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Nuvia Inés Estévez: la poesía de la emoción, la emoción de la poesía

Beatriz M. Goenaga Conde, 24 de julio de 2019

La poesía de Nuvia Inés Estévez es profunda en emoción y fina en transparencia. Aborda con singular reiteración temas íntimos y vivenciales: la maternidad, lo onírico, el deseo, la incertidumbre ante lo intangible. No se deja atrapar, sin embargo, en horizontes austeros; provocadora contumaz como lo es, su voz toma distancia del canon de la languidez y delicadeza extrema. Tiene su verso vida y pasión en abundancia.

Sin desafueros, ni abuso de coloquialismos, se adueña del lenguaje con deleite y musicalidad. Crea así una poesía vehemente, donde lo erótico no es superfluo: habla desde su feminidad plena. Con naturalidad se desplaza del verso libre al soneto, del nocturno al epigrama; pero es en la décima donde con mayor soltura y lucidez se anuncia la cubana, al punto de haber marcado con su personal estilo un giro importante dentro de la tradición de mujeres decimistas en Cuba.

La voz lírica de Estévez transparenta una avidez por aprehender las esencias de su yo, esas que se reproducen en las tenues réplicas de sí misma. Su estilo virtuoso nos asoma a un universo de resonancias peculiares que la instalan dentrode la tradición de mujeres poetas cubanas y caribeñas. Esta poesía, personal y universal a la vez, brota del alma única y del alma común de todos. Esa doble raíz en la escritura, ese nacer de lo propio y cósmico al mismo tiempo, detiene el devenir y nos muestra lo permanente. No siempre la poesía vuela con esta armonía.

Mi niña duerme

es hermosa
tan oscura su pestaña
el pelo la telaraña
del pájaro que retoza
por el cuarto. Tan dichosa
me hace mi niña. Si duerme
nada puede detenerme
hacia su verdad tranquila
Mi niña es esa pupila
que ha llegado a embellecerme.

Onírica

Mano que me penetras en el sueño
en busca de la sílaba que falta
Abro la puerta y a la carne asalta
un olor nauseabundo que desdeño
Hurgas en las arterias con empeño
mas la palabra envuelta en rojo encaje
cubre su rostro del brutal paisaje
que pulula contigo tras la puerta
Mano que me penetras mano experta
No arranques de mi océano el lenguaje.

Alguna vez

andaremos por el pavimento
enseñando al mundo nuestras ropas de carne
derramando el vino extinguido
en el fondo de los hombres
Alguna vez nos ahogaremos con el trozo de pan
sin vender por pedazos la caricia
seremos las náyades azules silbando a Bola de Nieve
conocedoras de la pureza extraña de la infidelidad
Expertas de sexo hermoso
como recién nacido pájaro de malagüero
Hechiceras
elegidas de Dios.

Tuve un lunar en la frente

como dulce cicatriz
algún nombre fui Beatriz
o Luzbel tuve simiente
para cruzar diferente
el gris de mi pueblo cónico
tuve una flecha un irónico
juguete donde rompía
la inocencia corrompía
el silencio de lo agónico

Fui Mesalina Vallejo
Greta Garbo Frank Sinatra
fui la Duncan. Yo Cleopatra
reflejada en el espejo
fui Charlot su rostro viejo
Alfonsina desde el mar
Lorca Miguel un juglar
fotografiando a Modotti
Gertrudis y Pavarotti
y Marguerite Yourcenar.

Edipo con su letargo
yo su madre Napoleón
Patroclo Aquiles Sansón
-fortaleza y pelo largo-
fui la cicuta el amargo
veneno que tarareaba
Eurípides. Fui la aldaba
que Sófocles no abriría
Franz Kafka cuando dolía
Ese cuervo que chillaba.
 

Hombre hombre

yo me ofrezco
como cáliz a tus dientes
Hombre hombre cuando mientes
yo perezco yo perezco
Hombre mío si anochezco
no gimas porque tu mano
es sangre gris el insano
precipicio donde empujas
Guarda hombre tus agujas
Guarda todo tu pantano

El dibujo que en el vientre
pintaste llora la huella
Apenas queda una estrella
que se apaga. Cuando entre
tu puñal y nada encuentre
vuelve a guardar tus agujas
Hombre mío que dibujas
en mis nalgas un escualo
vete pronto   ya tu falo
no apacigua mis burbujas.

Pequeña tregua para llegara a Ítaca (Fragmento)

Canto V

Entre lobos monteses y leones
Entre perros hambrientos y castrados
tiemblan lánguidos hombres desterrados
por el hacha sagaz de las pasiones
Es Circe quien derrama los ciclones
en el rostro viril de quien se ahoga
Es su voz el arpegio que interroga
sin mostrar la figura que amordaza
Es Circe divinal y pulcra taza
bañándote en el Pramnio de su droga

Tú puedes caminar hasta su fuego
Tú pudes sostener su dura piedra
macerar todo el verde de la hiedra
que adorna su palacio donde el ruego
es deleite eficaz para su ego
Mas puedes apagar toda la llama
porque nunca a tu mano irá la escama
tajante del destino   Pues los dioses
te eximen de sus garras de sus toses
Tú puedes ir con Circe hasta la cama

“... pero hazle prestar el solemne juramento de que no maquinará contra ti ningún otro funesto daño”.


Soneto de la puta triste

Hoy vuelvo a ser aquella puta triste
que maullaba sin par en el tejado
Retorno a ser clavel anonadado
hoy picoteo el hambre no hay alpiste

calmando este furor que presidiste
Mi cuerpo muere frío arrodillado
y aunque intentes la daga en mi costado
de qué vale si soy la puta triste

Los muslos la saliva la cabeza
todo lo que bien pude y que perdiste
todo quise enmendar en la pureza

Pero tú lentamente te partiste
y le quité lo triste a la tristeza
¿Y quién dijo que soy la puta triste?


Porque tengo un alma rara

y una mordaza en la boca
lenta lluvia que me azoca
el verso que se dispara
Porque ha borrado mi cara
el lunar de la niñez
Y mi cicatriz ya es
tan profunda como dardo
húmeda y callada ardo
Taciturna en el envés

Pero he mirado la luna
y no es un filo en la noche
atisbo en ella derroche
de manantial y fortuna
Es un pétalo la luna
dibujándome la rara
tristeza que se enmascara
palpitante tras el verso
donde vuelve el universo
a iluminarse en mi cara.


Vocabulum

Puede ser un cuchillo lo que gotea mi vientre 
los libros que leí no son libros
no son hojas sus hojas
ni letras sus letras
-habría que ver quien dio forma a la tinta que no es
tinta-
no existen filósofos
ingenieros
doctores
barrenderos
esclavos
amor puede confundirse con odio si contamos las sílabas
el verso es una línea
la línea es una raya
el corazón es otra víscera
la mesa el árbol
no sé si esto que no quema es sombra
-quiero llamarle abrigo-
aquello que enfría los alimentos
es un trozo metálico de nieve
el sol es un fósforo
la noche una pestaña
el vestido que calzo es una flecha
las especias son solo el olor
por qué cilantro o laurel
por qué espejuelos y no antifaz
Eso que me protege el pie
es mi madre.

Nuvia Estévez Machado nació en Puerto Padre, Cuba, 1971. Ha publicado, entre otros, los poemarios Últimas piedras contra María Magdalena, Maniquí desnudo entre Escombros (Premio David 2001), Misterio de Clepsidras y Las muñecas, las putas, las estatuas. Su obra aparece en múltiples antologías y en estudios sobre poesía cubana.Es miembro del grupo de mujeres decimistas Décima al Filo y del Grupo Iberoamericano Amigos de la Décima Espinela-Cucalambé. Actualmente reside en el exterior.

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