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Dora Alonso, una autora “millonaria”
 

Leonardo Depestre Catony, 08 de marzo de 2019

“Mirta Aguirre afirmaba que cualquiera no puede escribir para niños. Escribirles es un don, así me dijo alguna vez Eliseo Diego, quien estimó mi trabajo. ¿Cuál es la fórmula?, no lo sé. Es como la vocación. Míreme a mí, he creado una obra que ha ayudado un poco, y sin embargo, soy autodidacta. No tuve ni Segunda Enseñanza ni Universidad".

Dora Alonso nació el 22 de diciembre de 1910 y murió un 21 de marzo de 2001. Ni de una fecha ni de la otra se cumplen ahora aniversarios cerrados, pero hemos pensado en ella, estamos pensando en ella, en ocasión del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, porque Dora fue ejemplo en muchos órdenes. Escribió para hacer soñar a los pequeños y no cejó  en el empeño de dejar una obra que si bien no la enriqueció, hizo de ella una autora “millonaria” y ya veremos por qué.   

Dora fue persona sencilla y una de las pocas cosas de las que se preciaba era de ser guajira, porque nació en un pequeño poblado del  municipio de Máximo Gómez, provincia de Matanzas.

Imaginación muy viva sí tuvo desde niña y las letras le dictaron tempranamente el rumbo. Contaría que “a los ocho años envié una cosita para un concurso del Ministerio de Educación y obtuve el premio. Casi todo lo que escribí por entonces era mediocre y valiera o no, lo rompí. Pero desde esa época no paré de escribir”.

La radio y la prensa acogieron sus textos iniciales. En 1940 la autora marchó hacia La Habana, donde la estrechez económica la condujo a realizar no solo trabajos periodísticos, sino además de costura y otras faenas artesanales para sobrevivir. Entonces alguien le habló de escribir libretos para la radio y por ahí mismo encontró Dora una importante válvula de escape.

Escribió para la televisión, acompañada de envidiable éxito, dos novelas que mucho se recuerdan: Sol de Batey y Tierra Brava. Si algo caracterizó el quehacer literario de Dora, amén de su calidad, fue la muy variada gama de perfiles en que se desenvolvió, porque se le puede citar como autora de textos para el teatro —he ahí su comedia La casa de los sueños, Premio Nacional de Teatro en 1959—, de novelas —en 1961 ganó el Premio Casa de las Américas con Tierra inerme—, de cuentos y poemas.

No obstante, fue la producción de noveletas, series de aventuras y poemas para niños y adolescentes los que convirtieron a Dora Alonso en uno de los autores cubanos más leídos. Numerosas ediciones, masivas en algunos casos, así como las traducciones a otros idiomas le confirieron el singular privilegio de ser una “escritora millonaria”, y no por el monto de sus derechos autorales, sino por el número de copias editadas de sus libros, que supera los dos millones de ejemplares.

Aventuras de Guille, publicada en 1964, constituyó su primer gran éxito, al punto que ha tenido varias reediciones. Un segundo gran momento lo tuvo al publicarse El Cochero Azul, compuesto por fábulas y versos, con que capta el interés de los más pequeños. Otro best seller deviene La flauta de chocolate, libro de 70 poemas con excepcional encanto para el lector de corta edad. Y luego llegó El valle de la Pájara Pinta, noveleta que obtuvo el Premio Casa de las Américas de 1980 y es, tal vez, el  libro suyo más viajero, traducido y editado varias veces, conocido aquí y acullá.

Y como de lauros se ha hablado, citemos algunos otros de los  más importantes recibidos por Dora: el de la Crítica Literaria, el Premio Los Zapaticos de Rosa, el Premio  La Rosa Blanca, de la UNEAC, el Nacional de Literatura en 1989, otorgado en reconocimiento a la obra de toda una vida; la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela de Primer Grado, que confiere el Consejo de Estado de la República de Cuba, en 1988. Fue ella, además, merecedora del Premio Internacional de Literatura Infantil José Martí, entregado en 1997 por la Fundación Iberoamericana de Creación Infantil, con sede en Costa Rica.

Vital y fecunda, Dora tuvo un credo muy sencillo que trasmitió a todos: “La vida es hermosa y debemos  vivirla, porque es lo único que realmente tenemos”.

Dora Alonso permanece viva en la memoria de generaciones de adultos, pero como en el fondo nunca dejamos de ser niños, propongo una relectura de sus libros. Si la emprendemos un día como hoy, 8 de marzo, estaremos rindiendo tributo a la gran dama de las letras infanto—juveniles de Cuba. 
 

*Las citas utilizadas en este capítulo se tomaron de la entrevista realizada por Magda Resik Aguirre y publicada bajo el título “Absolutamente guajira”, en Juventud Rebelde el 2 de abril de 2000.
 

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