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Animal de carga

Jesús Dueñas Becerra, 28 de mayo de 2019

Animal de carga, del poeta, escritor y realizador audiovisual, Pablo Guerra Martí, es el título del poemario publicado por Ediciones La Luz, para beneplácito de los amantes de la poesía, género literario que, al decir martiano, brota del alma, al igual que la música. 

Ante todo, habría que destacar los disímiles valores que el lector puede descubrir en ese poemario, en el que utiliza al buey como pretexto para reflexionar —desde la vertiente filosófico-antropogénica— acerca de la naturaleza racional del homo sapiens e irracional de la bestia.

El animal elegido por el intelectual holguinero para dedicarle ese texto poético, está “herido por la vara, hendido por la vara, guiado por la vara [y] no recuerda para qué sirven sus bríos, ¿hollar en el fango?, ¿jalar [sic] la carreta, acaso?”.

El buey “ya no es el que determina la pauta, el orden natural de las cosas que han de ser arrastradas”. Con el paso lento y cansado, que lo identifica, “entre él y el límite solo está el palmo de húmeda lengua”.

El vate arrastra “cántaros que se han de vaciar para sucesivas vueltas, cuentas que han acumulado saldos deudores, intereses multiplicados ante el ojo del publicano y en los bolsillos”, y sube cuesta arriba la empinada ladera mientras carga la pesada piedra.

Al parecer, el buey está condenado a una inútil y exhausta tarea, una “bancarrota declarada, a cuestas, en el lomo de los días”. En otras ocasiones, apenas si es capaz de distinguir entre la naturaleza humana —signada por la maldad, como el cocodrilo del río, según el escritor finlandés Mika Waltari (1908-1979) — y su agobiante carga.

Es —en ese preciso momento— cuando “el tigre de las horas” lanza su aliento helado, el bardo se libra tanto del temor a la garra, como del filo cortante del colmillo. Por otra parte, percibe que el miedo paralizante es su arma predilecta, mientras el ojo se centra en su naturaleza.

Así las cosas, incluso llega a afirmar que “la luz persiste como un perro fiel en seguir guiando nuestros pasos”.  Esa luz, caracterizada por las circunstancias del alma, “vasto territorio donde nos perdemos desacostumbrados al oficio de los encuentros”.

La poesía de Guerra Martí halla razones en los seres que necesita, porque los ama, en tanto “la pesada bola del recuerdo […] inevitablemente volverá para golpearnos”.

Las hijas, la madre, los amigos, como “islas golpeadas por el viento” —y con ellos la impotencia ante la imposibilidad de “alumbrar la soledad”— viven en poemas que poseen algo de esa estructura lírica lezamiana, evidente en la obra poética de Pablo Guerra Martí, quien no se encuentra “entre los toros de Guisando”, pero sí está “entre los que preguntan cómo y cuándo”. Y ese cómo y ese cuándo trascienden —con creces— su poesía.
 

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