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Desde la misma orilla

Yohamna Depestre Corcho, 26 de agosto de 2019

Al finalizar el VIII Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica, y en la biblioteca del centro del Liceo Artístico y Literario de La Habana, sede de la Casa de la Poesía, me reuní con la joven poeta argentina Patricia González López. Impresionada por la temática de su prosa que trata de visibilizar a la mujer, me acerqué a ella para entrevistarla.

Me gustaría hablar de tu poesía. ¿Crees en una poesía feminista?

¡Qué pregunta! Bueno… un poco sí, antes de pensar en el feminismo pienso en la humanidad. Y el género que me tocó vivir es el femenino, entonces, lo transito desde este lado de la vereda. Pero sobre todo está el humano muy relacionado con la mujer y la violencia que vive la mujer, pero me parece que la violencia es del sistema, no es de un género, y… se vive como de ambos bando, a la manera de ambos lados. Pero sí me siento identificada con la lucha feminista, aunque no me lo proponga como consecuencia de algunas cosas de la vida, escribo sobre el tema.

Piensas que tu poesía “fuerte” la asimilan bien en tu país, porque aquí las poetas están acostumbradas a decir ese discurso; en el ámbito en que te mueves ese discurso es asimilado o es muy agresivo.

A veces es asimilado y a veces, por supuesto, se ve agresivo y se siente agresivo, pero lamentablemente la violencia que se vive es mucho más agresiva, es mucho más violenta que la poesía misma. Lo que hago con la poesía es tomar las palabras del opresor, como la figura de la opresión, no de género. Lo que hago es tomar esas palabras que uno escucha todo el tiempo, esas acciones que uno vive todo el tiempo, en la que uno es víctima todo el tiempo, para visibilizarla en tema, por eso suena agresivo. Cuando está todo junto, amontonado en un poema, se ve más fuerte y a veces, por supuesto, no es asimilado; muchas veces sí, porque muchas personas se hermanan en esta lucha, pero cuando es difícil de asimilar es porque es mucha información. Tiene algo de lógica. Pero es la verdad que debe quedar.

Tus poemas los sacas de ti o los tomas de las circunstancia, son poesías intimistas o simplemente es una anécdota de tu vida.

Es más bien intimista, tiene mucho contenido bibliográfico. Pero siento que desde el lado personal todo lo que pueda salir de mi intimidad, o desde mí, no es una historia personal, es una historia colectiva. Hay muchas mujeres, muchas personas, que son víctima de violencia, de abusos, de agresiones, de maltrato sicológico. Quizás yo lo escribo pero las que la vivimos somos varias. Entonces ahí la historia personal se anula y pasa hacer algo colectivo. Y a veces cosas que le pasan a los demás me atañen y me hacen recordar algunas cuestiones o me hacen reflexionar sobre algunos temas, actitudes, cosas de la vida que me hacen escribir sobre eso. Pero es de todo un poco, es un rebote de lo personal hacia afuera y de lo afuera que rebota en mí.

¿Piensas que la mujer le queda mucho camino que recorrer todavía?

Si, sobre todo porque estamos en la cresta de la ola de la batalla y hasta ahora el equilibrio me parece que falta, porque también esta lucha genera mucho rechazo. Me parece que hay que pasar del rechazo a la reeducación y a la concientización para lograr un equilibrio entre los vínculos.

¿Esa concientización de que hablas, crees qué es más importante que la haga el hombre o la mujer?

Ambos a la vez. Porque el machismo no es solo ejercido por el hombre, es por ambos sexo y nosotras a veces somos víctimas de nosotras mismas, por eso te hablo de algo que escribo desde el género. En el género hay que empezar a concientizarse, a educarse y a tomar la rienda de una acción nueva para poder también trasmitirlo a otro género. Hay deficiencia en ambos géneros.

Con todo ese problema social, porque la agresividad hacia el género femenino es un problema social, ¿tú crees poder escribir una poesía de amor? o son poesías truncas, rotas, terribles.

Más que de amor de desamor, es lo más fácil que me sale lamentablemente; pero sabes que empoderarse es también apropiarse de la ternura, y permitirse la ternura y la dulzura, y no tenerle miedo a eso, porque creo que la agresividad y todo tiempo de opresión que vivimos nos anula ese amor que somos capaces de dar a nuestros padres, a nuestro amigos, a nuestra familia y a nuestras parejas... y bueno… hay que estar conscientes para poder escribir ese poema de amor por fin, que me cuesta. No es tanto lo mío, pero ya va a venir.

En casi todos los poemas que escucho la mujer usa mucho el cuerpo, o sea, a veces me parece, que la mujer como que lo sobredimensiona. A veces oigo que el problema que plantea no exactamente tiene que ver con el cuerpo, ¿eso tan extremo es porque quieres anular otra cosa, o lo quieres dar?

A veces los mecanismos no son tan trasparentes. A veces uno quiere anular cosas o quiere tapar otras cosas que uno no sabe lo que está queriendo tapar, pero hay un sobreexposición de todo, una sobreexposición del cuerpo; pero me parece que para mí hay que cambiar la hipersexualidad y la muestra total de la sexualidad por un erotismo, por la recuperación del erotismo. El cuerpo de cada uno está en disposición del otro. El cuerpo de cada uno siempre está en disposición del otro, sobre todo si es el cuerpo de la mujer. Yo escribo mucho sobre el cuerpo porque me parece que hay que apropiarse. Yo me quiero apropiar de mi cuerpo. Y lo he querido para que todas podamos mostrarlo y no solo sea objeto de placer del hombre.

¿Qué técnica empleas en tus poemas, cuál es la más recurrente en ti?

La técnica es que si me viene cualquier idea la anoto, la escribo, sino puedo dormir escribo y si me pongo a pensar paro de escribir. Esa es mi técnica, porque si pienso ya se anula el poema. Si el poema está pensado se anula, el poema tiene que estar vivo, tiene que salir de los pulmones.

¿Entonces no compartes la filosofía como Descartes: “pienso, luego existo”?

No, yo existo, luego pienso, y luego veo qué salió.

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