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La deuda humana pagada por Yunier Riquenes García

Alina Iglesias Regueyra, 25 de abril de 2019

Con frecuencia vemos en muchos filmes la etiqueta que reza “Basado en hechos reales”. Sin embargo, es raro encontrar en un libro escrito para la infancia un detalle similar de manera explícita y casi fiel a los sucesos en cuestión. Y este es uno de los elementos más llamativos de la noveleta que nos presenta el joven escritor granmense Yunier Riquenes García (Jiguaní, 1982) en su libro titulado Historia de amor de una perra de pelea que salió recientemente a la luz en 2016, por la Editorial El Mar y la Montaña de Guantánamo, la más oriental de las provincias cubanas, donde el texto obtuvo el Premio Regino Eladio Boti del año 2015.

El relato se inicia con esta confesión: “Mientras caminaba por una de las calles de Santiago de Cuba, se acercó un joven y me habló de Fiona, la perra de pelea más temida en la ciudad. No sé por qué el muchacho me contó la historia, siguiéndome casi hasta llegar a la casa. Pero se me quedó rechinando en la cabeza (…)”.

Y el autor tenía que transmitirla, no solo por el compromiso ecológico con una línea editorial oficial o por la excelente motivación dramatúrgica que representaba para el público lector infantil y adolescente, sino porque constituye lamentablemente una dolorosa realidad en nuestro entorno actual. Las peleas de perros cobran vidas y laceran la educación de la niñez y la juventud al estimular la crueldad y el ensañamiento con un animal, que a lo largo de milenios ha servido a la especie humana de compañía y de defensa, por lo cual más que nada debemos agradecimiento y no maltrato y agresión. Es el mensaje que durante la lectura nos viene a la mente, pero que en ningún momento se explicita, por la sencilla razón de que Yunier no cuenta su texto como persona, sino encarna dentro de la piel del propio cuadrúpedo, cual testimonio de primera mano para hacernos llegar la visión, primitiva e instintiva, ingenua y sometida, y por momentos injusta o incomprensible a los ojos de un infante, pero que perfectamente imita el punto de vista de los perros abusados.

La escritura es fría, concisa y precisa, con economía de recursos y una gran fuerza puntual en cada frase; el lenguaje, muy directo y sin meandros, como si los canes atestiguaran sus vivencias justo al nivel cerebral que les compete. Reproducen sus reacciones ante lo que escuchan, lo que ven, las órdenes, los gestos, los golpes, las fatigas y los instintos, muchos de ellos dibujados con mano maestra en la dramaturgia, hasta el conmovedor e inesperado final, que en buena medida puede considerarse abierto, aunque la angustia que ello representa ante el supuesto castigo o represalia que al parecer recibirán los animales por su actitud, está mediada por el reto y la valentía que supone asumir el amor ante todo. Sin embargo, esta original perspectiva descarnada solo provoca más impotencia, pena, lástima y dolor ante la injusta venganza que se lleva a cabo por la parte humana, pues el autor apenas da una razón que quizás resulta más que suficiente, pero sólo para entender la paradójica irracionalidad del supuesto desquite de los amos a través de tamaño negocio, al aclarar en una sola línea que la pareja promotora de las trifulcas a cobrar (los dueños, Leonardo y Claudia, seleccionadores y entrenadores de perros, verdaderos antagonistas de la historia) han perdido un hijo en común por causa de los canes. Mas no existen otros detalles que avalen o justifiquen en modo alguno este proceder, que más parece un “pagar justos por pecadores”, si nos motivara alguna identificación psicológica muy personal con aquella excusa, ubicada a un nivel aún más bajo que el pensamiento de un ser irracional como el que cuenta la fábula.  

Desde el plano simbólico o metafórico puede entenderse esta notable obra como una lectura sobre los códigos del poder humano; donde unos pocos al mando, dominantes, vengativos, y en esencia desconocidos por momentos, dictan las reglas y procederes a los cuales el resto del mundo debe someterse de manera irracional y obediente, con la excusa del orden y la disciplina, sin mediar valoraciones ni cuestionamientos, bajo el imperio del miedo, el entrenamiento previo con vistas a la obediencia, a la resistencia (léase “aguante” y no “rebelión”) y a todo tipo de exigencias absurdas que emanan de una posición privilegiada.   
 

La muy cuidadosa labor de edición es de Carelsy Falcón Calzadilla, la composición de Marisol Ojeda Cumbá y la impresión y encuadernación de Marcial López Romero. El diseño y las ilustraciones pertenecen a Hanna Chomenko, quien logra con gracia singular y vivos matices una cubierta brillante y expresiva, y en el interior lleva, a través de las páginas, las huellas de las paticas de los canes protagonistas, en un intento gráfico y simbólico bien logrado de enlazar el final y el comienzo de los 21 capítulos y hacer sentir al lector la presencia física de los cariñosos cuadrúpedos sobre el mismo papel que hojeamos. No en balde, el Instituto Cubano del Libro, de consuno con otras instituciones, ubicaron el presente volumen entre los mejores libros publicados por las 22 editoriales del país, ante la calidad integral de la obra y su competencia dentro de la literatura nacional, así como su mensaje que bien puede funcionar en favor de la cultura y la sociedad no sólo dentro, sino también fuera de las fronteras cubanas. No en balde Historia de amor de una perra de pelea obtuvo el Premio Puertas de Papel en 2017, el mejor y más auténtico de los galardones, según su autor, al ser el concedido por los lectores.

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