Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 15 de septiembre de 2019; 8:54 AM | Actualizado: 13 de septiembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 517 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Celia, mi mejor regalo: un libro para todos los tiempos

Astrid Barnet, 10 de junio de 2019

Pocas obras literarias que no hayan sido creadas por genuinos hombres o mujeres de letras, por verdaderos especialistas de la lengua castellana, manifiestan (quizás) tanto poder de comunicación, de honestidad proverbial, de entrega íntima, espontánea y agradecidahacia una persona quien, aunque no tuvo la dicha de procrear, aconteció con inefable sabiduría ese hecho con acciones que la convocaron a ser no solo admirada, sino también amada y recordada por siempre y para siempre en el más alto peldaño al que pueda acceder un hombre o mujer, y es el de formar parte de su historia patria y revolucionaria, de su historia martiana y fidelista.

Quizás la cercanía, la intimidad, el roce de todos los días me impedían aquilatar en su verdadera dimensión a la mujer que, aunque no me dio a la luz, me iluminó como una madre a su hija. De enseñármelo se ha encargado nuestro pueblo, cuyos instrumentos han sido el dolor manifiesto frente a su féretro; el recuerdo imperecedero de cada acto suyo; el amor sincero que brota al hablar de ella; la convicción de que no se ha ido, porque está en la magna obra de la Revolución.

A través de este breve, pero profundo y amoroso párrafo inicia uno de los capítulos de su libro Celia, mi mejor regalo1 Eugenia Palomares Ferrales (Sierra Maestra-1957), ahijada de bautizo desde la Sierra Maestra e hija de crianza, de la inolvidable heroína revolucionaria Celia Sánchez Manduley.

Entre las numerosas anécdotas que patentizan el carácter y la personalidad de la guerrillera de la Sierra, fiel e insustituible colaboradora del Comandante en Jefe, la autora rememora las siguientes:

(…) Me gustaban sus modales a la hora de comer; me complacían los domingos en la casa de once, especialmente en el horario de almuerzo. Uno de esos días fue la lección: tomó posición en el centro de la mesa, con los utensilios necesarios para su demostración. Entonces, empezó su explicación:

Cuando lleguen al lugar, no deben hacer ruido con la silla; con cuidado la desplazan hacia atrás, se sientan en silencio y ponen las manos en las piernas, nunca los codos sobre la mesa. Una vez que sirvan la comida, colocan la servilleta sobre las piernas por si algo cae sobre sus ropas, no se las ensucien. No pueden abrir el pan como si fueran a hacer un sándwich; toman un pedacito, le untan porciones pequeñas de mantequilla y van comiéndolo lentamente, masticando siempre con la boca cerrada. Cada paso iba acompañado de movimientos delicados (…)

(…) Jamás expresó ante nosotros malestar alguno, al contrario, no sabemos de dónde sacaba fuerzas cuando nos tenía delante. Increíblemente simulaba su verdadero estado –corría 1979–, e incluso, asistió a la asamblea de la Organización de Naciones Unidas con Fidel, cuando Cuba presidía la VI Cumbre de Países No Alineados. Sobre este viaje el doctor Gilberto Gil me comentó:

Aquel viaje fue inolvidable. Que asistiera nos entusiasmó, sabíamos que ella no acostumbraba a participar en este tipo de eventos y menos en actividades presidenciales. Como siempre, Fidel recorrió, primero que todo, el área. Celia lo llevó a la habitación de los médicos y le enseñó las literas donde íbamos a dormir (…) Se mantuvo al tanto de los detalles y yo, que sí conocía su padecimiento, no pude más que silenciar mi sorpresa ante tanta fortaleza y júbilo.

Regresó un poco agotada del viaje, la vi más delgada, pero mantenía su carácter afable y una voluntad de acero. Mi madrina empezó a prepararse para otro acto de envergadura en Santiago de Cuba: la conmemoración del Aniversario 23 del Levantamiento del 30 de Noviembre. Esa fue, la última actividad pública en la que participó. Iba con el mejor ánimo, así lo corroboré cuando la vi por la televisión, incluso mientras imponía medallas y condecoraba a los valerosos combatientes. Alguien me dijo un tiempo después que había salido con fiebre y una tos que aparecía por momentos.


Celia, mi mejor regalo, un libro testimonial que de forma amena e interesante, interioriza en un sinnúmero de aspectos y detalles –en su mayoría desconocidos–, sobre la vida y la obra de aquella guerrillera, dirigente y mujer y, al mismo tiempo, una obra necesaria en especial, para los jóvenes, para las futuras generaciones, por su indiscutible sentido pedagógico y sentimiento solidario y humanista. Un libro para todos los tiempos, al reflejar en cada una de sus páginas el más alto sentido del altruismo de una mujer cubana a seguir e imitar.

Notas.

1.Celia, mi mejor regalo. Casa Editorial Verde Olivo, 2015.
 

Un joven llamado Fidel Alejandro
María Luisa García Moreno
La paloma de vuelo popular
Nicolás Guillén
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis