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Haydée Santamaría: “Lo extraordinario era su alimento natural”

Astrid Barnet, 28 de julio de 2019

Efectivamente, y como realzara nuestro José Martí en una mujer: “Lo extraordinario era su alimento natural”, porque desde su juventud Haydée Santamaría se nutrió de la savia dulce y sincera del amor; de ese amor que, con el tiempo, continuaría ennobleciendo y fortaleciendo en la búsqueda y encuentros constantes con la realidad, con su realidad de combatiente, de guerrillera, de mujer carismática.

Una realidad, también despiadada y perturbada por las acciones de torturas algunos hombres (o hienas humanas), quienes trataron de profundizarlas en perennes heridas, mas no lo lograron. Ella, en vida aun y, luego con su eterno adiós físico, logró contra viento y marea —y en momentos extremadamente difíciles para una Revolución en ciernes y redimida a la vez por su magnífica historia— la realización de un proyecto de unidad latinoamericana y caribeña: Casa de las Américas.

Un proyecto riquísimo, desprovisto de financiamiento alguno, en el que “se desprecia el dinero, pero se adora la idea”,  surgido de las almas hermosas y llenas de patriotismo como la de ella. El proyecto, altruista, indagador de lo nuevo y renovador de este continente —hasta entonces desconocido en y para las viejas culturas europeas—, fue secundado y llevado a la práctica por los más prestigiosos pensadores e intelectuales de este continente, conocedores de la valía de su extraordinaria.

La noción del intelectual comprometido con el proyecto social que estaba por entonces fraguando en Cuba atraviesa cada línea de trabajo de la Casa y se convierte en sello de su política cultural. Haydée recibe correspondencia de escritores y artistas de todas partes, ávidos por formar parte de la experiencia Casamericana. Así y, a través de su incesable correspondencia, se fortalecen lazos con los creadores: se premian y publican libros, se materializan exposiciones, conciertos, conferencias. La Casa no cesa en ningún momento, sólo crece y se fortalece.

De aquel proyecto, volcado en realidad desde hace sesenta años, Haydee Santamaría fue su genio y protagonista principal, como savia primicia quien desde muy joven estudiase e indagase por la verdad martiana, por la realidad y práctica fidelista de enarbolarlas en definitivo programa de unidad cultural continental.

Haydée en el pensamiento latinoamericano y caribeño

En Haydée se me dio la ocasión única de contemplar a una criatura fuera de serie que no terminó la enseñanza primaria, cuyas universidades debieron ser como las de Gorki, y cuya inteligencia relampagueante, cuyas intuiciones, cuya penetración no las he visto mayores. Su bondad iba a la par con su sensibilidad, con su talento, con su sed de saber. Leía de claro en claro, como el fantasioso Señor de La Mancha, a quien tanto se me parecía, pero con el sentido a la vez trascendente y práctico de Teresa de Ávila. Se la pasaba fundando o dando mandobles en el aire, arremetiendo contra molinos de viento pero también de hierro, sufriendo por los otros, liberando galeotes. Hasta que no pudo más de dolor (el que sus espantosos verdugos le provocaron para siempre a raíz del Moncada) y, ensombrecida su razón, se borró la vida.

Bella reseña que, acerca de la heroína del asalto al Cuartel Moncada y de la lucha liberadora en la Sierra Maestra, Haydée Santamaría, describiera el prestigioso intelectual cubano Roberto Fernández Retamar, en fragmento de entrevista concedida al periodista y escritor Jaime Sarusky, en septiembre de 19951.
 
“(…) hay que haberla visto dialogar con seres como Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Víctor Jara, Luis Britto…muchos y muchas más”, acotó en otra parte de su recuerdo sobre Haydée, para agregar:

La oían con respeto sagrado, como si fuera una sibila (¿no lo era?), para haber apreciado la hondura, la complejidad de su alma y su transparencia. Claro que para ella la revolución, como para Martí, siendo inevitable violencia, sobre todo era amor y ternura (…) Fue de esos seres para quienes dijo su amadísimo Martí, que lo extraordinario era su alimento natural.

Hermosa, realmente hermosa, la contribución de Haydée a la cultura de este continente, con una sede ubicada en el Primer Territorio Libre en América —nada más y nada menos—, para complacencia digna de los cubanos, de la cubanidad, de una actividad cultural que, en este otro lado del mundo, aún tiene mucho que otorgar, expandir y engrandecer, hacia otros confines del mundo.

Haydée, hace falta tu voz, de Ediciones Ojalá, y el intercambio de correspondencia con connotados intelectuales en Destino: Haydée Santamaría, del Fondo Editorial Casa de las Américas, son dos lecturas esenciales que nos acercan al pensamiento y a la vida de una mujer guerrillera que se va forjando en intelectual revolucionaria, su profunda comunión entre praxis revolucionaria e intelectual.

¡Gracias, Haydée, por tu extraordinaria y eterna obra para América! La verdadera América: ¡la de todos los latinoamericanos y caribeños!

Notas:

1 Roberto Fernández Retamar: Un poeta metido en camisa de once varas. Ediciones UNIÓN, 2018.

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