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El nombre de la rosa inspira serie de televisión

Gonzalo Sánchez, 13 de marzo de 2019

El nombre de la Rosa, la célebre novela de Umberto Eco, llega a la televisión pero ahora no solo se limita a aquella lúgubre abadía benedictina, sino que rebasa sus muros para explorar su contexto medieval, en el que también caben las mujeres.

Al igual que en la novela original y su versión cinematográfica de 1986, la serie sigue centrada en una aislada abadía de los Alpes en 1327, en la que se suceden unos crímenes que inevitablemente tienen que ver con su gran biblioteca y el ingente patrimonio que conserva en su interior.

La serie consta de ocho capítulos dirigidos por Giacomo Battiato y serán emitidos en la televisión pública italiana, aunque también llegará a muchos países del mundo, como a Latinoamérica, a través de diferentes canales.

Por esa razón fue rodada en inglés e interpretada por un reparto internacional, entre el que destaca el estadounidense John Turturro, que da vida al sagaz monje franciscano Guillermo de Baskerville, o el alemán Damian Hardung, que encarna al pupilo Adso de Melk.

La introducción de la trama fue aprobada por el propio Eco, fallecido en febrero de 2016 y que cedió los derechos de la obra a la RAI para rodar la serie, y eso permitió al director "salir de la abadía", explicó en la presentación en Roma.

"Nos ha permitido narrar una historia paralela muy fascinante e introducir dos personajes femeninos. Un elemento que Eco sabía que iba a ser desarrollado y que le gustaba. Para que luego no nos digan que en El nombre de la Rosa original no había mujeres", precisó.

La obra sigue mostrando un mundo apocalíptico y tenebroso, marcado por la contraposición entre la razón, por el poder de la Iglesia y, sobre todo, por el celo en la custodia de la cultura y del conocimiento.

La serie, rodada en los Estudios de Cinecittá y en localizaciones de la región de Abruzos y de Umbria, regresa casi 40 años después de la novela y 33 de la película de Jean-Jacques Annaud para seguir intrigando al nuevo público, esta vez desde la pequeña pantalla.

 

Tomado de El espectador