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Andrés Núñez Olano, el poeta de los versos dispersos

Leonardo Depestre Catony, 21 de diciembre de 2018

Por una época —nos referimos a los años 20 del pasado siglo— en que las tertulias literarias del siglo XIX al estilo de las de los mecenas Domingo del Monte y Nicolás Azcárate habían quedado ya atrás, pero aún no les había llegado su hora a los talleres literarios, frutos de la Revolución, los intelectuales jóvenes y de avanzada, así como algunos otros mayores aunque entusiastas seguidores de la corrientes de vanguardia, se reunían en cafés y restoranes de modesta alcurnia donde podían pasar horas debatiendo asuntos de literatura (con política intercalada), sin que el dueño del establecimiento les pusiera mala cara por hablar tanto y consumir tan poco.

Uno de aquellos cafés fue el Martí, en Centro Habana, donde alrededor de Andrés Núñez Olano, Rubén Martínez Villena y Enrique Serpa, sus organizadores, otros entonces muy jóvenes intelectuales, entre ellos Juan Marinello y Regino Pedroso, solían concurrir. Los nombres citados bastan para corroborarnos que se trataba de una representación de la crema y nata de la intelectualidad nacional que muy poco después integraría el Grupo Minorista.

Presentado ya nuestro protagonista, pasemos a dar algunos detalles sobre su vida y obra. En primer lugar, muy poco se ha escrito, y menos aún se ha recordado a Andrés Núñez Olano. Bien conocido en su momento, el escritor nunca se tomó la molestia de publicar un libro siquiera, por lo que la totalidad de su obra quedó en publicaciones periódicas hoy día carcomidas por las polillas, amarillentas por el tiempo y polvorientas en grado sumo. ¿Quién se atreve pues a estas alturas a reunir sus poemas y redactar una introducción que rescate la memoria de Núñez Olano? Sin embargo, valdría la pena intentarlo… y el autor lo merece.

Aun así, tres relevantes antologías cubanas incluyen ejemplos de la obra posmoderna de Núñez Olano, son estas: La poesía lírica en Cuba, de 1928, preparada por José Manuel Carbonell; La poesía moderna en Cuba (1882-1925), por Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro, de 1926; y Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952), por Cintio Vitier, 1952. Núñez Olano fue, a su vez, prologuista de la selección Un nombre y otras prosas, de 1940, centrada en Rubén Martínez Villena.

Virtuoso del soneto, es autor del poema titulado “El recuerdo inefable”, muy favorablemente acogido por la crítica, que compartimos con los lectores de hoy:

Su voz era una trémula frescura de agua clara;
caricia de la seda sobre el huso dormido;
perfume de quién sabe qué virtual rosa rara,
maravilla secreta de cuál huerto escondido.

Sin embargo, fue siempre de palabras avara.
Su sonrisa alfombraba los caminos del ruido,
y era como si en ellos la voz se le extraviara,
abolida o distante la virtud del sonido.

Alguna vez, no obstante, alguna vez hablaba…
(No, no es así: no hablaba; más bien soliloquiaba.)
Decía cosas vagas, sin principio ni fin,

musicales, etéreas, sencillísimas –cosas…
Entonces, como un niño que va a mirar las rosas,
yo entraba en su palabra tal como en un jardín.


Núñez Olano nació en Unión de Reyes, Matanzas, el 23 de mayo de 1900; en la capital provincial hizo los estudios de bachillerato y en la Universidad de La Habana matriculó la carrera de Derecho, solo hasta convencerse de que las leyes no eran su vocación, sino la literatura y más exactamente al periodismo y a la poesía. Lector ávido, nutrió su cultura de conocimientos muy vastos en el perfil de la historia y las humanidades.

Además de la poesía, escribió crítica literaria, teatral y de cine. En coautoría con Guillermo Martínez Márquez escribió el libreto de la zarzuela Las naciones del golfo, con apreciable éxito de público, y figuró entre los miembros fundadores del Grupo Minorista en 1923.

El currículo periodístico de Andrés Núñez Olano es notable. Echemos un vistazo: fue jefe de redacción de los diarios Ahora y La Discusión y de los semanarios Bohemia y Carteles. Trabajó como redactor y traductor para El Fígaro, Social, Chic, Revista de Avance y de los diarios El Sol y El Mundo, en este último también dirigió el rotograbado dominical.

Se le confirió el Premio Enrique José Varona y recibió el certificado de aptitud periodística expedido por la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, en la cual ejerció como profesor, al igual que en la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana.

Sus últimos años trabajó para la Agencia de Noticias Latinoamericana Prensa Latina y se mantuvo colaborando en publicaciones nacionales.

A 50 años de la muerte de Andrés Núñez Olano, el  21 de diciembre de 1968, la mala memoria amenaza tender su manto de polvo y olvido sobre la obra y la vida de un intelectual que cometió el gran descuido de no reunir sus versos en un libro.

Foto tomada de Ecured