y sintético para mostrarlo que la descripción de una tienda de objetos provenientes de China insertada en el medio habanero. Un almacén exótico (…) que irrumpe en la armonía que representan todos los demás». Y escribe de los carboneros del puerto: «(…) unos rostros se vuelven a la lancha, otros rostros se vuelven al vapor. Un cesto se entrega y al punto se recibe otro…». 

Por su sensibilidad modernista comenta el autor, Meza no podía dejar de percibir y aprovechar esta inserción del mundo asiático en el espacio habanero. Y digo yo, de todo el país al que fue traído el nativo chino como esclavo, aunque para los culíes mediara un contrato mentiroso.

En el siglo XX entra Lezama Lima con fuerza en Paradiso y otras obras poéticas que menciona en el libro Rodríguez Coronel, y detrás de él Severo Sarduy, con su novela De dónde son los cantantes, contribuyendo a ofrecer con verdades absolutas, la inserción del chino en la formación de la nación cubana, en su imaginación y realidad, que se hace inocultable en la guerra de independencia como un soldado más, en el siglo xix. Por tal razón, merece el chino un monumento de granito negro en plena Habana (Línea y l, en el Vedado) donde puede leerse, en referencia a nuestra independencia: «No hubo un chino desertor, no hubo un chino traidor».

Para Lezama hay, obviamente, otro estilo e imágenes filosóficas que transitan en Paradiso, sobre todo, con soltura inaudita, lo cual resume el autor de El rastro chino…, quien refiere que Lezama expone sus consideraciones sobre el par dialéctico y lo cita: «El gran hecho es siempre la gran unidad, la nebulosa donde se conjugan el elemento ying y el yang que en la pintura china aparece siempre como una metamorfosis donde se desenvuelve desde la penetración de la luz a los retraimientos brumosos…». Pero no es la única vez que Rodríguez Coronel alude a los elementos convergentes del chino que aparecen en la obra de Lezama.

Mas, reiteramos, no analiza solamente a Meza y Lezama, sino también versos de Miguel Barnet y, sobre todo, de Regino Pedroso, Fayad Jamís, y otros que han abordado al chino y su inmensa cultura, en sus obras. El autor concluye su indispensable obra con la novela de los años más próximos en el tiempo, hasta el siglo XXI, escrita por autores cubanos de la Isla y la diáspora sobre el factor cultural del chino en Cuba.

Tomado de Granma

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