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Severiano de Heredia: mulato cubano que París hizo “alcalde”; y la República, ministro.

Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 12 de julio de 2019

En días pasados, la Editorial Boloña de la Oficina del Historiador de la Ciudad, llevó a cabo en La Habana el lanzamiento de una obra singular que tuve el honor y el reto de traducir del francés a nuestra lengua. Su autor Paul Estrade, es bien conocido desde hace muchos años por nuestro medio intelectual, por lo cual, su prestigio y reputación le precedían con creces. Para mí, traducir a Estrade no era nuevo. En realidad, el primer libro importante que traduje en mi ya larga carrera había sido precisamente una monumental obra suya nada menos que de 1008 páginas que fue Tesis doctoral en la Universidad de Toulouse.1

Mejor que comentar los méritos o carencias de mi propio trabajo, una tarea que traspaso a mis receptores, me ha parecido entonces mucho más útil presentar extractos de las opiniones sobre la obra original de la Sra. Georgina  Pau-Languevin, diputada por París,  vicepresidenta del Grupo SRC y consejera del distrito 20 de la capital francesa. Y cerrar este trabajo con las motivaciones que movieron a Paul Estrade a emprender la labor biográfica/autoral de este otro Heredia  –el tercer hombre–, como lo hemos calificado, puesto que fue primo de José María Heredia y Heredia, el primer poeta romántico cubano,  una de las más altas figuras de nuestra lírica nacional, y de José María de Heredia Girard , el poeta parnasiano, otro mulato santiaguero mal apodado “el francés” por haber sido desarraigado desde pequeño por su familia para radicarse en Francia y organizar así esta presentación. Sobre mi traducción, opinarán los lectores que en lo adelante se harán con la obra en español a disposición ya del lector hispanohablante en la editorial Boloña. Opina pues la Sra. Pau-Languevin:

En estos tiempos sorprendentes, Francia se interroga acerca de su relación con personas de la supuesta diversidad, sobre todo de origen extranjero o que provienen de los antiguos imperios coloniales. Después de siglos donde la esclavitud y luego la colonización, el Estado y las grandes empresas de armadores y comerciantes los impulsó para su propio provecho, en todos los países del mundo, pero principalmente fuera del territorio hexagonal de Francia esos fenómenos históricos se han hecho presentes actualmente por un golpe de retorno en todas nuestras grandes ciudades en las que la sociedad francesa se precia de plural, mestizada. Pero todo el mundo se percata de que existe una suerte de hiato entre una promesa de igualdad, un compromiso de tratar a cada cual únicamente en función de sus aptitudes o de sus méritos y una realidad cotidiana mucho menos gloriosa, en la cual numerosos ciudadanos, sobre todo los más jóvenes en los barrios populares, se desesperan sin ver concretarse el ideal republicano que se les ha inculcado. Paradójicamente, después de haberse mostrado largo tiempo orgullosa de su enfoque universalista, nuestra sociedad de hoy se pregunta si al exhibir su voluntad de parecer indiferente frente a la apariencia, al color de la piel, acaso no habrá subestimado de hecho las reales dificultades que existen para trascender las convulsiones de la historia y si no se habrá privado de realizar las acciones correctoras indispensables que permitieran exorcisar los fantasmas del pasado, superar las desigualdades o prejuicios que ese enfoque nos legó, y que está todavía vigente en la mente de numerosos actores (…) Es preciso constatar que algunos otros países de Europa, incluso de América que han confrontado idénticos problemas, no han vacilado en adoptar medidas voluntaristas con notables resultados.

La gobernadora de Canadá, representante personal de la Reina de Inglaterra es de origen haitiano, numerosos diputados en Gran Bretaña, incluso ciertos miembros de la Cámara de los Lores provienen del Commonwealth. En los Países Bajos, el número de elegidos locales o diputados que proceden de la inmigración no es nada despreciable. Hasta hemos referenciado que hubo una martiniquesa que fue un tiempo ministra en un país nórdico. Desde hace algunos años, Bertrand Delanoë, alcalde de Paris, ha hecho resurgir en el espacio público parisino a muchas figuras, venidas del Nuevo Mundo: el Caballero de San Jorge, esgrimista y músico talentoso, Gastón Monnerville, elegido por el Lot y presidente del Senado y el general Dumas, nacido en Santo Domingo y reconocido como héroe en el ejército de la Revolución. De suerte que ha resultado muy oportuno que Paul Estrade a su vez haga revivir la hermosa figura caída en el olvido de Severiano de Heredia. Resulta difícil entender por qué un político, precursor como este de nuestras preocupaciones contemporáneas y estimado por todas las figuras de su tiempo, haya sido barrido así de nuestra conciencia colectiva. Sin embargo, ese hombre de origen extranjero, toda vez que nació en Cuba en 1836 y súbdito de España hasta 1870, de ascendencia esclava, de color, ya que es mulato incluso de un tono de piel bastante oscuro al punto de asemejarlo sus detractores a la ciruela de Agen, haya podido resultar electo en Paris en el siglo XIX y para colmo, en el distrito XVII que es una barriada más bien burguesa, lo cual resulta ya de por sí extraordinario.Cuando uno conoce además que su carrera es bastante larga puesto que fue Consejero en el barrio de Ternes desde 1873; Presidente del Consejo Municipal de Paris, o sea, Alcalde de Paris, de hecho, luego diputado por Paris en 1881 y finalmente Ministro de Obras Públicas en 1887, es evidente que no se trata de algo accidental (…) ¿Por qué entonces éste olvido cuando a su primo, el poeta José María de Heredia le conocen todos desde la escuela? ¿Quizás porque su posicionamiento original no se corresponde con los esquemas habituales de pensamiento? Severiano es de condición acomodada, resultó elegido por un barrio burgués, pero ese radical es progresista, laico, libre pensador, francmasón; entiende los motivos para la cremación, defiende la escuela pública; promueve la formación continua; incluso se muestra ecologista (…) La intelectualidad cubana y los escritores negros en el mundo entero le reconocen. Puede ser que ya haya llegado la hora para los intelectuales y responsables políticos de ese país de reconocer la modernidad de este personaje carismático que, mucho tiempo antes que los demás, nos ha demostrado que ejercer responsabilidades políticas en nuestro país aunque se haya nacido en el extranjero y siendo de color, resultó posible en el siglo XIX (…) Gracias en todo caso a Paul Estrade por haber atraído la atención sobre la figura apreciada y estimada de éste mulato predecesor de nuestro actual Alcalde de Paris.                                                                                   

Terminamos nuestra entrega a Cubaliteraria, con extractos de reflexiones de Paul Estrade a medio camino entre el relato y el ensayo histórico quién a guisa de Prólogo de su libro, se expresa como sigue:  

¿Cuánto tiempo hubo que esperar para que nuestros conciudadanos declarasen a través de los medios de comunicación, que el novelista Alejandro Dumas era un mulato que descendía, por parte de padre, de una mujer negra de la colonia de Santo Domingo? Más de un siglo. Hasta que entró en el Panteón en 2002. ¿Cuánto tiempo hubo que esperar para que los alumnos de la secundaria y los demás estudiantes supieran a través de la pluma de críticos escrupulosos que la musa del poeta Charles Baudelaire, inspiradora de Las Flores del Mal y su amante, Jeanne Duval, era una mulata nacida en las Antillas? Esas informaciones biográficas tendrían sólo una importancia mínima, limitada a los más exigentes lectores de Dumas y de Baudelaire sino se hubiese hecho en torno a ellos un complot de silencio, tanto en vida de los aludidos como durante la mayor parte del siglo XX. ¡Cuánto tiempo habrá entonces que esperar todavía para que los parisinos sepan que a finales del siglo XIX un presidente de su Consejo municipal asumiendo de hecho las funciones de alcalde de Paris, fue un mulato descendiente por parte de madre de esclavos africanos? ¿Qué incluso fue Ministro? ¿Qué fue un pionero en el combate por el laicismo llamado a culminar en la separación de las Iglesias y el Estado? ¿Qué fue un combatiente de la República y de la Democracia contra los aventureros y los demagogos? Este político de origen cubano vivió desde 1836 a 1901. Se llamaba Severiano de Heredia. Como estimamos que no hay razón alguna para ocultar lo que hizo, fuera quien fuera, y viniera de donde viniera, sino que, por el contrario, urge cercar lo que no se dice del racismo en los entresijos de nuestra historia, hemos emprendido la investigación que nos ha conducido a la presente biografía. Se ha escrito muy poco sobre Severiano de Heredia. Las noticias biográficas que se redactaron en vida se han quedado lacunarias. Por demás, son de fiabilidad variable y nunca han sido revisadas. Únicamente algunos estudios en español esbozados por el dominicano Max Henríquez Ureña (1941) y por dos cubanos: Angel Augier (1960) y Salvador Bueno (1991) lograron que esta figura comenzara a conocerse en el extranjero. Nada de eso sucedió en Francia, donde sin embargo, con mucha más propiedad que en las Antillas se construyó su obra. Conviene notar también que esos críticos sobre todo han querido resaltar al hombre de letras y de cultura expatriado. Mientras que por nuestra parte a medio camino entre el relato y el ensayo histórico con una postura en prioridad de historiador, hemos rastreado las huellas y seguido los pasos del hombre social y del hombre político, reubicado en las contradicciones de sus dos mundos y en la agitación de su tiempo: el fin del imperio colonial español en Cuba y las primeras décadas de la 3ra República en Francia, sobre todo en Paris. Que el Caballero de San Jorge, ese brillante compositor, deliberadamente ignorado durante dos siglos porque nació en Basse-Terre de madre esclava haya podido ser honrado en 2002 con el nombre de una calle céntrica de Paris, en el lugar y en vez del general Richepanse quien en 1802 reintrodujo la esclavitud en Guadalupe, permite razonablemente esperar que Severiano de Heredia salga del anonimato; por lo pronto haber entrado en las grandes Enciclopedias al lado de sus homónimos, sus primos José María Heredia, (el romántico cubano) y José María de Heredia (el parnasiano francés).

 

Notas.

1. Paul Estrade:  José Martí (1853-1895) o Los fundamentos de la democracia en América Latina,  Aranjuez, Ed. Doce calles con respaldo de Casa Velázquez , Madrid. 794 pp. Colección Antilia. Prólogo de Roberto Fernández Retamar. Traducción de Lourdes Arencibia de la obra del mismo título publicada en francés por ed. Caribéennes., Paris, 1987. 2 vol. 1008 págs.


 

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