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Traducir poesía del África lusófona

Olga Sánchez Guevara, 28 de mayo de 2019

Recientemente se celebró en La Habana el Día de la Lengua Portuguesa (5 de mayo), con un concierto de música y poesía de los países lusófonos, realizado en la Sala Raquel Revuelta. Como en otras ocasiones, tuve el placer de traducir los poemas y canciones interpretados en el concierto, y una vez más fue un reto trasladar al español, entre otros, textos del África lusófona, por las singulares características de una poesía que incorpora términos procedentes de los idiomas africanos originarios y de las lenguas “criollas” surgidas al mezclarse aquellos con el portugués.

El traductor debe hallar y emplear equivalencias adecuadas para aquello que intenta trasladar a un nuevo idioma, de modo que el lector comprenda lo mejor posible el texto de llegada; de lo contrario no tendría objetivo traducir. Por supuesto, es imposible hacerlo sin antes entender a cabalidad lo que se va a llevar a un nuevo idioma. Palabras como “batuque” y “batucada” pueden resultar familiares para los cubanos, que hace tiempo las leemos y escuchamos en textos y canciones de Brasil, país adonde arribaron precisamente desde África. “Quimbo”, “imbondeiro” o “senzala” nos llegaron con los colaboradores cubanos a su retorno de Angola. Si bien algunas de estas palabras provenientes de lenguas africanas autóctonas han sido asimiladas por la lengua portuguesa e incluidas en sus diccionarios, otras muchas no aparecen en obras de referencia, y es necesario buscarlas en Internet o consultar a conocedores.

Cuando se trata de voces que se refieren a realidades únicas, propias de su entorno, como nombres de árboles o animales endémicos, de bailes o tipos de música, etc., la mejor opción no es traducir esas palabras, sino dejarlas en su idioma original, acompañándolas de una aclaración. Las notas al pie resultan útiles en este sentido, sobre todo si hay que explicar contextos culturales; pero también pueden fracturar la continuidad de la lectura, por lo que a veces es preferible confeccionar un glosario que abarque todos los términos de difícil o dudosa comprensión.

Esta fue la solución por la que opté cuando traduje el poemario Ritos de pasaje, de la angolana Ana Paula Tavares (Huíla, 1952), publicado en Cuba durante la Feria del Libro dedicada a Angola, en 2013. Maboque y mirangolo (frutas), nocha (un árbol), matrindindi (un insecto) y otras voces autóctonas revelan su significado en una nota colocada al final de la edición.

Para “Vinieron muchos” –poema de Tavares incluido en Poesía y narrativa de países lusófonos, una antología con fines didácticos preparada por la Cátedra Eça de Queirós, de la FLEX-UH– bastó con una nota al pie donde se aclara que la massambala es un cereal semejante al sorgo.


Vinieron muchos

La massambala crece a simple vista.

 

Vinieron muchos
en busca de pasto
traían ojos arrasados de polvareda y sed
y el ganado perdido.

Vinieron muchos
a la promesa de pasto
de grama abundante
de las tranquilas aguas del lago.

Vinieron con las manos vacías
pero con ojos de sed
y sandalias gastadas
en busca de pasto.

Se quedaron poco tiempo
mas todo el pasto se gastó en la sed
mientras la massambala crecía
a simple vista.

Partieron con los ojos arrasados de pasto
limpios de polvo
se llevaron el ganado gordo y las jovencitas.


En la poesía lusófona africana, el uso de voces autóctonas es parte esencial del discurso, además de aportar un colorido local que no sería adecuado ni justo neutralizar. Esto sucede con el poema “Travesía”, de la saotomeña Alda do Espírito Santo (1926-2010), incluido en la mencionada antología de la Catedra Eça de Queirós, y que requirió un pequeño glosario solo para él.


Travesía

Puse la mesa en medio del patio
Molembu se llamaba la siembra
regada con sangre de mis antepasados
invoqué a mis muertos
los espíritus todos que me antecedieron
llegaron primero los oriundos del sur de Sahara
de Gabón, de Liberia, de la Mina
otros vinieron de las islas áridas
otros de las tierras de D’Jinga
y aún otros de más allá del Índico
unión de muchas razas y credos y danzas
fado, marrabenta, puíta, manipuri
fiesta orgíaca que Sum Tômachi, el curandero
se comprometió a montar
por fin vinieron algunos de occidente
lívidos y trémulos como la blanca nieve de su lejos
como el minué de sus danzas de salón
y el choro de la guitarra y de la viola
la mesa estaba puesta
sabrosos platos tapizaban el robusto
tronco de mampiam que hace mucho alguien cortó en rectángulo
y los espíritus todos probaron y se deleitaron
cocido de banana, mojo al fuego
vuadô travessá, pescada com todos
angu, d’jogó, cocido a la portuguesa
cachupa, funge, muamba,
arroz dulce, canjica, paracuca
y los aperitivos eran de sobra conocidos por todos
hornos de carbón ardieron hasta que la luz quedó exhausta
se estremecieron voces en cánticos hossánnicos
en unísonas lenguas que se enredaron felices
y la torre de Babel se irguió una y majestuosa
en un trozo de suelo olvidado por los dioses
mi abuela Dua espejó su rostro de agua
en mi hombro anguloso y magro
y feliz se adormeció.


En el glosario intenté explicar los elementos de la fiesta descrita por la autora: angu, plato preparado con harina de mijo (también de yuca o de arroz) y agua; cachupa, plato tradicional de Cabo Verde, consistente en granos, verduras, carne y mijo, entre otros; canjica, crema o papilla de mijo verde; cuíca o puíta, instrumento musical semejante a un tambor; funge, funche o pirão: plato típico de Angola, confeccionado con harina de mijo o de yuca; mampiam, árbol tropical; manipuri, danza típica de la India en la que se unen casi todas las danzas de aquel país; marrabenta, música bailable típica de Mozambique; muamba de gallina, plato típico de la cocina angolana, consistente en gallina preparada con aceite de palma, quimbombó, pimienta, cebolla y ajo; mungunzá o munguzá, dulce hecho con granos de mijo blanco o amarillo levemente triturados, cocinados en leche de coco o de vaca, con azúcar, canela y clavo de la India; quiabo, quimbombó; pescada com todos, plato frecuente en Portugal, elaborado con pescada (tipo de pez) y servido con papas, zanahorias, verduras y similares.

La anterior enumeración de nombres y significados, que se pudiera leer como otro poema, es resultado de largas y acuciosas búsquedas. “Travesía” es un ejemplo extremo de acumulación de términos africanos originarios, que causa en portugués la sensación de extrañamiento fascinado que he tratado de reflejar en español: una experiencia de mestizaje cultural convertida en fiesta, compartida por todos los involucrados, y expresada mediante el uso de palabras propias de cada uno. Voces autóctonas o en lenguas “criollas” dentro de una poesía en la que también merecen atención aspectos como el abordaje de contextos culturales, sociales y nacionales, los que tal vez sean temas para futuros apuntes. Baste por ahora este modesto acercamiento; ojalá sirva como incitación a la lectura de poesía lusoafricana. 
 

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