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No llores porque la vida se acabe

Enrique Pérez Díaz, 28 de enero de 2019


Mi trabajo es cantar todo lo bello,
 encender el entusiasmo por todo lo noble,
admirar y hacer admirar todo lo grande.

José Martí

Cada día, la lectura de un nuevo libro me permite constatar que la literatura, la buena literatura, puede ser un arma poderosa que tienda puentes para cruzar abismos y derrumbe muros y fronteras impensables. Solo la buena literatura consigue ser capaz de cantarle a todo lo bello y hacer que admiremos lo más noble, lo más grande. Alguien como José Martí nos enseñó justamente a eso, a encender el entusiasmo por lo noble y hacer que admiráramos lo ilimitable en verdad.

Pensando en Martí, también deberíamos recordar que la amistad puede ser uno de los sentimientos más completos, genuinos y portentosos que existan. La amistad es una especie sublimada de amor, si no el amor en sí mismo, en su forma cabal y su mejor recinto.

Medito en esto cuando, con el corazón compungido, cierro, con deleite y tristeza, las páginas de un breve, pero contundente libro que ha escrito un gran amigo: Palabras de caramelo, del español Gonzalo Moure Trenor.

Gonzalo es un escritor muy especial. Como pocos que alguna vez hayamos conocido. Desde su natal Asturias, en labor altruista emigra cada año al Sahara. Ha descubierto allí, no un mundo exótico, de pirámides o esfinges misteriosas o leyendas ocultas en palacios semienterrados en las arenas del desierto. Allí ha descubierto la esencia y raíz de un pueblo. Allí viven los saharauis, de quienes Gonzalo es gran amigo y colaborador. Es un pueblo que habita en un destierro de décadas, que arrastra una condena absurda impuesta por la historia y la intolerancia y que pena y sueña por un futuro mejor.

En ese mundo de personas, para quienes una gota de agua es el mayor tesoro —porque el agua es fuente de vida y en donde ella falte, por ende la vida suele ser escasa—, también hay gente que se hace desde las letras un camino hacia la verdad.

Por eso, Gonzalo Moure ha dedicado gran parte de su obra literaria, en especial para los niños y adolescentes, a contar las verdades del pueblo saharaui. Desde hace años, además, favorece como activista por los derechos saharauis los donativos de libros para el proyecto Bubisher, una biblioteca única en el mundo, que se encarga de potenciar la lectura y la alfabetización entre las arenas del desierto. Estas bibliotecas ambulantes se mueven entre las dunas y sobre todo a la niñez le propician el descubrimiento de un mundo más allá de sus fronteras de arena, donde un libro podría parecer un espejismo tan infrecuente como los anhelados oasis.

En Cuba ya conocíamos a Gonzalo Moure a través de la colección Veintiuno de Gente Nueva, que rescata tres de sus relatos más emblemáticos en el volumen Hojas de la Hammada (contiene el del título homónimo, así como “Un río de lágrimas” y “El silbo del dromedario que nunca muere”).

Gonzalo Maure Trenor (España, 1951) fue periodista y desde hace dos décadas escribe lo que él denomina “libros sobre los niños” y no “libros para niños''. Ha recibido premios por obras tan significativas como Lílí, libertad (El Barco de Vapor), El síndrome de Mozart (Gran Angular), Maito pan duro (Ala Delta), El bostezo del puma (Jaén) y En un bosque de hoja caduca (Anaya-Primavera).

La Editorial Sed de belleza nos regala ahora con otro de los libros que significan un paradigma en la obra de Gonzalo, ya publicado en España por el sello Edelvives, Palabras de caramelo, que llega con edición de Déborah García y diseño e ilustraciones de Héctor Gutiérrez. Esta tierna historia cuenta de la amistad entre un niño y un camello…

Kori, a sus 8 años ha descubierto que el mundo significa un duro aprendizaje, no solo para la supervivencia en un medio hostil, sino en el desafío de comunicarse con  los demás.

Kori es un niño mudo en quien el pequeño camello Caramelo encuentra al amigo ideal, un amigo que le mira con sus ojos soñadores y siempre asiente, que le enseña palabras misteriosas que únicamente ellos, en ese lenguaje tácito de la amistad, son capaces de compartir y cosechar.

Pero muy pronto Kori aprenderá que la vida es dura, a veces incomprensible y sobre todo, cruel para los grandes amigos que se aman de verdad.

El desierto tiene leyes inviolables. Al ser un medio hostil, incumplir una ley significa la muerte de la especie. Por eso Caramelo pierde muy joven su derecho a la vida.

Pese a su rudeza, la historia es de una poética hermosa, cautivadora y plástica, pues a cada trazo, Gonzalo nos acerca a un desenlace que —no por previsible— deja de ser sobrecogedor.

Paso a paso avanzamos junto a Kori en su camino hacia la aceptación de una cruel e inevitable realidad. Sin embargo, no siempre, con la muerte, la vida termina. Eso parece decirle el camello a su gran amigo, su mejor amigo, su único amigo en esta vida, justo antes de su postrer adiós. Sus ojos le contemplan mientras la vida se aleja, al galope, desierto adentro, entre las dunas y el misterio de una cultura que se pierde en los orígenes de la civilización.

Kori crece, humana y espiritualmente, hacia afuera y hacia su interior. Aprende las palabras de los hombres y las palabras del corazón. Es un gran poeta. Escribe. Lee sus versos que, como antes hiciera Caramelo, se pasean libres y soñadores entre las dunas milenarias, bajo el sol ardiente o en las gélidas noches de luna.

Por una eternidad, mientras una sombra pequeña, la juguetona sombra de un camello, se aleje entre las dunas, nos imaginaremos a Gonzalo Moure, hombre blanco barbado y de hablar mesurado, viajando desierto adentro hacia lo mejor del sentimiento de una cultura que nadie como él nos hace amar y entender. Sus negros ojos parecen repetirnos el mensaje de esperanza, de futuro y de amor que en el potro de los sacrificios Caramelo legara a su gran amigo y que hoy yo les repito aun emocionado, porque es bueno compartir con los amigos el más auténtico canto a la amistad:

No llores porque la vida se acabe,
piensa que hemos vivido…
Yo lo acepto,
me voy con tu recuerdo
a los pastos del cielo…
Y mientras tú vivas,
yo siempre estaré contigo.
Tú aun no lo entiendes,
pero cuando la noche te alcance
lo entenderás también,
pequeño Kori, mi único amigo…

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