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De las palabras a la acción: la literatura cubana en el cine

Gabriela Avila Gómez, 24 de marzo de 2019

La tendencia de llevar a la pantalla grande (o a la pequeña) guiones adaptados de libros que han contado con un gran éxito va en aumento. Los seguidores de sagas con un corte fantástico como El Señor de los Anillos ( J.R. R. Tolkien)  y Harry Potter (J.K. Rowling), o de textos basados en hechos reales como Todos los hombres del presidente (Bob Woodward y Carl Bernstein), o Diarios de motocicleta (Ernesto Che Guevara), convierten en un debate constante si la película es fiel al libro, qué le cambiaron o agregaron, y si en realidad vale la pena verla.

Esto no es solo algo que ocurre a nivel mundial, pues en Cuba “la eclosión de películas basadas en obras literarias se acentuó con la creación en 1959, por Alfredo Guevara, del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica, ICAIC, del cual fue fundador y director”.1

Así, al día de hoy, en la Isla encontramos clásicos del cine que en primera instancia solo permitían un acercamiento a través de páginas impresas. Gracias a ello cobraron vida personajes como Juan Quinquín, creado por Samuel Feijóo y que muestra el modo de vida y costumbres del campesinado cubano mediante un toque humorístico; fue gracias a la dirección de Julio García Espinosa que el 12 de febrero de 1968 se estrenó el largometraje Aventuras de Juan Quinquín.

Al referirse a su tercer filme y a su protagonista, García Espinosa confesó:

Tomé ese personaje, que era el de más dimensión épica en esos momentos, y decidí a este personaje mayor situarlo en un género menor, y no hacer de su vida una epopeya como lo que se supone se les reserva a los grandes héroes (…). No sé por qué, siempre he tenido un acercamiento mayor a los fracasados que a los triunfadores. En un mundo en donde triunfar significa acomodarse y no rebelarse jamás, me parecía que lo importante no era hacer la vida de los triunfadores, sino la de los fracasados, quienes algún día serán los verdaderos triunfadores.

La sensual mulata de Cirilo Villaverde, Cecilia Valdés, cobró vida en la piel de Daisy Granados cien años después de la aparición del libro homónimo. Con la guía de Humberto Solá, la novela costumbrista se hizo imagen en movimiento, y a través de la relación incestuosa entre Cecilia y su hermanastro (blanco), Leonardo, mostró los horrores de la esclavitud en la Cuba del siglo XIX.

En la época actual, marcada por la lucha de la igualdad de derechos e inclusión de la comunidad LGBTIQ, no se puede dejar de mencionar Fresa y Chocolate y Fátima o el Parque de la Fraternidad.

La primera de ellas está basada en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz, quien fuera precisamente el encargado de adaptar el guión que fue llevado al cine de manos de la dirección conjunta de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.

Fresa y Chocolate, ambientada en la Cuba de los años ‘70 aborda la amistad que surge entre David y Diego, interpretados por Vladimir Cruz y Jorge Perugorría respectivamente, dos jóvenes con vidas que en aquel momento podían verse como diametralmente opuestas: uno es gay y artista, el otro comunista y universitario. Tanto fue el alcance de este filme, que entre otras muchas distinciones, tuvo una nominación a los Premios Oscar de 1994 por Mejor Película Extranjera.

Mientras tanto, Fátima…, escrita por el destacado intelectual cubano Miguel Barnet y llevada al cine hace apenas unos años –¿casualmente?– por Jorge Perugorría, quien confesó en una ocasión que la idea surgió tras escuchar con un grupo de amigos la grabación de esa historia. La opera prima del actor tuvo en Carlos Enrique Almirante a su Fátima, un homosexual que tras llegar a La Habana comienza en el mundo del travestismo, la vida nocturna y la prostitución.

Son muchísimos otros los ejemplos que se pueden mencionar, como el clásico del teatro cubano Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero, llevado al cine por Juan Carlos Tabío, o Bertillón 166, de José Soler Puig, y renombrado Ciudad en rojo en su versión cinematográfica bajo las riendas de Rebeca Chávez.

Son sesenta años ya los que cumple el ICAIC este 24 de marzo, una institución que a pesar de todo, ha logrado situar al cine cubano en un lugar privilegiado dentro de un contexto tan competitivo y a veces tan arrasador.

1“El cine literario en Cuba”, Fernando Velázquez Medina, en http://www.omni-bus.com/n4/cinecuba.html (consultado el 11 de marzo de 2019)

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