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Amores difíciles: Pablo Lafargue y Laura Marx

Leonardo Depestre Catony, 10 de septiembre de 2019

Una gran curiosidad ha prevalecido, aun al paso del tiempo, por el conocimiento de la vida y la obra del cubano-francés Pablo Lafargue y de tal interés no ha escapado el asunto de su matrimonio con Laura Marx, segunda de las hijas del autor de El Capital, uno de los pensadores políticos más influyentes del siglo XIX en adelante.

La historia de Pablo Lafargue en Cuba es difícil de rastrear porque su relevancia la alcanzó después, en Europa. Sin embargo, varios de sus libros son conocidos en español.

En cuanto a Lafargue, nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1842. Era hijo de un colono francés y nieto por vía paterna de una mulata haitiana, por lo que se trataba de un auténtico mestizo. Proveniente pues, de familia acomodada, pudo iniciar estudios en Cuba que se completaron en Francia cuando la familia se estableció en ese país. Se afirma que llegó con nueve años e igualmente se afirma que le gustaba hablar de su ascendencia mulata, que explicaba su tez mate dentro de un rostro perfectamente conformado y atractivo.

La historia de Pablo Lafargue no solo en Francia sino en Europa, abunda en datos de interés. Aunque graduado de médico en 1868, no ejerció la carrera para dedicarse a la política. Acerca del médico que en él se perdió, Jenny, la esposa de Carlos Marx, pronunciaría este jocoso comentario: «Es una pena que le haya sido infiel al viejo padre Esculapio».

Pensador y escritor, Lafargue se codeó con las celebridades de la filosofía de la segunda mitad del siglo XIX en el Viejo Mundo, asistió a congresos, a tertulias, fundó periódicos, debatió con energía. Afiliado a la corriente socialista, fue miembro fundador de la Primera Internacional y uno de los fundadores del Partido Obrero de Francia. Al caer la Comuna de París en 1871, emigró a España donde representaba los intereses de la Internacional como delegado del Secretariado regional dirigido por Federico Engels. Sufrió prisión repetidas veces y fue el primer diputado socialista del Parlamento francés.

Pablo Lafargue se convirtió en uno de los más cercanos colaboradores de Carlos Marx, en propulsor de sus doctrinas, en propagandista del socialismo y del marxismo en Europa, responsabilidades para las cuales utilizó sus dotes de organizador.

Laura Marx nació en septiembre de 1845, y a la edad de 15 años, su padre la describe así: «(…) con el pelo castaño, ondulado y rizoso (…) ojos verdosos y tornasolados, que chispeaban como eternas luces de alegría».

Laura y Pablo se habían prometido en agosto de 1866, pero el matrimonio no se efectuó hasta después de concluir él la carrera de médico en Londres, pues había sido expulsado por dos años de la Universidad de París por haber tomado parte en un congreso estudiantil en Lieja. En carta de Marx a su amigo Engels comentaría que «el muchacho empezó encariñándose conmigo, pero pronto traspasó el cariño del padre a la hija. Su situación económica es regular; es hijo único de una familia de una antigua familia de plantadores». Marx —quien afectuosamente lo llamaría su «criollo médico»— también lo describe como un joven inteligente, guapo, bien desarrollado y de buen corazón.

Los Lafargue, avecindados muy próximos a la casa paterna, sufrieron la pérdida de dos hijos en edad temprana.

Pablo sería una de las contadas personas que asistieron a los funerales de Marx, realizados en ceremonia privada por decisión familiar.

Laura y Pablo trabajaron por la recuperación de la papelería de Marx y decisiva resultó la palabra de él —durante el Congreso de la Internacional Socialista en 1889— para la adopción de la jornada del Primero de Mayo como fecha de celebración obrera en todo el mundo.

Como escritor, el más conocido de sus textos es el titulado El derecho a la pereza, de 1880.

Mas como todo no han de ser luces, a Pablo Lafargue se le criticó su falta de interés ante la lucha que en Cuba libraban los patriotas por su independencia.

El matrimonio de Laura y Pablo fue feliz y quiso seguir siéndolo por siempre. El pacto suicida que puso fin a sus vidas el 25 de noviembre de 1911 sorprendió a la sociedad europea. Lafargue escribió una carta testamento que explicaba en estos términos las razones de su decisión:

Sano de cuerpo y espíritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras de otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad, convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años.

La controvertida decisión de acabar con sus vidas fue desaprobada por Lenin, quien consideraba que un socialista no debía privarse de la vida mientras pudiera ser útil.

¡Trágico final el de aquellos amores felices pero difíciles!

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