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Encarnación de Armas: todavía existe la primavera

Reyna Esperanza Cruz, 28 de mayo de 2019

La poesía es líquida, y como tal, escurridiza y cambiante, y se ajusta, una vez atrapada, al molde que la contiene. Por eso es posible encontrarla en todas partes, en cualquier voz que la asuma como lenguaje, en cualquier forma estrófica escogida.

Quienes optan por la décima, esa construcción exquisita y plagada de dificultades que deben ser sorteadas con talento, sensibilidad y conocimiento para que pueda mostrarse en todo su esplendor, saben que atrapar la poesía en molde tal entraña riesgos. Pero una y otra vez, los poetas corren ese riesgo. Encarnación de Armas asumió el reto desde su más temprana juventud, porque la espinela fue el idioma aprendido en su niñez; desde la voz de sus mayores le llegó esa herencia, que ella tomó en sus manos y ha preservado a través de todo su ya largo existir. Muy cercanos están sus versos, por la fluidez del discurso y la sencillez de las imágenes, a la décima improvisada que tan familiar le resulta. Sin embargo, también utiliza recursos como el encabalgamiento, la rima asonante y la metáfora chispeante propios de la décima escrita, sobre todo en los últimos veinte años.

En sus poemas está su biografía, a retazos y sutilmente contada, sin que por ello dejemos de encontrar, de cuerpo entero, a un ser humano apasionado y sin prejuicios, que se ha levantado por encima de tabúes y convencionalismos, a una mujer-ala, marcada por el amor y el desamor, por la vida y por la muerte, con unas enormes ganas de vivir a pesar de cualquier pesar. 

Son frecuentes en sus versos imágenes relacionadas con la luz y con lo que se transparenta; así encontramos la primavera, el agua, el espejo, el cristal, el aire. Vuelan con ligereza los versos, como ala en el viento del atardecer. Vuelan, y se instalan sin permiso en nuestro oído, y luego en nuestro sentir más profundo, porque tienen la música y la luz, el vuelo y la distancia, y porque se siente, latiendo detrás de cada palabra, cómo regresa, o permanece en ellos, sin importar invierno o muerte, la primavera. Es decir, la vida.

 


CUANDO LA INOCENCIA NO SE PIERDE

 

Tengo el rostro macilento
—como de novia en olvido—
aunque no se apaga el brillo
de la ilusión que conservo.
Ando con el paso lerdo
por la senda más oscura.
Mi ciudad casi relumbra
hasta el último recodo
y yo no sé dónde escondo
la inocencia que me dura.

 


TENGO UN ALA 
                                                                            

                                                                            Yo tengo un paje muy fiel.
                                                                                                        José Martí

Tengo un ala que se esfuma
como un silencio en el aire,
mas, defiende mi donaire
al límite de la bruma.
Ala de cristal y espuma
que un haz de sueños encierra
surca lo ignoto y me aferra
al vuelo que no responde,
y si me buscan me esconde
en el confín de la tierra.
Ala de cristal y espuma
que un haz de sueños encierra
en el confín de la tierra.
Ala en el agua esculpida
que me acuna si desvelo,
y vuela a saciar mi anhelo
hacia una voz sumergida.
Ala de luz y de vida
que estrellas pone en mi piel.
Sale a buscar un laurel
si es que el olvido la besa,
y a mi costado regresa,
ala leve, siempre fiel.
Ala de luz y de vida
que estrellas pone en mi piel.
Ala leve, siempre fiel.

 


PETRIFICADA EN LA ESPERA
                                                                         

                                                                          Venía mi voz andando por la nada
                                                                                   Y se enredó mi voz en mi voz.
                                                                                                          Pablo de Rokha


Venía mi voz andando
por la nada y se enredó
mi voz en mi voz. Quedó
una voz agonizando
en mi boca. No sé cuando
fui queja para un final
de esfinge o de una postal
petrificada en la espera.
Pero quiero ser cantera
para una voz inmortal
que en badajo de cristal
su solfeo desenrede.
Voz con ala que se hospede
en un teclado fluvial.
Abanico musical.
Simbiosis  de la palabra
en la costumbre que labra
un enjambre de sonidos.
Voz que llegue a los oídos
sin una cuerda macabra.

 


ABRIL NO TIENE LA CULPA

 

Voy hacia abril. En su centro
puedo decir que te miro.
Tal vez me ofrece un suspiro
las señas para el encuentro.
Estoy usando por dentro
la ropa que más me ajusta.
Rompo una barrera adusta
con el golpe de un alarde.
Y de pronto soy cobarde:
parece que abril me asusta.

Abril deposita el cielo
más cerca de mis zapatos
y derrama entre recatos
la llovizna de su celo.
Te nombro. Evoco un pañuelo
con huellas de madrugada,
sombra tuya acumulada
en la espera se disuelve.
Cierzo de ausencia me envuelve.
Es abril y tú eres nada.

Abril no tiene la culpa
 de que me escondas el fuego.
No sé si deambula un ruego
donde cabe una disculpa.
Costra de sueños sin pulpa
para un viernes sin espera.
Abril busca la manera
 de ser ala y poesía.
Tú no estás y todavía
existe la primavera.

 


DETRÁS DEL CRISTAL

 

No soy la copia de un cuerpo.
Me presento como soy,
aunque desmienta al reverso
que me niega donde estoy.
La luz que me falta hoy
ayer mi coraza era.
No importa que en esta era
alguien me encuentre distinta.
Llevo atada en una cinta
la primavera.

 


DESDE UN PAPEL EN EL VIENTO

 

¿Mujer o diosa? Mentira
desde  un papel en el viento.
Estatua que busca aliento
en los astros cuando gira
alrededor de una pira.
¿Eva o Venus? Casi barro
que de fragancias embarro
y hasta el no ser me transporta.
¿Fiebre o esperma?  Qué importa,
solo sé que me desgarro
y al misterio me dirijo
encandilada de sombra.
 Voy desgarrando la alfombra
que me sirve de escondrijo.
Si descubro un crucifijo
tal vez inclino la frente,
o blasfemo de repente
rechazando un testimonio.
¿Soy la mitad de un demonio
o de un ángel diferente?

 


MIENTRAS LLUEVE EN TI

 

La distancia es un peñasco
que se empina entre los dos.
Como lágrimas de un dios
está cayendo un chubasco,
y siento que ya me atasco
del silencio entre las redes.
Me aplastan estas paredes
con invernal apariencia.
Espero por tu presencia
para escapar de las sedes
que me apartan de la vida,
y lavar oculta herida
con agua de tus mercedes.
De la savia en que sucedes
se va nutriendo mi plasma.
Aquí no llega la miasma
porque de tu olor me inundo,
y soy alguien para el mundo
aunque parezca un fantasma.

 


PARA DESPUÉS DE MAÑANA

 

Un viernes puedo morir.
Si no un domingo, tal vez,
y en otro cuerpo después
puedo volver a vivir.
Quién sabe si al sucumbir
no haya un silencio total,
y que una porción vital
en la arcilla o en el yeso
autorice mi regreso
hacia un recinto inmortal,
si alguien me espera en un beso
desde un sitio terrenal.

Que tenga deudas no importa.
No averigüen por qué causa.
(La vida puede ser corta),
poco a poco he de pagarlas.
Queda siempre alguna rosa
para después de mañana,
cuando se lleva una carga
de milagros en el tiempo,
y persisten los recuerdos,
hasta en la nada.

 


ENTRE CLAVES INTERMEDIAS

 

Vengo de la imagen rota
de un espejo que no oculto.
Tal vez de un río en tumulto
voy rodando en una gota.
Mi presencia no se nota
aunque se anuncie en un grito.
Mensaje de ayer trasmito
entre claves intermedias.
Soy de realidad a medias
con trascendencia de mito.

 


Encarnación de Armas Medina (Jaruco, 1933). Poeta y narradora. Cultivadora  de la décima, obtuvo en 1994 el Premio Cucalambé, convirtiéndose en la primera mujer que obtuvo este lauro. Ha publicado los libros: Tengo un ala (1993), Beso que desata luz (1995), Abril no tiene la culpa (1998), y Atisbos desde el desvelo (2002). Textos suyos aparecen en antologías y publicaciones periódicas nacionales y extranjeras. Es miembro de la Fundación Nicolás Guillén y de la UNEAC.

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