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Félix Pita Rodríguez, entrando en la leyenda
 

Leonardo Depestre Catony, 25 de febrero de 2019

Quienes lo conocieron personalmente guardan anécdotas que para aquellos que no lo conocimos, son de incalcualbole valor. Porque pasarán los años, y Félix Pita Rodríguez seguirá vivo en la memoria, así hasta que un día pase de la memoria a la leyenda, escalón ya de la eternidad.

Se trató de un bejucaleño ilustre, de un cubano para quien las letras sirvieron de soporte a su incansable hacer en la vida y en la cultura insular.

En él se aunaron las dotes del poeta, del narrador y del periodista, amén de las del conversador infatigable y hombre sencillo. Félix dejó inolvidables recuerdos en cuantos lo trataron.

Don Eliseo Diego, amigo y colega de oficio, lo identificó como "el demonio interior en su propio demonio interior".

Otro recuerdo, bien curioso por cierto, este del poeta y periodista Waldo González López:

“Siempre quise conocerlo in situ porque ya sabía, por la honda lectura de sus cuentos y poemas, de las fábulas tejidas alrededor de su vida y obra: para mí, como para muchos escritores jóvenes de los ‘60 y ‘70, era una asignatura pendiente. Así, un buen día, me decidí: Voy a casa de Félix Pita Rodríguez. Por ello, ya en la primera vez que lo llamé para visitarlo, me dio la pauta de cómo sería de sencilla nuestra amistad.
Llamo a su casa, me sale al teléfono una voz de hombre y le pregunto:
-¿Es Félix Pita, por favor?
Y, con su humor de siempre, me responde:
-Sí, o, mejor, lo que queda de él.
Así era Félix, así se me mostró siempre: el hombre modesto y genuino que solo rechazaba a cierto tipo de persona: el escritorzuelo pedante-tonto que llegaba con el cuello en alto, como buscando la luz y el aire que le faltaban y que nunca tendría”.

Premio Nacional de Literatura en 1985, en cierta ocasión Pita Rodríguez explicó lo que significaba la literatura para él: “Inventar mundos y gentes, armándolos con pedazos de gentes y fragmentos de mundos que conocí o vi, es un deleite sin parangón. Nada me hace más feliz. Aspiro a lograr lo que pedía Martí a la literatura: que sea servicial y fuerte”.

Nacido en la cuna de las famosas charangas, no otra que Bejucal, allí vivió hasta los 11 años, "pero de que dejó huella honda no puede haber dudas, porque esos once años primeros de mi vida, son precisamente los que Rilke citaba como decisivos para el poeta adulto. En mi libro Tarot de la poesía  hay un poema, “El patio de Constanza”, en el que está expresado eso”.

En 1966 viajó a Vietnam y de aquella experiencia desgranó este otro recuerdo: "Oí el estruendo de las bombas fascistas y el retumbar de sus cañones en el Madrid de 1937, y escuché el ulular de las sirenas de alarma en el París de 1939. Y estas bombas norteamericanas son en cierto modo las mismas de España: el estruendo es semejante, y el espíritu que las anima es sin duda el mismo".

Fruto de esta estancia serían Viet Nam, notas de un diario; Niños de Viet Nam (cuentos) y Diario de prisión de Ho Chi Minh, que Pita tradujo de la versión francesa.

Y aunque casi resulta innecesario, recordemos que en sus más de 60 años de ejercicio intelectual, Félix Pita escribió ensayos, crónicas de viajes, novelas radiales, artículos y guiones de cine. Fue, asimismo, de los que consideraba que el periodismo podía contribuir al enriquecimiento del escritor, en oposición a otros criterios en boga.

A 110 años de su natalicio, el 18 febrero 1909, CubaLiteraria se honra en recordarlo en su condición de cubano rellollo, tal como fue.

 

 

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