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En el bicentenario de la muerte de Manuel del Socorro Rodríguez

Leonardo Depestre Catony, 05 de junio de 2019

Con Manuel del Socorro Rodríguez se da el caso —no excepcional pero sí inusual— de ser un cubano mejor conocido en el extranjero, Colombia propiamente, que en su patria natal.  En cuanto a la fecha de su nacimiento, existen divergencias. Aunque el Diccionario de Literatura Cubana da como más probable el año de 1754, Francisco Calcagno da el de 1758 en su Diccionario Biográfico Cubano y es ese el que aparece también en la Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed) y en la universal Wikipedia.

Bayamés por nacimiento, el padre ejerció los oficios de maestro y escultor, que también aprendió el hijo, monaguillo además por varios años, en tanto estudiaba con ahínco las letras elementales. A la muerte del padre, heredó los oficios de este e incorporó los de pintura, siempre tras la búsqueda de formas de subsistencia familiar, en tanto comenzó a sobresalir por sus conocimientos literarios, adquiridos básicamente de manera autodidáctica.

Muy decidido y bien preparado, logró salvar enormes distancias (tanto sociales como geográficas) para llegar a ser —como tal es considerado—, el padre del periodismo en el virreinato de Nueva Granada, o “prócer del periodismo en Colombia”, aunque también como una especie de informante-servidor del rey Fernando VII, ya en el trono.

¿Cómo fue aquello posible, se preguntará el lector? Pues bien, Manuel del Socorro primero elevó un memorial al rey de España, Carlos III, para que se le concediera un empleo literario, para el cual se sometería previamente a un “riguroso examen  en ciencias, literatura y bellas artes”, examen que pasó exitosamente en el Seminario de San Carlos el 15 de octubre de 1788, fecha por la que contaba Manuel alrededor de 30 años.

Se asegura que fue tal la impresión que causó el desempeño del bayamés que el primero de los temas desarrollados, “Elogio de Carlos III”, en prosa, se publicó muchos años después en el Mensajero Semanal, de Nueva York, en Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País y en Crónica, los dos últimos cubanos. Por cierto, en el tercero de los citados también se publicó el segundo de los temas, este en verso, titulado “Las delicias de España”. Comprobará el lector que los asuntos abordados por nuestro compatriota cuidaron de ser lo suficientemente laudatorios como para satisfacer cualquier suspicacia por parte de las autoridades de la metrópoli.

Con el visto bueno del monarca español y el conocimiento que de él ya tenía el capitán general de la Isla don José Manuel de Ezpeleta, al ser nombrado este último virrey de Nueva Granada solicitó permiso real para llevar consigo a Manuel del Socorro Rodríguez, cuya labor en el virreinato lo inscribe en los anales de la literatura y la bibliotecología colombiana. Se le nombró bibliotecario, desempeñó el cargo de director de la Real Biblioteca de Santafé de Bogotá, fundó y dirigió El Semanario (1791), el Papel Periódico de de la Ciudad de Santafé de Bogotá (1791) el Correo Curioso (1799), El Redactor Americano (1806) y otras publicaciones que sentaron las bases del periodismo en el país sudamericano.

Portador de muchas ideas, una de ellas fue la creación de la Tertulia Eutropélica, definida como “una junta de varios sujetos instruidos, de ambos sexos bajo el amistoso pacto de concurrir todas las noches a pasar tres horas de honesto entretenimiento, discurriendo sobre todo tipo de materias útiles y agradables”.

Fue realmente significativo su quehacer como publicista y autor de Descripción histórica de la fundación del Monasterio de la Enseñanza de la Ciudad de Bogotá en 1783–1802. De su producción poética, se le atribuyen más de 600 composiciones de mediana inspiración y epigramas inéditos. La revisión completa de su bibliografía es extensa y va más allá de los intereses de estos apuntes, pero sí ilustrativa de cuánta laboriosidad y empeño puso de sí para dejar en letra impresa la mayor cantidad de información útil a sus conciudadanos.

Con posterioridad al grito de independencia de 1810, el nuevo gobierno no estaba en condiciones de mantener el sueldo de Manuel del Socorro como bibliotecario, quedando sin remuneración y en situación económica precaria.

Con altas y bajas, más de estas últimas, transcurrieron los años restantes de la vida de Manuel del Socorro Rodriguez hasta su muerte en Bogotá, acaecida en una habitación interior de la biblioteca donde vivió humildemente durante 30 años. Según se afirma, lo encontraron “vestido con el humilde sayal de los hijos de San Francisco. Apoyada su cabeza sobre dura piedra, estrechando en sus manos un rústico símbolo de la redención humana”, el 2 de junio de 1819, fecha de la cual se cumplen ahora 200 años, ocasión irrepetible para rendir homenaje a un cubano ilustre que en algunos textos es citado como neogranadino de origen cubano.

Escritor, versificador, ensayista, periodista y bibliotecario. Tales fueron las cualidades intelectuales que prodigó Manuel del Socorro Rodríguez entre sus compatriotas sudamericanos. Seguros estamos que en Colombia no pasarán la fecha por alto. Desde aquí, CubaLiteraria se suma modestamente al recuerdo de este insigne cubano-colombiano.

Foto tomada de Habana Radio

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