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Rómulo Gallegos, el presidente escritor en La Habana

Leonardo Depestre Catony, 05 de diciembre de 2018

Es muy probable que setenta años atrás el nombre de Rómulo Gallegos (Caracas, 2/8/1884- Caracas, 5/4/1969) fuera más conocido para los cubanos de lo que es hoy día. Se trataba de uno de los autores más leídos de la lengua española, del creador de la novela Doña Bárbara y del presidente constitucional de Venezuela, elegido por votación popular. De su condición de escritor baste con decir que estuvo propuesto al Premio Nobel de Literatura y aunque nunca se le confirió puede ser esta una razón más para afirmar que la Academia Sueca de los Nobel nunca ha sido muy “generosa” con los autores de habla hispana.

Por ello, cuando la aeronave pidió autorización de aterrizaje a la torre de control de  Rancho Boyeros, se estableció  la comunicación y el piloto informó, reinó una verdadera sorpresa y júbilo en el aeropuerto.

Los pasajeros de la aeronave eran el presidente constitucional de Venezuela Rómulo Gallegos, derrocado días atrás, y su familia. Nadie los aguardaba. Los relojes marcaban alrededor de las 10 de la mañana del 5 de diciembre de 1948.

El Presidente, así se le seguía llamando, se hospedó en el Hotel Nacio¬nal. Pero más de un amigo cubano –tenía muchos en la Isla− conocedor de la irreprochable honestidad del mandatario-escritor le ofreció alojamiento en su casa, y él declaró con admirable modestia: "Debo pensar en eso porque apenas tengo dinero para aguantar en este hotel unos días...”.

Los homenajes se sucedieron uno tras otro. El lunes 6 de diciembre el Ayuntamiento de La Habana lo declaró por unanimidad Huésped de Honor de la Ciudad. Los diarios reseñaban sus declaraciones. El presidente cubano, doctor Carlos Prío Socarrás, quien recién había asumido la primera magistratura de la nación, lo recibió en la sede del gobierno.

En el Parque Central numerosas personalidades de la cultura y de la política le rindieron impresionante tributo en el que hablaron, entre otros —y además del estadista desterrado—, Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Juan Marinello, Manuel Márquez Sterling, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsenring y Manuel Bisbé.

El sabio polígrafo cubano don Fernando Ortiz, exclamaba públicamente:

¡Rómulo Gallegos, hijo espiritual de Simón Bolívar! Cuba os admira y está con vos, no solo por lo insigne de vuestra personalidad intelectual, ética y cívica, ni por ser el presidente de la fraterna nación venezolana, sino también porque sois el símbolo vivo de la democracia atropellada por la fuerza incivil.

En otra demostración de simpatía, más de 30 000 aficiona¬dos presentes en el Gran Stadium del Cerro (hoy Estadio Latinoamericano) tributaron de pie una cerrada ovación al conocer la presencia del exmandatario en la instalación y la Federación de Estudiantes Universitarios lo declaró Huésped de Honor del Estudiantado y de la Juventud Cubana.

Tales fueron algunos de los homenajes rendidos a Rómulo Gallegos en Cuba, donde se publicaron sus Obras completas en 1949, y donde colaboró con asiduidad en la revista Bohemia. Escribió además una novela, La brizna de paja en el viento, donde aborda el asunto del gansterismo en Cuba. El citado libro quebraba el silencio narrativo del autor luego de un marcado alejamiento debido a su quehacer político.

Gallegos tuvo un exilio largo, compartido principalmente entre Cuba y México, y no volvió a su patria hasta 1958, a la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez.

Se trató de un escritor dotado de fuerza narrativa, imbuido del tema americano, de lo autóctono y los dramas humanos. No solo Doña Bárbara (1929) alcanzó gran éxito, Reinaldo Solar (1930), Cantaclaro (1934) y Canaima (1935), todas novelas, afianzaron el renombre de uno de los escritores latinoamericanos más leídos. Varias universidades le confirieron doctorados Honoris Causa. En el caso de Doña Bárbara, un clásico con numerosísimas ediciones, se ha llevado a la televisión, a las telenovelas y al cine en más de una ocasión, sin por ello dejar de ser un best seller.

Gallegos murió en 1969, a los 85 años. En 1972 se fundó el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

Una tarja colocada en el edificio marcado con el número 316 en la esquina de la calle 38 y Quinta Avenida, en Miramar, recuerda al peatón que allí vivió, durante su exilio en Cuba, el insigne escritor Rómulo Gallegos.

Foto tomada de Ecured