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Rubén Rodríguez González: "La ficción es coraza y lanza"

Arleen Alentado Echagarrua, 16 de abril de 2019

El año que nieve, colección de cuentos del periodista y escritor Rubén Rodríguez González, recibió el Premio Alejo Carpentier 2019 en este apartado. Alejado de toda pomposidad, su autor nos regala una decena de cuentos que urden las emociones de hombres y mujeres comunes envueltos en situaciones críticas. Temas universales como el amor, la familia, las estrecheces económicas o las migraciones permean historias que a su paso su recorren diferentes etapas de vida. "Es un libro doloroso, no complaciente, con mucho de vocación testimonial y preocupación estética", así lo define su autor, para quien la escritura deviene una de sus armas más poderosas.

¿Qué lugar le concede a la ficción en su vida profesional?

-La ficción, o fantasía, ha sido desde la infancia tabla de salvación y alternativa lúdica. Entre la ficción y la realidad que la engendra existen vasos comunicantes: la realidad es el terreno fértil del que nacen las ficciones. Contar historias, como fue de pequeño dibujar historias, es mi hobby y mi pasión. Me la paso haciendo cuentos, escuchándolos, escribiéndolos o leyéndolos. La ficción me protege y defiende. Es coraza y lanza. Al igual que el periodismo, es el medio para dejar testimonio de mi tiempo, de la historia contemporánea de la Isla. Últimamente, escribo más literatura que periodismo.

¿Cuánto le aportó el periodismo en el momento de desarrollar esas habilidades narratológicas?

-El periodismo es básicamente narración. Cuando revisas las definiciones de géneros periodísticos, te percatas de que son distintos modos de narrar historias. El llamado periodismo narrativo, como tendencia, apela a técnicas de la literatura de ficción para construir sus textos. Llegué a la carrera de periodismo por vocación literaria, y allí tuve que estudiar intensamente gramática y redacción; realizar análisis de textos y producir otros para el claustro exigente que me tocó en la Universidad de Oriente. Recuerdo que mi primer reportaje me fue devuelto tres veces para que lo rehiciera. El periodismo enseña síntesis, sintaxis y edición; desarrolla tu poder de observación, te dota de técnicas de investigación; te entrena en la escritura diaria con premura, sin esperar por la inspiración, entre otros recursos. Además de la parte vivencial, sociológica, tan importante para el narrador de ficciones.

A la hora de escribir, ¿recurre a experiencias propias o se nutre de  testimonios ajenos?

-Primero, la ficción es básicamente invención. Mis historias, por lo general, las invento. Adoro los diálogos, donde suelo ser varias voces a la vez. Sin embargo, en la recolección de información me nutro de varias fuentes, tanto de lo autobiográfico, como de vivencias ajenas. Este material es tamizado, procesado, reciclado, deconstruído, camuflado y reinterpretado, como esos platos rarillos de la cocina moderna. Algunos argumentos, atmósferas, personajes, emociones, sensaciones… proceden de esa “base de datos”, que proveen la observación, la escucha activa, el estudio de la naturaleza humana. Es imposible construir personajes si no te interesan el hombre y su circunstancia. Debes comprender sus motivos para poder describir su comportamiento y resolver sus conflictos. Tienes que vivir para poder escribir sobre la vida. Nada es sencillo.

Un escritor debe leer; cuando comencé a producir ficciones a los 30 años, tenía “digeridos” cientos de libros desde que aprendí a leer a los cuatro. Uno comienza imitando a sus autores favoritos y agrega elementos diversos tomados de aquí y de allá, en pos del estilo. Para alguien con hábito de lectura, la vocación literaria se encauza con mayor facilidad, porque posee referentes y, empíricamente, puede lograr el desarrollo técnico, a partir de la intuición y el discernimiento.

¿Cuál género considera demanda mayor exigencia o preparación?

-Posiblemente, la novela amerita mayor exigencia, por su extensión, argumento y sistema de personajes, así como el lapso mayor que abarca, por lo general, su narración. En ella se puede ser más verboso, más detallista. El cuento, por su parte, exige síntesis máxima y eso es un reto, pues como se sabe, el exceso de objetos, acciones, personajes o tiempo narrado resta intensidad a la trama. En mis textos para adultos me exijo, además de contar una historia, cierta complicación técnica y mayor complejidad de los personajes. Con la producción destinada a público infantil tengo dos propósitos: uno didáctico, sin ser pedante, y otro lúdico, sin ser banal. En ambos casos, el humor y las técnicas narrativas son mis aliados.

¿Qué significó recibir este Premio, luego de 20 años escribiendo literatura?

-Fue un excelente obsequio en mis cincuenta años; que un jurado al que admiro distinga mis textos es un gran estímulo e impulsa a emprender nuevos proyectos. Lograr este importante premio literario nacional me sirve como reafirmación de un estilo narrativo y confirma la validez de las zonas de la realidad que abordo. También otorga seguridad y confianza en cuanto al ejercicio literario. Significa que las historias recogidas en ese libro resultan verosímiles y conmueven, su principal cometido.