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Daniel Díaz Mantilla: buscar sin perder la esperanza

Reyna Esperanza Cruz, 06 de mayo de 2019

La poesía cumple siempre su único deber: acompañarnos en el viaje a través de la existencia,  en el que, si no contáramos con su sombra bienhechora, estaríamos, aún en medio de la multitud,en la más profundasoledad. Así, los mortales que acudimos a ella como manera de comprender y relatar el mundo, contamos con un ancla que no permite el total hundimiento, aún en las peores tormentas. Bien lo sabe Daniel Díaz Mantilla, poeta de lo que duele y sufre, de lo que vive y muere, de cuanto alumbra o ciega. Sus versos, pletóricos de humanidad, testimonian y cuestionan, dando fe de un vivir individual y colectivo que nos hace saber que hay siempre algo más allá de lo que la simple mirada puede abarcar. Por eso su mirada es múltiple y compleja, y se detiene en lo minúsculo y en lo enorme, en lo cotidiano y en lo trascendente. Porque sabe que la brizna es tan importante como el árbol, y que un vidrio brillando a la luz de una farola emite una luz tan digna de atención como la más brillante estrella.

Mucho de sí está en sus versos. Por tanto, late en ellos una ciudad, un país, el mundo. Están lo que conoce y lo desconocido. Observa con detenimiento, para concluir que cada átomo que se mueve en cualquier parte tiene consecuencias para su vida. Mira con piedad al joven desconocido que se fatiga bajo el sol, a la larga caravana de emigrantes, a la mujer amada, a la madre que amamanta a su hijo enfermo. Conversa con la muerte en un amigable encuentro donde no vislumbramos temor a su llegada inevitable, sino una cierta curiosidad ante ese acontecimiento tan conocido y misterioso. Hay en él escepticismo, desesperanza, sensación de estar ante un callejón sin salida, certeza de lo fugaz que es la felicidad,  resignación; pero hay también persistencia, imaginación, capacidad de amar,  una reserva de alegría, una vocación de refugiarse en la belleza para ganar la pelea contra la adversidad, y una incesante búsqueda en la que nunca pierde la esperanza. Nada elude este poeta, porque todo puede ser cantado y contado, así como no discrimina al escoger la arquitectura del poema. El soneto, la décima —abordados de manera poco convencional, pero con indudable destreza—, el verso libre, la prosa, muy cercana a la narrativa, mas sin perder de vista la poesía, que late en la atmósfera, en el modo de observar y plasmar el transcurrir de lo narrado.

Acercarse a la obra poética de Daniel Díaz Mantilla es un viaje fascinante a las honduras de un ser bueno, vulnerable, hondamente sensible. También es un viaje al interior de cada uno de nosotros, los lectores, en el que cada verso sirve como señal, como destino y punto de partida hacia más altas metas, en ese duro aprendizaje del conocernos, juzgarnos, perdonarnos, y finalmente aceptarnos, para habitar juntos en la estación delos desesperados que no perdemos nunca la esperanza.
                  
                                                     REYNA ESPERANZA CRUZ

 


 

BAJO EL SOL, SOLEMNES

 

Bajo el sol, solemnes
los muchachos se han dado en juramento
una, dos, tres veces con la rodilla en tierra,
con el puño en alto,
y hay una fuerza en su voz que me conmueve.
Si apresaran las palabras que han dicho sin pensar…
Si arrastrando los labios por el flujo
de un discurso ajeno que se asume,
se es cual las olas
que el viento empuja contra la costa áspera,
¿acaso como olas también serán los cuerpos
de estos heroicos niños manejados,
disgregándose en espuma frente al duro arrecife?
A veces maldigo al viento pendenciero,
a veces lloro frente a ese llanto inmenso que es el mar
y maldigo de mí,
que con mi queja añado olas a las olas.

 


CRISIS

 

Si miro adelante sin pensar en todo lo que me ata,
si expongo mi sangre, mi casa, mis obras,
si rompo lo que hice por lo que haré,
lo que soy por lo que he de ser,
entonces ¿que seré que perdure,
qué palabras diré que alguien crea?
Pero si me siento a recordar
las veces que arriesgué y perdí,
si considero las heridas que guardo,
las que ingenuamente causé,
si pongo en la balanza mi fe y mi temor,
si dudo de lo que quiero y me aferro
a carencias parciales,
si me niego a soñar lo improbable
y me quedo así,
mordiéndome los labios,
entonces, ¿para qué las palabras?

 


A LA DERIVA

 

A la deriva el témpano sobre las olas,
a la deriva el náufrago en su bote después de la tormenta.
Si el náufrago toma el témpano por tierra
seguirá alejándose hasta que se derrita bajo su pies
/ el hielo.
Ojalá conserve todavía el viejo bote con los remos,
¿o los habrá quebrado para alimentar un exiguo fuego?

 


TELOS

 

El mar profundo, agitado,
que contra el dique se lanza
perenney negro ¿se cansa?

El día pálido gobierna,
¿sobre qué dura, apagada,
grave y gris madrugada?

La tarde distante, ajena,
en sus estratos de cera,
¿qué ocaso implacable espera?

Y la mañana, coronada
de eufórica luz desmedida,
se agota alumbrando ¿nada?

Mírase al espejo el hombre:
¿a qué se aferra
ese breve devenir sin nombre?

 


CONVERSACIONES CON LA MUERTE


1
Un sonido que se esfuma es este canto,
mero engaño sin memoria, apenas una sombra sin objeto,
el eco torcido de algún nombre impronunciable,
intraducible.
¿Ante qué sinsentidos es lógica esta conciencia fugaz,
hija del caos o acaso grito, viejo grito que se expande/
sin origen,
sin destino allende el sordo espacio en que hoy existo?
Apenas un vislumbrar de lo incierto,
una ambigua sonrisa pasajera, un largo adiós,
es la vigilia de estos muertos que hoy pisamos
el sendero hacia el olvido.

2
¿Entre qué penumbras es luz el brillo de mis ojos,
y ante  qué luces seré ausencia intangible, paradoja?
Más allá de mis pupilas veo un reflejo tenue y breve
que es anhelo y no es
sino yo mismo, conjetura de la mente hecha palabras,
ser que es sólo estela, una huella que se borra,
                                                      /evanescente desvarío.
 Más allá de mis pupilas ¿qué ves
sino el espacio en que soy sólo tu hipótesis?

3
Tan real parece ahora la angustia de no hallarte,
aunque nada evocará esta ausencia
cuando por fin nos encontremos.

 


CICLOS

 


A la tarde cae la lluvia sobre el ardiente roquedal
y escurre entre las piedras hacia la tierra profunda
donde germinan mil semillas.
El bochorno cede ante una noche de relámpagos.
De madrugada brotarán las briznas
que el sol hará mermar al mediodía.
Pocas vivirán cuando vuelva la tarde.
Pero un día el roquedal será suelo fértil
entre las raíces del bosque,
amalgamado su grano con el polvo
de todas las briznas que murieron.
Y luego talarán el bosque,
y la lluvia hará escurrir el suelo hacia los mares
para desnudar otra vez la roca.

 


DISENTIMIENTO

 

¿Soy acaso este paisaje
—porque no el cuerpo—
este camino de asfalto revuelto
donde es tan caro el peaje?
¿O soy errante el recuerdo
de un bregar que agita el pecho
y yendo he sabido, deshecho,
que libre soy y soy cuerdo?
¿O soy un músculo, un fuelle,
agua en las aguas flotando,
una espiga, un pez, un bando
de gaviotas en el muelle?
¿Llevo a la espalda las leyes
del estar, del ser? ¿Soy cuándo:
al amanecer voceando
tras el arado a los bueyes?
En este traje raído
que me cubre, en esta cultura
amarga que transfigura
toda canción en aullido,
¿ladro a las lunas que miro
para elevar mi estatura?
Yo digo que siento y digo
que como yo tú no sientes;
mas las palabras, amigo,
¿se tuercen entre mis dientes
o rebotan en tu oído?

 


REQUIEM, SONETO TRUNCO

 

Tercos los sueños persisten, rota la tarde
en los viejos muros gastados por el viento;
rota el alma sin paz, sin rumbo, sin aliento.
El sol decae tras las olas, el pecho te arde
sin saber si era tu amada amor cobarde,
ala sin aire, sin mar el alba, sin canto:
Música gris de lo imposible y falso encanto.
Es la grey cual luz de ocaso. Son burdo alarde
los comediantes. Solo te vas. Sola parte.
Otro silencio sin fin, nada ser, sólo arte.

 


EL VIAJE DEFINITIVO

 

Y yo me iré. Y se quedarán los perros
aullando,
y se quedará mi calle con su blanca cebra
y su guardián amargo.

Cada noche el vecino tendrá insomnio y somníferos,
y pasarán, como esta noche están pasando,
un filme de suspense.

Se mudarán más niños para el barrio
y los padres harán fiestas cada año,
y en la página inicial de un diario serio y entintado
las noticias errarán, urgentes.

Y yo me iré, y estaré solo, sin diario, sin cebras
blancas, sin guardián amargo,
sin vecinos insomnes somnolientos…..
Y se quedarán los perros aullando.

 


SECRETOS QUE EL PRESENTE IGNORA

 

La vida es un sueño continuo, un momento
                                              /con su ayer y su mañana.
Hay un hilo que se ensarta a través de cada día
y ese hilo soy yo, eres tú, es cada cual.
Hay una red, una inmensa red tejiéndose con esos hilos.
Con dedos que son ángeles trama el tejedor
una figura que cambia sobre la mágica tela.
Ahora aquí, después allá, cada hebra avanza, retorna,
/se parte.
El tejedor las junta, las separa, las anuda, las corta.
 /La figura crece.
Un día alguien mira atrás y ve su historia
arraigando en la historia de los otros,
y un pretérito insondable de hilos ya acabados
yun insondable futuro de hilos aún no vistos.
Sin entender del todo el sentido de sus pasos
cada uno avanza, hace bucles.
Un día ha de acabarse este hilo que soy yo,
mas, ¿por qué pensar que el tejedor no sabe lo que hace?
El tiempo tiene secretos que el presente ignora.

 


AQUÍ DONDE ESTAMOS

 En medio del dolor, de la incertidumbre,
aquí donde estamos siempre ante ti
pero ciegos a ti.
¿Qué podemos hacer sino seguir
aunque sea dando tumbos, heridos, buscando
sin perder la esperanza de encontrarte?

 


DANIEL DÍAZ MANTILLA
(La Habana, 1970). Poeta, narrador, ensayista y editor. Ha publicado numerosos títulos de poesía y narrativa entre los que se destacan Las palmeras domésticas (1996, narrativa), En trance (1997, narrativa), Templos y turbulencias (2004, poesía), Los senderos despiertos(2008, poesía), Regreso a Utopía (2007, narrativa). Ha obtenido varios premios: Calendario, 1996; Abril, 1997; Fundación de la Ciudad de  Matanzas, 2007.

 

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