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Severiano de Heredia: un espíritu libre

Nancy Morejón, 16 de agosto de 2019

Los tres poetas que llevan el curioso apellido Heredia se instalaron, por derecho propio y cada cual a su modo, en el dominio más transparente y profundo de la poesía, escritas sus obras en las dos lenguas romances que los llevarían a la celebridad: la castellana de Cervantes o la francesa de Víctor Hugo. 

José María Heredia, el gran cantor del Niágara, nacido en Santiago de Cuba, fue el primero (1803-1839) en conseguir una celebridad literaria incalculable que abriría las puertas al romanticismo en nuestro hemisferio.

El segundo, José María de Heredia (1842-1905), también nacido en una comarca oriental de Cuba llamada La Fortuna, dejó una indeleble huella en la expresión poética francófona, a través de sus perfectos sonetos parnasianos, a fines del siglo XIX. 

El tercero, Severiano de Heredia (1836-1901), nacido en La Habana, rama del mismo tronco Heredia, aunque desconocido por sus compatriotas, alcanzó enorme prestigio al haber logrado desempeñarse, entre otras funciones, como ministro de Obras Públicas y, luego, como Alcalde de París.

La leyenda  de los tres Heredia atraviesa dos siglos y, aún en nuestros días, ha colocado a Cuba como un surtidor constante de poesía y libertad. 

Se ha convertido en un acontecimiento intelectual, de indiscutible resonancia, la publicación en La Habana de la biografía Severiano de Heredia: ese mulato cubano que París hizo alcalde y la República ministro, del prestigioso historiador e hispanista francés, Paul Estrade. Este volumen ilumina con creces el ya importante catálogo de Ediciones Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, justo en el programa de las celebraciones por el 500 aniversario de La Habana.

Cabe subrayar el hecho de que Estrade haya decidido acometer, con muy buen tino y oficio, un género tan arduo como la biografía para abordar los aspectos más polémicos y reveladores de una vida marcada por su origen racial, su geografía y su asunción de valores universales que, desde 1789, emanan de la extraordinaria Revolución, cuyo proceso aún está vigente en nuestra época.

En una magnífica traducción de la profesora e investigadora cubana Lourdes Arencibia, la primorosa edición incluye no solo una iconografía de primera mano que sitúa a los lectores en el ámbito social de aquel francmasón de convicciones radicales sino también una interesante Nota introductoria de su editor, el joven Mario Cremata, a la vez que reserva un espacio merecido a la profunda reflexión del historiador, también cubano, Esteban López Mesa, alguien que tanto aportara con su sencilla lucidez a la historiografía nacional. Su repentina desaparición ha sido más que una lamentable pérdida, aún inexplicable para los que admiramos su inigualable trayectoria.

Esta biografía de Severiano, el último adalid de los Heredia, un mulato que supo transgredir barreras, indicar caminos y, sobre todo, marcar pautas imborrables, nos muestra las posibilidades de una voluntad irreductible. Fuera un adelantado liberal; o un reformista a favor de causas justas, lo cierto es que su vida traza un espléndido arco de dignidad y superación. Afincados sus valores en la hermosa Francia que nació a la modernidad bajo las rúbricas de libertad, igualdad, fraternidad, los lectores comprobarán que su espíritu libre y antibelicista marcó su tiempo y, aunque solo fuera en un plano reformista, Severiano de Heredia se entregó a la tarea de defender lo más puro de la civilización occidental hoy en peligro.

Tomado de Granma

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