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Don Fernando: durando, amigo, durando

Leonardo Depestre Catony, 02 de abril de 2019

“Durando, amigo, durando”, respondía don Fernando Ortiz a quienes preguntaban por su salud, muy deteriorada. Así hasta que llegó la luctuosa noticia de su fallecimiento, el 10 de abril de 1969, en el centenario de la Constitución mambisa de Guáimaro.

No pretenderemos aquí, a medio siglo de su partida, un esbozo biográfico de quien es considerado el tercer descubridor de Cuba, “en comprometida secuencia con el genovés temerario y Humboldt, el sabio”, como lo definiera el insigne ensayista Juan Marinello. Nos  centraremos pues, en lo que representó y representa la obra de Fernando Ortiz para la cultura cubana.

Las ciencias en su generalidad y las sociales con mayor énfasis, devinieron el campo de investigación de don Fernando. Estudiar, buscar, entresacar, anotar, redactar, publicar los resultados, fueron algunos de los compromisos que se impuso y desarrolló hasta el final de sus días. Si su obra es inmensa, inmensa igualmente fue su laboriosidad.

Hombre fundamental e indispensable en la cultura cubana, exploró, introduciéndose como nadie, ni antes ni después, en los campos de la antropología, el derecho, la etnología, el folclore, la educación, la lexicografía, la historia… en cuanto a la política, le preocupaba la nacional, de la cual participaba críticamente, y estaba al tanto de la internacional.

Publicó mucho, porque su interés fue la divulgación del conocimiento, no su atesoramiento. A diferencia de otros espíritus marcadamente librescos, gustó del trabajo de campo tanto como del trabajo de mesa, de la polémica y del diálogo, del humor y la chanza. Integró el Grupo Minorista, creó revistas e instituciones y su firma figuró siempre en cuanto documento o proclama denunciara la discriminación racial, la injusticia, el atropello de los derechos ciudadanos. En su bufete de la calle Empedrado tuvo como secretarios a Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente. Gracias a su gestión personal, visitaron Cuba intelectuales tan prestigiosos como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, María Zambrano y muchos otros, y entre sus amistades figuraban Francisco Giner de los Ríos, Federico de Onís, Fernando de los Ríos y Bronislaw Malinowsky, quien le prologara su monumental Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco (1940).

Es el creador y propagador de un concepto fundamental, el de la transculturación, porque, y son sus palabras:

(…) entendemos que el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque este no consiste solamente en adquirir una nueva y distinta cultura, que es lo en rigor indicado por la voz inglesa acculturation (...),  en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación, y este vocablo comprende todas las fases de su parábola.

Don Fernando concebía la cubanidad como resultado de un ajiaco étnico. Estas son sus palabras, por cierto, no exentas de humor:

Cuba es un ajiaco... El ajiaco fue el guiso de los indios taínos, como de todos los pueblos primitivos cuando, al pasar de la economía meramente extractiva y nómada a la economía sedentaria y agrícola, aprendieron a cocer los alimentos en cazuelas al fuego... A la cazuela iba todo lo comestible.  La imagen del ajiaco criollo nos simboliza bien la formación del pueblo cubano. Con los blancos de Europa, llegaron los negros de África y estos nos aportaron guineas, plátanos y ñames y su técnica cocinera. Y luego los asiáticos con sus misteriosas especies de Oriente; y los franceses con su ponderación de sabores que amortiguó la causticidad de pimiento salvaje; y los angloamericanos con sus mecánicas domésticas que simplificaron la cocina... Con todo ello se ha hecho nuestro ajiaco nacional.

Nació el 16 de julio de 1881. Casi nueve décadas —87 años— vivió físicamente el sabio polígrafo cubano. Hoy agradecemos cuanto hizo para que los cubanos nos conozcamos todos mejor. Su grandiosa obra permanece vigente, cada día mejor valorada, más profusamente estudiada y comentada, como para confirmar lo que don Fernando solía decir de sí, durando, solo que durando para todos los tiempos, como su memoria.