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Ediel Pérez Noguera: como una pregunta inefable

Reyna Esperanza Cruz, 03 de septiembre de 2019

Es sabido por todos cuanto se aferran a su tabla salvadora: la poesía no ofrece respuestas. Su poder reside en la enorme capacidad de generar preguntas. Los poetas cuestionan la existencia —propia o ajena—, las circunstancias —personales o colectivas—, el pensamiento y el sentimiento de la época, y dejan en el aire esas preguntas que, con suerte, varios años o siglos después servirán a otros. Porque la poesía es también generosidad, un darse a los demás  sin esperar recompensas. El joven poeta Ediel Pérez Noguera conoce muy bien estos atributos y los plasma en sus páginas, escritas con poder de síntesis, sin grandes metáforas, en un lenguaje limpio, sencillo mas no simple, y capaz de mover los resortes anímicos de quien llega hasta ellas. El poeta vive en una isla, y se siente isla. Por eso mira a través de su porción de tierra-cuerpo, y ve y describe paisajes desolados, mira hacia atrás y ve historias que deben ser contadas, porque lo no dicho es espina que hinca en su cuerpo-tierra, fuego que aniquila su mapa interior. Dialoga consigo y con las piedras, con la ciudad y el monte, con el pasado y el presente, con el instante y la eternidad. Y todo desde la autenticidad y la honradez, cualidades imprescindibles para conseguir entrar al mundo interior de los lectores. En el gran coro que conforma la actual poesía cubana, y particularmente en la escrita por los jóvenes, es la de Ediel Pérez una voz atendible, que debe ser justamente apreciada por quienes gustan de adentrarse en las complejidades del alma humana a través de la poesía, esa sombra luminosa que nos acompaña y purifica.

                                                    REYNA ESPERANZA CRUZ

TIENDE INMENSO


He sido leal
como los pájaros que cada invierno
vuelven a la isla.
Ya soy un mito
con solo mirar las luces que se hunden
más allá del faro.



AUSENCIA DEL MONTE


Yo tengo mi sol en el rostro.
En noches bordadas viene.
                                                      Es
más que un rayo entre las ramas
más que el hondo horizonte
y su deseo en mí.

Yo tengo mi sol en el rostro.
Sol de mi frente y de mi afrenta—
soñado sol que enciendes
la escasa manigua que aún
rumoroso, en olvido de todo
atravieso algunas veces.



PIEDRA AL CAMINO


Me reconcilio en esta piedra.
Y aunque sé que solo es un muro
cal y moho y mancha
de sangre olvidada,
me reconcilio.
Yo también ando manchado
sin saber qué márgenes arruinan
mi costumbre
ni la mano que en mí también
hará su pacto.



PÁJARO /PUENTE


Cruzaste los cielos una vez
recuerda
y el pájaro fuego estuvo junto a ti
y el sol y la brisa y el paisaje
naciendo en un descuido de tus ojos
puedes cantar ceniza de aquel vuelo
asir los dones que en la noche
descienden a tu labio
canta
de modo que ya nunca olvides
la senda
y aquí sobre tu voz parado
inclines tu mano al suelo de tus huesos.



CONJURO PARA NACER


Frotando esta semilla me convierto—
y en esquirlas vuela mi palabra: quiere
fugarse como los ojos que un día
de ti se apartaron.
El cielo ni nadie la reciben.
Vuelvo a mirar el rostro de aquel charco—
hago círculos interminables en el agua
círculos en la noche:
permanencia y fuga de este silencio-nieve.
Mi sueño aborigen, mi cárcel giran conmigo.
A dónde me arrastro como nebulosa ciega.
Quiero medirme con los huesos del ave
que voló sobre mi infancia
bajo tierra a ver si brota
la duda que soy. Pero llegan
no sé de dónde figuras
restos de dioses a roer mis oraciones—
sentados a diestra y siniestra
con los miembros hacia todas partes
esperan la venida de la brisa—
y en tus ojos una gran niebla se disipa.



PALIMPSESTO


Se puede escribir sobre ciertos nombres
una palabra sobre otra bellas como cicatrices
zanjas
se puede olvidar la palabra debajo y el poema casi olvidar
pero qué hacer con el pájaro detenido
con las aguas y el rostro semejante.



PAISAJE FRÍO


No lejos, hacia el sur, dicen duerme una ciudad.
Una isla dentro de una isla dentro del pecho.
El stalker la ha visto
la niña con sus ojos de niebla.
No lejos.
Como abrir los ojos entre un ruido y otro del vagón.



MOVIENTES


De un lado
la palma metafísica
del otro, el mar
(madre-inmensidad).
En medio
el filo del arrecife:
lo que hinca y despierta
tu conciencia.



CIUDADANO X


Restos
      de
            hazañas
                      pudriciones al pie de atalayas
                          rebelión de
                     degenerados de historia
                                             se ven
            en la moneda
           y yo
              imbricado al fin
                
                 más ilegal que un mendigo
                 extranjero
           como extranjero

en esta ciudad fundada por el padre del padre
del padre del padre del padre de mi padre

                                                                   un día
a merced de quién sabe qué crímenes en tierra ajena
en decreto que consta en las actas y
                                                   válido para
                                                   su apellido
                     dondequiera que se halle.



MANUSCRITO ENTRE LOS MUROS DE LA CIUDAD


Ignoro si este sea el último aviso que guarde
entre los muros gastados:
no adivino su suerte, no quiero relegar
ningún probable encuentro.
la hiedra cubrirá mis preguntas.
Poetas y asesinos dejarán su perfume o su sangre.
Mas tú, dichoso, me habrás encontrado.
Tú que aún no has sido
(sereno y oscuro en las almenas)
podrás decir que para ti fue escrita esta misiva.
No a las nuevas piedras que esconden el sol de los jardines
no al tumulto que pasa en cada noche de neón
no al sueño, no al insomnio de esta hora inexplicable.
Nada de lo que hoy empieza mueve mi espíritu.
¿Cuándo fui de veras un mendigo
y la piedad mojaba mis labios, cubría mi orfandad?
Yo tuve un sitio junto a las puertas de lo sagrado
distante de enigmas y proscenios:
allí supe el valor de un sucio abrigo
y la maldición del deseo que se apacigua
en la intimidad de los atuendos.
Hoy mi estigma no compra una moneda
y he de andar a tientas entre luces
y vidrios que duplican mi indigencia.
Soy anciano: mis piernas arrastro de norte a sur
y nada reconozco.
No podría marcharme aunque quisiera.
Confieso que he sobrevivido a todos los de mi clase
(la sobrevida no e un don
ni algo que pueda valer contra desastres y visiones).
cargo con la mudez de ellos:
su quizás me hace creer que existes
y que como yo deambulas en la noche
y piensas que has traicionado algo de ti.
No es la muerte solo este hilo que nos une.
Y sobre cada piedra que aborrezco golpeará tu signo:
el odio sereno de una estirpe.
Ignoro qué será de mí ahora que lo he dicho todo.
Lo de menos es mi suerte.
Abro los ojos en medio de este humo
que deja entrever apenas su origen.
Veo sombras que se disputan las migajas de un basurero.
Ya no puedo competir
ni siquiera en la libertad de los suburbios.
Todo lo que tengo es esta prenda que el descuido de alguien me ha legado.
Mañana no valdré nada cuando la empeñe
o cuando alguien la arranque de mis manos.
Antes la envuelvo en este aviso
 la hundo en el fondo de esta grieta
entre los muros que ya nadie visita.



ROSTRO EN EL AGUA


La onda que traza
el dedo en el mar
qué orilla puede asir.

Mi pensamiento
qué forma
qué rumor de aguas lo conminan.

Allá la imagen
del espejo que no alcanza
murmura
canción el retorno.

Contra el oleaje
he intentado llevar estos retazos
pero siempre dan a mis pies
como una pregunta inefable.



PROVERBIO


Procura que tu voz sea lo que callas
que tu presente sea tu memoria
no aguardes
no muevas el viento
mira allá tu corazón como un tornado.



TENTATIVA


De mis tantas mutilaciones
ver
girar
ir más rápido que la danza
prefiero la estrella recién cortada.



RASTRO


Vuelta a la hoja
vuelta al día
al aliento que anubla
la figura.

Vuelta a mi sangre
la costra y el dolor
que no se apagan.

Acaso pueden otros
darse vuelta
donde un filo no saje
mi presencia.



CANCIÓN AL HOMBRE NUEVO


Cada época tiene
su viaje y su naufragio
su locura y su límite
su dios
su necedad.

Cada épocatiene
un resplandor que miran todos
y un sitio a donde no volver
y una pregunta como un astil desierto.

Cada época tiene
un hombre en el suelo
a donde van los escupitajos de la ira.

Ese hombre
vieja sombra
quiero ser.



NARCISO


Hoy renuncio a mis ojos
como a la última servidumbre.

 

 

EDIEL PÉREZ NOGUERA (Artemisa, 1981). Poeta y ensayista. Ha publicado los libros de poesía Arca (Ediciones Unión,2017) y Diario del límite (Ediciones Unicornio, 2018). Ha obtenido los premios David de Poesía (2016), Casa Seoane (2017) y como ensayista y crítico, el premio Sed de Belleza (2016) y Segur de reseña crítica (2017).